Templo griego

Actualizado: 29 de abr de 2019

Estudio del surgimiento de los templos en la Grecia Antigua y sus fundamentales rasgos distintivos





LOS PRIMEROS PASOS HACIA EL TEMPLO GRIEGO



Ni en los yacimientos minoicos de Creta ni entre los restos de las fortalezas amuralladas micénicas de Trininto, Micenas o Argos los arqueólogos han sido capaces de identificar zonas de culto o templos. Algunas salas de sus palacios como los megaron han sido señaladas como posibles candidatos dada la aparición en ella de figuras oferentes, pero se trata de meras hipótesis que no ofrecen una evidencia suficiente como para hablar de estructuras religiosas.


Todos los restos arquitectónicos hallados por Arthur Evans, Heinrich Schliemann y sus sucesores eran de tipo civil hecho que nos lleva a considerar la posibilidad de que sus ceremonias religiosas se celebraran al aire libre y precisamente eso parecían confirmar los santuarios naturales de las cuevas, colinas y grietas en las que se han encontrado las estatuillas de terracota fracturada que ya hemos estudiado.



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Así, con el renacer de la cultura en el Egeo a partir del siglo VIII antes de nuestra, era el templo no sólo se trasladará desde el campo hasta ocupar un lugar central en las ciudades estado sino que se convertirá en la muestra más magnífica de la pericia artística de sus constructores.




¿QUÉ ERA EL TEMPLO GRIEGO?



A la hora de estudiar el pasado resulta imprescindible, obligatorio, limitar nuestra tendencia al anacronismo y evitar, en la medida de lo posible, proyectar nuestras concepciones actuales sobre otras civilizaciones separadas por nosotros cronológica o geográficamente.


Si bien hemos heredado un amplio legado, conformado por numerosas ideas y formas de comprender el mundo propiamente griegas, este pueblo, alejado más de dos milenios y medio de nosotros, desarrolló una cultura extremadamente distinta a la nuestra que ha pasado por el tamiz de mil años romanos y otros mil medievales en el que las religiones orientales, entre las que el cristianismo, con sus propias reglas y cosmovisión transformaron radicalmente el discurso que subyace a nuestra mentalidad, seamos o no a nivel práctico creyentes en ellas.

Así, lo que nosotros entendemos hoy en día como un templo, una iglesia o un lugar de culto en verdad difiere mucho de lo que entendían los griegos para quienes que lo divino, lo sacro no se aglutinaba en una sola entidad sino que estaba derramado, diseminado prácticamente por todo lo existente.


Los dioses, múltiples y antropomorfos tanto en su carne como en sus emociones y raciocinios, representaban diversos aspectos de la esencia humana y de la naturaleza natural a modo de núcleos que, al aglutinar aspectos determinados de una misma realidad compleja, podría ser adorada generando con ello un cierto orden en el caos.


Es decir, la compleja psicología humana y los misteriosos mecanismos que animan lo físico hallaban cierta claridad y sentido en el irascible carácter de Poseidón que agitaba las olas del mar o los castigos para imponer la justicia que Zeus ejecutaba por medio de su poderoso rayo.

El templo, era así el hogar terrenal de un dios, o mejor dicho, de la estatua de un dios ya que se trataba de un objeto puramente conmemorativo aunque dotado de una gran dignidad y respeto.


Los fieles, los creyentes en el panteón mitológico olímpico jamás se reunían en asamblea en el interior del templo. Todas las ceremonias, cuyo centro principal era el sacrifico ritual de animales, se realizaba en el exterior en torno a un conjunto de altares en los cuales se quemaban posteriormente los restos del animal inmolado ya que el alimento que satisfacía y aplacaba la ira de sus dioses era precisamente el humo. Si dichos ritos se hubiesen hecho en el interior, el tejado del templo habría impedido que las ofrendas humanas llegaran hasta el Olimpo para embriagar, un día más, la furia, los celos y los caprichos de unos dioses esquivos a la vez que omnipresentes en cada virtud y defecto humanos, en cada proceso natural.



Los templos griegos tenían también una estrecha vinculación con la política ya que en ellos se santificaban las leyes y los tratados que habrían de regular la vida en comunidad y se escuchaba a los oráculos los cuales, como bien sabemos, podían determinar el rumbo absoluto de una guerra y la conveniencia de la paz.

Los únicos que jamás se acercaban a los templos eran los muertos. Sus ceremonias de cremación jamás se llevaban a cabo dentro de los muros de la ciudad y los cementerios, siempre extramuros, eran los lugares en los cuales se realizaban los rituales específicos dedicados a los dioses y divinidades de ultratumba. La muerte era algo indeseable, desagradable y funesto, algo con lo que no había que convivir para la sociedad griega.

En lo que hace a los rasgos constructivos, los templos más antiguos, de los cuales apenas nos han llegado algunos pocos restos no tenían absolutamente nada que ver con lo que nos viene a la mente cuando pensamos en un majestuoso templo griego.

Gracias a la conservación de un pequeño exvoto de terracota dedicado al culto, hemos podido conocer la forma de Heraion de Argos, es decir, del templo consagrado a Hera en la ciudad de Argos del siglo VIII a.X.

Como podéis observar se trataba una muy pequeña y muy modesta edificación realizada en adobe y madera a dos aguas, con dos columnas frontales. Estos materiales y esta humilde sencillez serán abandonados paulatinamente hasta dejar paso al fulgor y la belleza del blanco mármol, la pintura y el marfil.



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