Guerra de Troya

Exposición detallada de lo sucedido en la Guerra de Troya tal y como ésta fue relatada por Homero en la Ilíada acompañada por un estudio de su descubrimiento arqueológico en el siglo XIX por Heinrich Schliemann





HEINRICH SCHLIEMANN Y EL DESCUBRIMIENTO DE TROYA




La ciudad de Troya fue descubierta y traída de nuevo a la memoria de occidente por la estrella de la arqueología que tanto admiraba Arthur Evans, el estridente, romántico y muy imaginativo explorador prusiano Heinrich Schliemann.

Tal como el propio Schlimann relata en sus memorias, a la temprana edad de 7 años su padre le regaló un libro ilustrado de historia para niños en el que aparecía un precioso grabado que representaba el incendio de la ciudad de la mitológica Troya de Homero.


El joven Schimann, completamente admirado por los relatos de Homero, preguntó a su padre por los héroes, los dioses y las grandes aventuras narradas en los versos griegos, por el hogar de Príamo y la bella Helena, pero éste le advirtió que de eran meras leyendas y que ninguno de esos lugares había existido realmente. Fue entonces, con sólo siete años, cuando Schlimann – según él mismo nos cuenta- le dijo a su padre que sería él quien descubriría Troya.




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A pesar de haber nacido en una familia humilde, Schliemann consiguió despuntar y tras amasar una inmensa fortuna debido a su enorme talento como economista; y dotado además de una brillante capacidad intelectual que le permitió dominar a la perfección más de siete idiomas y devorar los libros de historia antiguas, Schlimann comenzó realizar y dirigir excavaciones a partir de 1870 descubriendo, entre muchos otros sitios, primero Troya y después Micenas.




EN BUSCA DE TROYA



A principios del silgo XIX, cuando la nueva ciencia arqueológica comenzaba a dar sus primeros pasos, un aluvión de descubrimientos pertenecientes a todas las grandes civilizaciones antiguas comenzaron a inundar los periódicos y la imaginación de los europeos.

No obstante, para la mayoría de los eruditos, Troya o como fue llamada por Homero en la Ilíada, Iliónno era más que una mera leyenda formada en el imaginario colectivo oral de los griegos y puesta por escrito con el paso de los siglos por un probablemente inventado poeta llamado Homero. Troya era sólo un fantasma, una mera alegoría poética usada por los griegos para justificar sus raíces fundacionales.




LA GUERRA DE TROYA



Según relatan los hexámetros dactílicos de la Iliíada, la ciudad de Troya fue escenario de una temible guerra entre sus habitantes, los troyanos gobernados por Príamo y una liga formada por los griegos y capitaneada por los aqueos, provocada por el rapto de la bella Helena por parte del príncipe troyano Paris. Helena la esposa de Menelao que era, nada menos, que el rey de Esparta.

Esta ruptura absoluta de las normas y los tabúes ancestrales del matrimonio no fue, sin embargo, culpa de Paris sino el resultado de la rivalidad entre tres de las principales diosas olímpicas: Afrodita, Hera y Atenea que, queriendo dirimir quién era de las tres la más bella, eligieron al joven e inocente Paris como juez imparcial.

Haciendo trampas, como era propio de los dioses griegos, ninguna de ellas dejó al joven deliberar con libertad sino que se le aparecieron en secreto ofreciéndole cada una un don distinto.

Hera le ofreció a Paris el control de Asia, Atenea la inteligencia y la victoria en todas las batallas y Afrodita el amor de mujer más bella de la tierra que, para desgracia de todos, era Helena.

La grandísima ofensa al rey de Esparta fue respondida por el asedio de los griegos, comandados por Agamenón hijo de Atreo, y rey de Micenas que, a punto estuvo de hundir sus propios propósitos al arrebatarle a Aquiles, el héroe indiscutible de toda la epopeya a su esclava troyana Briseida.

A modo de venganza, por la impertinencia de Agamenón Aquiles decidió retirar sus tropas de mirmidones y el bando griego comenzó a ser claramente vencido por los troyanos.

En este momento, Patrocolo, primo ode Aquiles decidió ayudar a los griegos poniéndose las armaduras de Aquiles que aterrarían a los troyanos y entrar en batalla, con tal mala suerte que acabó luchando con el príncipe Héctor, hijo de Príamo que muy pronto le mató.

Cuando Aquiles se entera de la muerte decide volver a la batala para vengarse de los troyanos que no querían devolverle el cuerpo de Patroclo y matar a Héctor. Aquiles consigue su propósito y decide atar el cadáver de Héctor a su carro y arrastrarlo por la playa.






Desolado el rey Príamo baja a la playa de Troya, al campamento de los aqueos para suplicarle a Aquiles que le devuelva el cadáver de su hijo y así poder enterrarlo en paz. Ante tal acto paternal y sentimental, Aquiles decide darle al rey troyano lo que pide, ya que ambos están en la misma situación, es decir, llorando la muerte de uno de sus seres más queridos.

Finalmente, con la treta del famoso caballo de madera, los griegos consiguen entrar en la ciudad y Troya acaba siendo consumida por el fuego hasta los cimientos.

A comienzos del XIX algunos estudiosos con una perspectiva algo divergente respecto a las lecturas oficiales, comenzaron a barajar la posibilidad de que Ilión hubiese existido realmente y comenzaron a proponer algunos lugares para el emplazamiento de la mitológica Troya.

Entre ellos destacó Frank Clavert, cónsul de Inglaterra en Turquía, que, basándose en las indicaciones de Homero, propuso como posibilidad una colina situada muy cerca de la costa del estrecho de los Dardanelos denominada Hissarlik. Convencido de que allí debía hallarse Ilión, Clavert comenzó a excavar pero tras unos tímidos pero prometedores descubrimientos se quedó sin dinero.

Fue entonces cuando en 1868 provisto de su enorme fortuna llegó a la región Schliemann quien compró a Clavert el terreno y comenzó con las excavaciones.

Con bastantes pocos conocimientos arqueológicos pero con mucho entusiasmo y con la obra de Homero en una mano, Schliemann litarlamente partió en dios la colina de Hissarlik hasta encontrar los restos de una pequeña ciudad amurallada que parecía haber sido consumida por el fuego.

La evidencia de objetos carbonizados hizo que Schliemann considerara que indudablemente había hallado la mitológica troya aunque, como ya hemos visto en sesiones anteriores, en realidad, se trataba de un estrato perteneciente a una ciudad muy anterior temporalmente a la que podría haber sido el escenario de las aventuras de Agamenón.

Lo que Schliemann había encontrado era, en verdad, un asentamiento con diez fases de ocupación que se extendía en el tiempo más de 4500 años desde el neolítico hasta la época bizantina con 47 subdivisiones adicionales.

Lo más relevante de esta ciudad, más allá de la lectura mitológica, es que fue un importante emplazamiento comercial que permitía el control del tráfico marítimo, control que pasó de los minoicos a manos de los micénicos.

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