El oráculo de Delfos

Exposición de la visión mitológica griega en torno a la fundación del Oráculo de Delfos y análisis de su importancia para el pensamiento y la cultura occidental


Hoy olvidado entre las sombras del pasado, desconocido o reducido a una mera curiosidad histórica, el Oráculo de Delfos fue para la Antigüedad uno de los centros más importantes de culto de todo el mundo conocido.


Situado a los pies del Monte Parnaso y consagrado al culto del dios Apolo - el dios de la luz y la verdad- hunde sus raíces fundacionales en un mito, aquel que enfrentó a Apolo con la temible serpiente Pitón.



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Según cuentan los antiguos escritores, Zeus tras seducir a Leto la dejó embarazada, y ésta huyendo de la celosa Hera -esposa y hermana de Zeus- buscó un lugar seguro para dar a luz.

El lugar elegido fue la isla de Delios, donde nacieron los gemelos Apolo y Artemisa. La fecha del nacimiento del gran Apolo quedó para los griegos, como veremos más adelante, fijada como el día propicio para la adivinación. Nacido de Leto (el olvido) y Zeus (el conocimiento perfecto), Apolo estaba llamado a ser aquel que desvelara a los hombres lo desconocido, lo olvidado y lo ignorado.


A los pies del Monte Parnaso muy cerca de Delfos vivía una enorme y monstruosa serpiente, hija de Gea.


Sin embargo, para desgracia de la serpiente Pitón, fue precisamente en las faldas de este monte donde Zeus encomendó a Apolo establecer su oráculo quien, para tomar posesión del lugar, mató antes a la monstruosa serpiente con una de sus flechas arrojando después su cuerpo sin vida a una grieta de la montaña.


El historiador Diodoro Sículo nos narra en que


“pasado un tiempo, unas cabras que pastaban cerca del Monte Parnaso descubrieron la grieta. Cada vez que se acercaban y miraban en ella brincaban y balaban en un modo fuera de lo normal. El pastor, asombrado por lo que veía, se aproximó a la grieta para echar un vistazo.

Quedó presa del mismo fenómeno pero además adquirió un segundo don difícilmente comprobable en el caso de las cabras: tras mirar por la oscura grieta, el pastor podía ver el futuro."


Poco después la noticia de lo ocurrido se difundió entre todos los campesinos de la región que comenzaron a acudir en masa al lugar para comprobar si lo ocurrido era verdad. Efectivamente, cada persona que se acercaba a la grieta entraba en aquel estado de éxtasis. De modo que el lugar pasó a ser tenido por una tierra milagrosa capaz de predecir el futuro y su fama se hizo cada vez mayor.


Pero como muchos de los peregrinos se tiraban por la grieta en pleno éxtasis, incapaces de controlar los espasmos del cuerpo, decidieron elegir una mujer para que se encargara de sufrir los efectos del éxtasis sagrado, la célebre pitona o pitonisa de Delfos que subida a un trípode aspiraba los vapores que manaban de la grieta y, profiriendo gritos y chillidos, transmitía las palabras del dios.



Apenas salido de los brazos de tu madre querida,

ya eres el amo del oráculo divino, ya te sientas en el trípode de oro,

en el trono de la verdad, dispensando tus oráculos a los mortales,

desde el fondo del santuario profético

cercano a las ondas de Castañia “

(Eur. Ifigenia en Taúride, 1249-ss)




Delfos terminó por convertirse en uno de los más importantes centros de peregrinación de la Antigüedad manteniendo su vigencia no sólo entre los griegos sino durante gran parte de la civilización romana hasta la llegada del cristianismo.


LOS ORÁCULOS Y LA ADIVINACIÓN EN LA ANTIGÜEDAD



La adivinación del futuro, realizada en Delfos por mediación de la serpiente pitón y su sacerdotisa, tuvo un papel capital en la Antigüedad griega, periodo durante el cual esta civilización consideraba capital las ceremonias de comunicación y vinculación entre los dioses olímpicos y los mortales.


Los consejos y advertencias ofrecidas por los oráculos -junto a las otras numerosas técnicas adivinatorias griegas- eran respetadas de forma absoluta y tomadas en cuenta a la hora de tomar importantes decisiones que comprometían el futuro de toda la comunidad.




La ceremonia y el ritual de consulta


Las consultas al Oráculo de Delfos se realizaban solamente una vez al mes, el día siete del calendario griego, momento en el que se celebrara el aniversario del dios Apolo cuya voz era, en verdad, la que revelaba el futuro.



Los peregrinos debían realizar en primer lugar el pago de una tasa a los sacerdotes y desoves proceder al sacrificio de una cabra (recordemos que fueron las cabras las primeras en descubrir el potencial sagrado de la grieta.)

Tras ser sacrificado, el animal se rociaba con agua y si temblaba o se estremecía al contacto con el líquido, los sacerdotes interpretaban que Apolo estaba dispuesto a responder. De lo contrario, había que esperar hasta el mes siguiente.



Antes de entrar al templo de Apolo, los peregrinos se bañaban en el agua cristalina de la fuente Castalia y después ofrecían sacrificios en el gran altar que estaba ante el santuario y se dirigían después hacia el templo propiamente dicho por la Vía Sacra.


¿Qué se preguntaba al Oráculo de Delfos?


Los miedos, aspiraciones, deseos y esperanzas de los seres humanos han sido las mismas a lo largo de los siglos, de ahí, que las preguntas de los peregrinos eran tan variadas pero tan previsibles como las que hoy nosotros podríamos hacer.


Las personas que llegaban a Delfos, al igual que ocurre en los santuarios y lugares de cultos actuales, estaban preocupados por su salud, negocios, dinero, familia o amor y era normalmente respecto a estas cuestiones sobre las que se hacían preguntas.


No obstante, cosas más serias también eran consultadas, no ya por los individuos, sino por los propios Estados griegos al Oráculo, tales como lo adecuado o no de declarar la guerra a un enemigo, fundar una nueva colonia o aprobar una determinada medida.


Era frecuente acudir en momentos de grandes desgracias y epidemias para saber en qué se había ofendido a los dioses y cuál era el medio de reparar la ofensa.  Según el poder económico de cada uno, se daban ofrendas y se entregaban regalos en agradecimiento, con lo que el oráculo llegó a acumular una inmensa riqueza.


¿Qué contestaba el Oráculo?


Si bien los fieles se esforzaban por cumplir a la perfección los rituales que les garantizarían la respuesta de Apolo, lo cierto es que sus palabras, pronunciadas por la Pitonisa no llegaban con ninguna claridad a sus destinatarios.

La pitia hablaba de forma incoherente, con gritos y chillidos sumida en su éxtasis. Eran los sacerdotes del templo los que interpretaban sus articulaciones que después escribían en verso y entregaban a los peregrinos.


Los sacerdotes siempre se cuidaban de que las respuestas fueran lo suficientemente ambiguas y abiertas como para ampliar varias interpretaciones hecho que garantizaba que si fallaban era culpa de una mala interpretación y no de una equívoca predicción.



Creso último rey de Libia consultó al Oráculo para saber si seria favorable atacar a los persas, la respuesta del Oráculo fue que 2si cruzaba el Rio Halys un gran Imperio seria destruido", creyendo que seria el imperio persa, el rey atacó y efectivamente un imperio fue destruido, pero fue el suyo puesto que los persas invadieron el territorio.



Edipo y el destino inexorable del Oráculo



Sófocles cuenta en Edipo Rey como el Oráculo de Delfos vaticino que Edipo asesinaría a su padre y se casaría con su madre pese a que ellos quisieron evitarlo e incluso mandando matar al primero de sus hijos.


"YOCASTA -Llegó un día a Layo un oráculo -no diré del propio Apolo sino de sus sirvientes- de que habría de ser su destino el de ser su destino morir a manos del hijo que naciera de él y de mi. Pero Layo, según se dice, le mataron un día unos ladrones en una triple encrucijada. Y en cuanto al niño, apenas habían transcurrido tres días de su nacimiento, vcuando aquí, tras atarle las articulaciones de los pies, le arrojó por manos dentro a un monte inaccesible. En este caso Apolo no hizo cumplirse que llegar a el hijo a ser el asesiono de sus adre ni que tampoco muriera Lqyo, según temía, a manos de su hijo. "


Esto no fue suficiente pues la persona a la que se le ordeno no cumplió este veredicto y el niño, Edipo, sobreivió para dar complemento al Oráculo, pues con los años terminó matando a su padre y desposándose con su madre.


EDIPO- (...) a escondidas de mi padre y de mi madre me encaminé a Pitón (Delfos). Apolo me despachó sin dignarse a responderme sobre lo que hasta allí me había llevado, pero me anunció otras desgracias, terribles y lamentables. que habría de unirme a mi madre, traer al mundo una descendencia cuya vista sería insoportable a los ojos de los hombres y convertirme en el asesino del padre que me engendró. "


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