Escultura minoica

Exposición detallada de las características principales de la escultura de la civilización minoica acompañada por un análisis de algunas de las piezas más representativas de este arte



Nuestro viaje por la historia del arte nos lleva ahora al estudio de la escultura minoica, otro deslumbrante ejemplo del refinamiento de esta civilización


Es importante destacar la enorme variedad de manifestaciones del arte cretense perteneciente al ámbito escultórico que ha llegado hasta nosotros. En los yacimientos han sido encontradas una multitud de piezas de diversos tamaños, formas, y simbolismos. Por ello y para organizar mejor nuestras ideas, vamos a planificar su estudio clasificándolas por el tipo de materialde sustrato más abundante en su composición.


Así, teniendo en cuenta este sencillo criterio, en la escultura minoica vamos a encontrar:


- Estatuillas de terracota

- Marfiles

- Objetos de fayenza

- Orfebrería y joyería


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Algunas clases del curso pueden verse en abierto. Aquí te dejamos la sesión dedicada a los frescos minoicos. ¡Te va a encantar!




Estatuillas de terracota minoicas



Comencemos, en primer lugar, con las figurillas de terracota que, aparentemente, tienen una factura más torpe y un estilo muy poco elegante si las comparamos con los frescos estudiados en la sesión anterior. Sin embargo, su estilo poco cuidado responde, como veremos en un momento a una razón muy concreta vinculada a los rituales religiosos de este pueblo.

Como decíamos, en las excavaciones de los sitios minoicos se ha encontrado una enorme cantidad de estatuillas de terracota que representan generalmente formas animales y humanas.


Algunos de los ejemplos más comunes de este tipo de estatuillas ya los conocemos perfectamente:


- Los ídolos campaniformes: o mujeres con una amplia falda acampanada, los pechos al aire y las manos en alto que fueron encontradas en grandes cantidades en la sala de las dobles hachas de Cnossos.





Aquí podemos ver uno de los ejemplos más sencillos, con un aire casi primitivo que no tiene las manos en alto sino los brazos doblados por el codo, en una postura que nos recuerda a la posición de las damas de azul que hemos estudiado ya en los frescos.




En este segundo ejemplo tenemos un conjunto mucho más sofisticado de figurillas campaniformes, custodiadas en el museo Heraklion donde se muestran figuras más sofisticadas en su factura y, sobre todo en los tocados.


Todas ellas son mujeres, como se puede comprobar por los pechos de estilo cicládico y llevan en la cabeza diademas con ornamentos florales o animales. El tocado de la figura de la derecha parece hecho con bulbos o capullos de flores y el de la figura de la izquierda es claramente un ave.




Aquí tenemos una imagen de detalle, donde podemos ver una diadema diferente, todavía más elaborada, que presenta tres pájaros, quizá tres águilas, sobre la frente esta figura orante femenina. Además, es posible apreciar esbozada claramente en la estatuilla la misma sonrisa despreocupada que veíamos en el caso de los frescos. La alegría es un rasgo claramente distintivo del arte minoico.


En segundo lugar, en los yacimientos podemos encontrar una gran cantidad y variedad de pequeñas figurillas masculinas y femeninas que recuerdan muchísimo a los motivos y posturas de la pintura minoica.

Este tipo de figurillas fueron encontradas primero en diversas zonas y salas de los palacios pero posteriormente, con el desarrollo de la exploración arqueológica, también en colinas, grietas y cavernas, hecho que vendría a apoyar la teoría de que los minoicos desarrollaban sus cultos religiosos al aire libre.

Así, en estos santuarios naturales se han hallado depósitos de ofrendas de estatuillas de terracota que representan a humanos, animales e insectos, así como recipientes en miniatura.




Animales en la escultura minoica de terracota



En lo que respecta a los animales, en los sitios de ofrendas encontramos diversas especies, como el caso de esta pequeña criatura. ¿un perro? ¿un zorro?




Un segundo ejemplo son estos pequeños recipientes en forma de jabalíes.


No obstante, como es propio de los descendientes del rey Minos, las figuras más comunes de los santuarios al aire libre son los toros.


Esta pieza es realmente única ya que, si la observamos con detalle, no sólo vemos que claramente representada la figura de un toro, sino también tres personajes subidos a su cabeza. Dos de ellos, en los laterales, sujetan sus cuernos y un tercero sobre su frente parece saltar practicando la llamada taurocatapsia.





Han sido encontrados toros todos los tamaños, desde los más grandes que podrían alcanzar el tamaño de los ofrendados por los muchachos del sarcófago de Hagía triada hasta pequeñísimas miniaturas.


Lo más característico es que estas figurillas destinadas al culto nunca tienen acabados demasiado elaborados o detallados. Precisamente, debido a su producción descuidada y su apariencia pobre, se ha asumido ampliamente que las estatuillas de los santuarios al aire libre no eran elementos hechos para durar, sino que los cultos parecían consistir en romperlos en los rituales o arrojarlos contra las grietas de las rocas, o quizá al fuego sagrado de las hogueras. El segundo gesto ha permitido que algunas se cocieran y llegaran hasta nuestros días.




Seres humanos en la

escultura minoica de terracota



En lo que se refiere a los seres humanos, hallamos estatuillas masculinas que reproducen la misma postura y vestimenta que, por ejemplo, la del Príncipe de los liriosdel palacio de Cnossos. De nuevo, los brazos levantados con los puños hacia los hombros en la postura típica minoica.





Hallamos también versiones mucho más simplificadas, como es el caso de este ejemplo que nos lleva a pensar que probablemente sea cierto que fueran exvotos dedicados a un uso fugaz. Quizá cada familia moldeara a sus antepasados para rendirles culto al aire libre. quién sabe.


En el caso de las mujeres encontramos tres tipos de ejemplos en terracotas. En primer lugar, lo que podrían ser sacerdotisascon el clásico tocado que hemos visto en la pintura mural del pasillo de las procesiones, con sus largas faldas de volantes.




En segundo lugar, encontramos pequeños modelos de estilo campaniforme que, a excepción de la larga falda minoica, son casi como contemplar una de las estatuillas de mármol de las islas Cícladas que hemos estudiado al comienzo del curso.


Y finalmente, figuras con muchísimo mayor detalle como es el caso de esta pieza que entraría dentro de la gama de las diosas de las serpientes, que estudiaremos dentro de un momento. Como podéis observar, en este caso, los brazos no están sobre el pecho sino adelantados porque estas figuras solían sujetar ostensivamente en las manos serpientes a modo de ofrenda.

Grupos de animales y humanos en la terracota minoica

Los animales y los seres humanos también interactúan en los exvotos encontrados al aire libre. Tenemos ejemplos magníficos como este caballero, o amazona, policromada, que subida a una claramente bien moldeada silla, monta de lado sobre un vigoroso caballo. Si os fijáis bien, esta pieza, que se encuentra también en el museo Heraklion se está deshaciendo, hay un polvillo debajo.


Se trata de objetos extremadamente delicados que no han sido hechos para durar y que en su mayoría salvo los que fueron arrojados ritualmente al fuego, al no estar cocidos, se degradan fácil y rápidamente.

El ejemplo más sorprendente e interesante de conjuntos en los que aparecen seres humanos interactuando con animales es el siguiente:





En el que podemos ver un auriga conduciendo un carro que simbólicamente está siendo tirado por tres toros. Las tres cabezas taurinas están perfectamente realizadas, con gran realismo, al igual que el rostro del jinete que, de nuevo, nos muestra esa sonrisa del bienestar minoico que siempre se nos contagia y nos obliga a devolvérsela.





Objetos cotidianos en la

escultura minoica de terracota



Hace un momento os mencioné que en los santuarios habían sido encontrados también objetos de artesanía y uso cotidiano. Uno de los más sorprendentes es esta pequeña bañera. Pero… ¿por qué alguien querría ofrecer a los dioses una bañera?


Es muy curioso que lo único que los arqueólogos hallaran en el mégaron de la reina del palacio de Cnossos, en su supuesto baño, fuese precisamente esa hermosa bañera de terracota que estudiamos hace poco.

¿Y si no era simplemente una bañera? ¿Y si era un contendedor ritual para el agua de las libaciones o la sangre de los sacrificios?

Seguramente estaremos más cerca de su verdadero sentido dándole un papel en los rituales que en la simple higiene.


En contraste con las gigantescas estatuas faraónicas egipcias, que llegaron a alcanzar los 15 metros de altura en los casos más espectaculares pero que frecuentemente superaban la escala humana incluso en las representaciones más modestas.

Y alejándose también de las representaciones de gran formato de los reyes en los alto relieves babilónicos, la cultura minoica no nos ha legado ni una sola estatua por encima de la escala humana, siendo las de tamaño natural son extremadamente escasas.

De nuevo, parece que los minoicos no tenían o no deseaban representar a nadie de su comunidad con el fasto y la grandilocuencia de los dioses-reyes de sus culturas vecinas.





La isegoría griega



Una sutil idea viene a nuestra mente cuando contemplamos su arte, la de la isegoría griega.


Ese sistema creado por los atenienses en el que todos los ciudadanos podían hacer uso de la palabra en la asamblea de igual a igual.

Es decir, las órdenes que debían de guiar el rumbo de la sociedad no provenían para los ciudadanos de Atenas de la voz incuestionable de una autoridad de estirpe divina, sino del cambiante, falible y siempre dinámico discurso entre seres humanos iguales, que conscientes de su mortalidad, poder, y autoridad tomaron las riendas de su destino encarnando así el más elevado ideal de la cultura griega: la autonomía o independencia en su sentido más amplio.

La Isegoría era así el fundamento de la democracia ateniense que se basaba en otros dos conceptos fundamentales: la isocraciao igualdad en el poder y la isonomía o igualdad ante la ley.


El silencio absoluto al que estamos irremediablemente condenados debido a la imposibilidad de traducir los textos minoicos hace que no sepamos si estas ideas, aplicadas a su sociedad, son vanas hipótesis. Tendremos que llegar a Atenas y a su inmenso legado cultural para poder escuchar, por fin, la voz clara de un pueblo heleno.


No obstante, el arte nos puede permitir hacer conjeturas que, sin dejar de ser meras posibilidades, pueden indicarnos algunos rasgos necesarios para hablar de un camino hacia la democracia. Esa vía original y única de autogobierno desarrollada por un pueblo que vivía en un Mediterráneo gobernado por el absolutismo teocrático de Egipto y Babilonia.






Estatuaria minoica: las figuras de marfil



Bien, pero ahora volvamos a los minoicos porque el segundo soporte material más empleado para el desarrollo de su arte escultórico fue el marfil.



El marfil en la Antigüedad


Merece la pena detenerse un momento en este suntuoso material, ampliamente empleado en la historia para la creación artística, tan polémico en nuestros días.

La utilización del marfil como materia prima para tallar ídolos, como soporte de manifestaciones artísticas, religiosas o para dejar grabado sobre el escenas de formas de vida o acontecimientos de todo tipo, arranca desde los primeros momentos de la especie humana.


En el paleolítico, el marfil de colmillo de mamut era uno de los materiales más empleados para la talla como es el caso de los magníficos ejemplos de los ídolos y arpones de Mas d'Azil o las venus de Brasemmpony y Moravia.

El Antiguo Egipto llevó hasta niveles estéticos máximos el grabado del marfil, material que fue empleado para la joyería y para la decoración del mobiliario. Gracias a los espectaculares ajuares funerarios faraónicos ha llegado hasta nosotros una extensa tipología de objetos que incluyen estatuillas, juegos de mesa como este espectacular senetde marfil, lechos, bastones, arcas, cofres y diversos amuletos.


Los sirios y fenicios fabricaron también bellísimos objetos de marfil, con una grandísima influencia egipcia como se puede ver en estos elaborados ejemplos en los que abunda la representación de las esfinges.

Pero… ¿cuál era la procedencia del marfil? Aunque automáticamente, al hablar de marfil, pensamos en los impresionantes colmillos de los machos de elefante africano, el marfil usado en el arte del Mediterráneo durante la Antiguedad tuvo diversas y sorprendentes procedencias: hasta su extinción el mamut, el hipopótamo, el elefante e incluso los mamíferos marinos.


Así, por ejemplo, destaca el uso de los grandes colmillos de las morsas macho de la especie que eran abundantes en el Mediterráneo y los cuernos del narval –que llegan a medir más de seis metros de longitud-, animal que habita normalmente en el Ártico, pero que también servía como soporte frecuente según han demostrado los análisis genéticos realizados a las piezas por los investigadores.

La mayor contribución de materia prima a la artesanía del marfil corrió, no obstante, a cargo de las diversas especies de elefantes con los que se comerciaba en la época. El marfil de mayor calidad y mejor color era el procedente de Asia, mientras que los colmillos de los elefantes africanos, cazados fundamentalmente en Guinea y El cabo palidecían o sufrían alteraciones en su color, por lo que eran menos apreciados.



De nuevo, al igual que ocurría en nuestro estudio de la procedencia de los pigmentos de los frescos minoicos con el caso del lapislázuli, vemos que las redes comerciales antiguas eran inmensas y el estudio del arte nos permite hacernos una imagen más cercana y fiel de estas civilizciones.

El consumo de marfil durante los siglos IX y VIII por los artesanos minoicos, micénicos, sirios y fenicios llegó hasta tal punto que extinguió una de las subespecies de elefante, el llamado elefante siriodel cual sus últimos ejemplares desaparecieron de la tierra en torno al siglo VII a.C.



Entre las figurillas de marfil minoicas cuyos ejemplos son escasos debido a la fragilidad del material pero extremadamente relevantes, destacan figuras de niños, jóvenes acróbatas y saltadores de toros.


Una de mis piezas favoritas del arte minoico, una de las más delicadas y que, de nuevo, resume en un solo gesto el carácter alegre, juquetón y vital de este pueblo, es esta pequeña pieza en la que podemos ver a una niña en un columpio.

El deseo del artista de representar en marfil, en el material más preciado, destinado en otras culturas a los dioses y los reyes, una escena tan sencilla, cotidiana e insignificante en el gran orden del universo, me parece simplemente maravilloso. Cuenta más de ellos que todo el arte que hemos visto.




Entre las figuras de pequeño tamaño en marfil sobresale también este exquisito saltador de toros en pleno vuelo, encontrado en un piso superior del ala este de Cnossos.


El hecho de que se encontraron junto a él más fragmentos muy deteriorados de marfil ha hecho pensar a los especialistas que quizá formara parte de un conjunto más grande, quizá representando la misma escena que la del fresco del salto del toro.



Kourós de Palaikastro




Finalmente, una de las figuras más impresionantes del marfil minoico ha sido encontrada recientemente. Se trata del llamado kourós de Palaikastro, hecho de marfil de hipopótamo, madera y cristal de roca y con unos 50 centímetros de alto.


Es, sin duda, tan espectacular como… siniestro. Su cabeza de piedra de serpentina negra y esos ojos de cuarzo son inquietantes, aunque en su gesto y posición vemos claramente la misma pose que la del Príncipe de los lirios. Seguramente acompañado por la policromía que ha perdido y situado en una de las suntuosas salas de los palacios no fuera una figura oscura sino un participante más en el cortejo del entusiasmo minoico por la vida.




Las estatuas minoicas: los bronces



Durante el periodo de los segundos palacios los minoicos comenzaron a desarrollar una interesante fábrica de figuritas en metal, especialmente usando el bronce, la plata y el plomo que eran moldeados usando la técnica de la cera perdida.

Encontramos pequeñas figuras orantes y animales, aunque el más representativo y conocido ejemplo de la estatuaria minoica en bronce es este acróbata en pleno vuelo practicando el salto del toro y representado uno de los simbolismos preferidos en el arte minoico.




La fayenza minoica



Los artesanos de Creta también elaboraron objetos de fayenzaconocida también como loza vidriada o mayólicaque no es sino una mezcla de arcilla y sílice, cocida a unos 1300 grados Celsius y cubierta después con un esmalte de plomo y estaño que le ofrece un brillo particular. Es un material con una consistencia y textura externa parecida a los azulejos vidriados árabes.

Basado en la aplicación de esta técnica, en el palacio de Cnossos, fue encontrado un conjunto espectacular de piezas conocido como El mosaico de la ciudadque representa, casi como un puzzle, pequeñas casas, árboles, animales, soldados…etc.

Se trata de una fuente de información invaluable que nos muestra el variado estilo arquitectónico de las casas minoicas y sus coloridas decoraciones.

Según los expertos, seguramente decoraba a modo de mural una de las paredes del palacio.






La orfebrería minoica



En la clase anterior, con nuestro estudio de los frescos, habíamos viso a las mujeres minoicas con los cabellos lujosamente decorados con cuentas y joyas. La orfebrería minoica nos ha dejado ciertamente alguno de los ejemplos más excepcionales y espectaculares de todo su arte escultórico.



Del palacio cretense de Malia ha sido recuperado un delicado colgante de oro en el que reproduce la figura de dos abejas enfrentadas que sostienen una gota de miel o lo que quizá podría ser una bolita de polen con unos discos colgando de sus alas. Las diversas técnicas como la filigrana, el repujado y el granulado, además de una sofisticada soldadura, demuestran el significativo desarrollo tecnológico de los minoicos en este arte.





El tesoro de Egina



Sin embargo, aunque las abejas de Malia son un verdadero icono del arte minoico, nada se puede comparar a la fastuosidad de las obras de arte que constituyen el llamado tesoro de Egina encontrado en una pequeña isla cerca de Atenas.


En una de las colinas que forman la diminuta isla de Egina fue hallado en 1890 por Fred Creswell un extraordinario ajuar funerario compuesto por setenta piezas de oro.


A pesar de que la tumba donde supuestamente fueron halladas es del 1350 a.C., las joyas tienen una datación anterior, entre el 1850 y el 1550 a.C., habiéndose establecido incuestionablemente su origen minoico.


El análisis de la composición del metal, realizado con técnicas modernas para certificar y determinar la antigüedad y la relación de la materia prima de las distintas piezas, concluye que la mayoría de los elementos proceden de un único taller en el que participaron dos orfebres distintos.


El tesoro está compuesto por piezas elaboradas con oro de gran pureza, entre ellas tres diademas, varios pendientes, cinco aros, collares y colgantes, un brazalete y un anillo, cincuenta y cuatro placas circulares y una copa.

Destaca un colgante en el que está representada una figura humana, conocido como El señor de la naturalezao El señor de los animales, que sostiene por el cuello lo que probablemente sean dos ocas con los pies apoyados sobre una barca fluvial decorada con flores de loto. La falda típicamente minoica y el tocado se complementan con unos grandes pendientes circulares que no son muy comunes en las representaciones minoicas. El conjunto se completa con cuatro serpientes que salen por detrás desde su cintura y que nos recuerdan a las temibles extremidades del monstruo Tifón.



Otras piezas relevantes son los pendientes y anillos de una factura exquisita y absolutamente delicada que incorporan piezas de lapislázuli, amatista, cornalina, cuarzo y jaspe verde.

Llaman la atención estos pendientes rematados con figuras animales que podrían ser lechuzas, por los grandes ojos. Simbolismo que nos hace pensar irremediablemente en Atenea.


Otra pieza espectacular es la siguiente, este fabuloso broche





en el que podemos ver, dentro del circulo que forma una serpiente con dos cabezas, el famoso uróboros que representa la eternidad y del que hablábamos hace un segundo.

Dentro del círculo hallamos dos perros,lobos o zorros enfrentados por sus ocicos que sostienen una piedra coralina roja traslúcida. Debajo de ellos aparecen dos monos que se dan la espalda y que nos recuerdan a los monos azules de Cnossos.

En torno al círculo están engarzados siete discos y siete figuras de aves, todas unidas con finas cadenas del mismo metal, los colgantes de las aves, además, sujetan cada uno, una pieza de pedrería del mismo tipo que la que hay en el centro de la joya.


Otra pieza a destacar es este pectoral formado por una plancha curvada rematada por dos cabezas masculinas que miran en direcciones opuestas y de cuya parte inferior cuelgan diez discos dorados.

En el tesoro de Egina se han encontrado también 54 botones de oro casi idénticos y una copa dorada de diez centímetros de diámetro decorada con las olas en espiral tan características del arte Egeo desde los tiempos de la sartenes cicládicas.




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