La Venus de Milo y la escultura helenística

Análisis detallado de los principales rasgos que distinguen a la escultura griega del periodo helenístico, con atención a algunas de las obras maestras más paradigmáticas de este estilo



Frente al periodo clásico en el que los artistas consagraron su arte exclusivamente a la representación de la belleza de los dioses, el helenismo introdujo nuevas innovaciones temáticas como los hermafroditas que juegan con la perspectiva causando sorpresa.


El mismo hecho de que debamos rodear la estatua para descubrir su verdadera naturaleza hace que comprendamos la absoluta pérdida del principio de frontalidad del clasicismo. Uno de los más famosos es este hermafrodita dormido del museo nacional de Roma muy apreciado por Velázquez. De hecho, el único desnudo pintado por Velázquez, su Venus del espejo, está vista desde el mismo ángulo.



 

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Pero…. en su sorpresa, el hermafrodita se mantiene dentro de las líneas del clasicismo, y su autor es un claro seguidor de Praxíteles.


Ejemplo de la ruptura absoluta y de los contrastes que convivían en el helenismo es este gigantesco Fauno de Barberini que también duerme sobre una piedra con una piel de pantera como colchón. En pleno campo con toda su animalidad y en una postura inconcebible para la elegancia ática, muestra una brutalidad contenida muy característica y propia del helenismo.

En su rostro parece ocultarse la razón de Atenas y en su cuerpo toda la brutalidad del macedonio Alejandro que sometió por la violencia a la mitad del mundo conocido.


A la escuela de Pérgamo, de cuyos cinceles salió el gran altar que hemos estudiado, pertenece otro insigne conjunto: las estatuas de los gálatas del monumento que Átalo I levantó para conmemorar su guerra con ellos en el 228 a.C.


Estas estatuas forman parte de un gran conjunto que decoraba una plaza en cuyo centro estaba la célebre estatua del galo suicida. Se trata del líder de la horda bárbara que sostiene con la mano izquierda el cuerpo inerte de su mujer a quien ha matado para evitarle la esclavitud mientras él mismo se clava la espada en lo alto del pecho, directa al corazón.

La segunda estatua que conforma el conjunto es el galo moribundo que con una herida sangrante a la derecha del pecho se resiste todavía a caer en una escena de dolor, de derrota, del muerte jamás concebida en el periodo clásico.

A este mismo grupo y escuela pertenece otra obra insigne que representa a Marsias. El tramposo sátiro Marsias que conocimos al principio del curso. Aquel que desafió a Apolo en un concurso musical después de haber robado la flauta aulós de Atenea.

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