Diógenes de Apolonia: filosofía

Exposición detallada de la filosofía de Diógenes de Apolonia y análisis de su impacto en el pensamiento griego clásico


Como contemporáneo de Anaxágoras, Diógenes, estuvo en el centro de la actividad intelectual griega simbolizando el ocaso del periodo milesio. Y como ocurre en todos los momentos de ocaso y decadencia, en Diógenes vamos a ver un cierto rasgo de repetición y una menor originalidad en la propuesta de teorías. El mismo fenómeno observaremos con el ocaso de época griega clásica y el periodo romano, así como en la Edad Media. Ecos de un pasado glorioso pero tendente a repetir ideas ya conocidas.


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Primeros rasgos de antropologismo


No obstante, Diógenes es un autor muy interesante porque introduce en la reflexión filosófica un nuevo ámbito de estudio que será plena y ampliamente desarrollado por la filosofía clásica de los tres grandes maestros: Diógenes comienza a centrar su reflexión en el ser humano, en su naturaleza física que estudiará intensamente gracias a sus conocimientos médicos y, lo que es aún más importante, sus rasgos psicológicos.


La Psicología

Por primera vez en la historia aparece una rama de la filosofía que pasará a ser conocida como filosofía de la mente hasta el siglo XVIII y posteriormente, en nuestros días, ya separada del tronco filosófico, psicología. Es decir, aquel estudio del funcionamiento de la mente humana, de cómo esta adquiere conocimientos del exterior, del interior o sentir del propio cuerpo, sus emociones, su forma de interactuar. Vemos cómo la filosofía amplía sus ramas e incluye este tipo de reflexiones que serán enormemente fructíferas. Hoy en día, si bien ha nacido la psicología, la filosofía de la mente sigue siendo una de las ramas más sólidas y fructíferas de la filosofía. Ha habido una escisión importante y decisiva que las separa y al tiempo muestra la necesidad de ambas ramas. Por un lado la psicología y la psiquiatría son un estudio de la mente desde un punto de vista terapéutico. Es decir, su interés se centra en lo que entendemos como “mentes enfermas “en algún sentido. Mientras que la filosofía de la mente estudia nuestro comportamiento neurológico, mental, psicológico con afán investigador y no curativo.





Cosmología: el aire y el pensamiento

Por tanto, en un intento por revivir, en una época post-parmenídea, el monismo, nuestro filósofo hizo un considerable uso de las teorías anteriores y se interesó vivamente por cuestiones psicológicas y médicas.

Diógenes pensaba que el cambiante mundo y los variables elementos que lo conforman están ordenados de la mejor forma posible por la intervención de una 'inteligencia' unitaria y originaria. Por las disposiciones de esta inteligencia el mundo guarda un determinado orden, todos sus elementos, aunque variables, están distribuidos de acuerdo a unas regularidades, como las estaciones del año, los ciclos día-noche, las alternancias meteorológicas... El ritmo repetido, ordenado, cabal, cognoscible de los procesos naturales hace pensar que, necesariamente detrás de ellos debe haber un ordenador inteligente. Pero lo sorprendente, es que esta inteligencia ordenadora no es sino uno de los cuatro elementos que ya conocemos: el aire, al cual dará propiedades mucho más elevadas de las ofrecidas por Anaxímenes.

Es decir, con Diógenes volvemos a recuperar el monismo, un solo elemento, un solo archéexplicativo pero ya no es una pura sustancia material sino que refleja rasgos hilozoístas, es decir, es inteligente, está vivo. Empezamos a observar rasgos que se van a atribuir al dios monoteísta tras el contacto del cristianismo y el islam con el pensamiento griego.

El aire y la vida

Además de organizar los elementos del universo, el aire es la sustancia de la vida, dice Diógenes, por la razón evidente de que los seres vivos viven gracias a la respiración del aire. El aire es 'el alma' entendida como principio vital (lo que da la vida). Pero el aire también es 'el alma' en el sentido de la inteligencia, puesto que ésta es inherente a la vida. Vemos aquí, surgir en el seno del pensamiento griego una segunda idea que será ampliamente asimilada primero por Platón y después por los cristianos.

La vinculación del alma con la vida puede encontrarse antes, pero su concepción como elemento inteligente es propia de Diógenes de Apolonia, un filósofo poco conocido pero interesantísimo por estas cosas. Pasarlo por alto nos hace atribuir ideas suyas a autores posteriores como Platón.

La idea del aire-inteligencia ya se encontraba en numerosos mitos, en los usos del 'zimós' y de la 'psijé' de Homero, al cual Diógenes elogiaba (afirma Filodemo) porque

"Discurría sobre lo divino de manera no poética sino verídica y porque manifestaba de forma explícita que el propio Zeus es el aire".

Diógenes se refiere al aire del exterior a la vez que al aire del interior del cuerpo, en la línea de Anaxímenes, y utiliza indistintamente el término 'pneuma' como aliento-viento y como alma-espíritu. El aire es el dador de la vida, por lo que viene a ser Dios, pues si da la vida tiene un poder absoluto sobre los seres vivientes y sobre la existencia humana y todos sus fenómenos.

Cualidades metafísicas

El aire, además, parece infinito y eterno, omnipresente e inmortal, rasgos propios del Ser de Parménides. No está sometido a los límites temporales de la vida de los organismos, no puede morir puesto que él, aunque da la vida, no es un ser vivo.

Una de las razones que movieron a Diógenes a concebir el aire como principio de todas las cosas y como 'divinidad' fue, tal como comentábamos en el caso de Anaxímenes, el hecho de que el aire es una sustancia tan sutil que se sustrae a los sentidos y parece algo inmaterial o incorporal. Otra razón es su omnipresencia: "el aire asciende hasta lo más alto y desciende hasta lo más bajo y llena todos los espacios".

La incorporeidad y la omnipresencia, además de la inmortalidad, han sido tomadas, desde siempre, como atributos de la 'metafísica' y de la 'divinidad', aunque se trata de la burda apariencia, pues ellas constituyen las propiedades físicas, totalmente naturales, del etéreo elemento, y así lo entiende y lo expresa el filósofo de Apolonia.







Explicación médica de la circulación de la sangre

Diógenes de Apolonia fue, además, un prestigioso médicoy llevó sus tesis al terreno de la fisiología. Entró a explicar cómo debía actuar el aire en el cuerpo humano para producir los fenómenos del alma: el aire del cielo penetra dentro del organismo por la respiración y circula, empujado por la sangre, por las venas de todo el cuerpo hasta el cerebro, el cual actúa de intérprete de las fluctuaciones o 'logos' de este elemento universal.

Para Diógenes la sede del alma es el cerebro. El cerebro es el órgano que interpreta las variaciones del aire, es el instrumento que se vale de aire para pensar. Los demás órganos sensoriales están subordinados a este órgano principal que produce el acto de entender. Es decir,la inteligencia del dios divino y eterno se capta con el cerebro y no con el corazón, como se pensaba hasta entonces. Se trata de una innovación única ya que los grandes pensadores que le siguieron, como Aristóteles, consideraban al cerebro como un mero refrigerador de la sangre.

El cerebro 'resuena' con ciertas variaciones del aire que le aportan un 'logos', como resuena el oído con las vibraciones a unas frecuencias determinadas para ofrecer los sonidos y los lenguajes sonoros. El aire exterior 'nutre' el alma al alcanzar el cerebro y, al expandirse por todo el cuerpo a través de los vasos sanguíneos, hace participar el cuerpo entero en las sensaciones corporales y en las emociones. Todo el cuerpo 'vibra' con el aire.

La inteligencia y la 'intensidad vital' vienen a ser una misma cosa, según Diógenes. Y esto es muy interesante. Existen diferentes grados de inteligencia y diferentes grados de intensidad vital que se corresponden directamente con los primeros, sostiene. Estas diferencias cuantitativas de inteligencia y de vitalidad tendrían su origen, además de en las propiedades del aire circundante, en la penetrabilidad del aire en el cuerpo.

Según Diógenes, el humano es el ser que tiene un mayor grado de inteligencia y vitalidad, porque absorbe y difunde una gran cantidad de aire en su cuerpo; pero, además, los pensamientos y las emociones del ser humano son muy volubles y variables de un momento a otro. Hay momentos en que las personas vivimos la vida de forma intensa, que todo fluye rápido y de modo absorbente, que son los momentos que tenemos un pensamiento más profundo y más vívido, más penetrante. En otros momentos pasa todo lo contrario, no somos capaces de elaborar mentalmente nada, el entendimiento de las cosas está como ausente y nuestra existencia es monótona y aburrida.

El entendimiento se genera por una correspondencia entre el aire y la disposición de nuestras venas y de nuestro cerebro. La claridad de la percepción y de la intelección de una proposición concreta depende de la sutileza del aire que se difunde dentro de nuestro cuerpo en ese momento, y de la anatomía y finura de los canales por los que lo hace.

Cuando el aire se mezcla con la sangre y se permea máximamente por el cerebro y todo el cuerpo surge una sensación o estado de placer y el pensamiento es vívido. Cuando se permea poco aparecen el displacer y el aburrimiento. Pensamiento y placer son cosas muy similares. Pensar el mundo de manera comprensible, entenderlo (inteligir) es una forma fundamental de placer. Así, inteligencia, pensamiento, intensidad vital y placer van totalmente unidos en Diógenes. Vitalidad, fruición, entendimiento, razón... están interrelacionados en su propia esencia, si no son una misma cosa

“Debe saberse que este Diógenes escribió varias obras, como el mismo hace notar en el tratado Sobre la Naturaleza, cuando dice haber escrito algo contra los filósofos de la naturaleza, y una Meteorología, y, además, un tratado Sobre la naturaleza del hombre. En Sobre la Naturaleza, la única de sus obras que ha llegado a mis manos, se propone demostrar pormenorizadamente que en la archéque postula hay mucho de inteligencia.” Simplicio, Phys. 151; 24, DK A4.

Afortunadamente para nuestro conocimiento de Diógenes, Simplicio no solo poseyó su libro Sobre la Naturaleza, sino que lo cita sin reservas.

“Mi opinión es, en suma, que todas las cosas existentes son modificaciones de lo mismo y son lo mismo. Esto es evidente, ya que si las cosas ahora existentes en el cosmos —la tierra, el agua, el aire, el fuego y todo lo demás que en él se manifiesta—, si alguna de ellas fuera distinta de las otras, me refiero a distinta por su naturaleza propia, y no la misma cosa cambiada y alterada de muchas formas, de ninguna manera podrían [las cosas] mezclarse entre sí, ni afectarse mutuamente para bien o para mal. No podría crecer ni siquiera una planta de la tierra, ni podría generarse animal ni cosa alguna, si no estuviera todo constituido de tal modo que todas las cosas sean lo mismo. Pero, de hecho, todas las cosas son variaciones de la misma cosa: se hicieron diferentes en diferentes momentos y retornan a la misma cosa.”

“Sin inteligencia no hubiera sido posible que una división así [de la substancia subyacente] se hubiera hecho de tal manera que [dicha substancia] conserve las medidas de todas las cosas —invierno y verano, noche y día, lluvias vientos y buen tiempo; y todas las demás cosas también, si se quiere reflexionar, se encontraría con que están dispuestas del mejor modo posible.”

“Además de esas, se dan, como complemento, estas importantes pruebas: los hombres y los demás animales viven del aire, puesto que lo respiran, y este es para ellos alma e inteligencia, como se habrá de demostrar claramente en este tratado, y, si este se les quita, mueren y su inteligencia los abandona.”

“Y entiendo que lo que posee inteligencia es lo que los hombres llaman aire. Todos los hombres son gobernados por el, y el domina todas las cosas. Entiendo, asimismo, que, precisamente, este es Dios, y que alcanza a todo y dispone todas las cosas y está presente en todo. No existe cosa alguna que no participe de él.”

DIÓGENES, el eclecticismo final de la etapa presocrática

De todo lo visto se sigue que las últimas manifestaciones de la filosofía de la naturaleza indican una involución en sentido ecléctico. No obstante, antes de concluir esta etapa que será sucedida por el periodo de mayor gloria del pensamiento filosófico griego y quizá la etapa más rica de toda la historia de la humanidad, vendrá bien volver a repasar algunos de los rasgos de esta extraña actividad que nació a orillas de las aguas turquesas del Mediterráneo de la mano de una civilización joven y llena de ímpetu.




Los rasgos esenciales de la filosofía antigua

Llegados a este punto, cabe volver a preguntarse ¿qué entendieron los propios griegos por filosofía? Desde el momento en el que nació, la filosofía asumió de un modo determinante tres características que se refieren a su contenido, a su método y a su objetivo.

Contenido

En lo que concierne al contenido, la filosofía se propone explicar la totalidad de las cosas, es decir, la totalidad de la realidad, sin exclusión de partes o momentos. Por tanto, se distingue de las ciencias particulares que, precisamente reciben ese nombre porque se limitan a analizar sectores de la realidad. La filosofía busca dar una explicación holística, completa que conecte todos los sectores al entender la realidad misma como un todo interconectado. No se puede explicar al ser humano sin entender la naturaleza, pero tampoco se puede entender la naturaleza sin comprender los rasgos propios, capacidades, limitaciones de aquél ser que la estudia. Todo, hasta lo más ínfimo, debe ser considerado. Pero dicha consideración debe ser llevada a cabo de un modo determinado. No vale cualquier cosa y éste es un rasgo único de la filosofía que muchísimos siglos después heredará lo que hoy llamamos “ciencia” que no es sino una rama desgajada de la filosofía, como estamos viendo en el curso de los jueves.

Método

En lo que concierne al método, la filosofía aspira a ser una explicación plenamente racional de aquella totalidad que se plantea como objeto. En filosofía sólo resulta válido el argumento de la razón, la motivación lógica, el discurso coherente, la univocidad terminológica, lo observable intersubjetivamente. Pero a la filosofía no le basta con constatar u observar datos de hecho, reunir experiencias, sino que debe ir más allá del hecho de las experiencias para hallarlas causas de todo lo que existe a través de la razón, y allí es donde comienza la gran complejidad del camino.

Con este rasgo se aclara la diferencia entre la filosofía y el arte y la religión. También el arte y las grandes religiones aspiran a captar el sentido de la totalidad de lo real, pero el arte lo hace mediante la imaginación y la fantasía. Es decir, muestra un sentido alterando deliberadamente la realidad, creando mundos imposibles mediante la metáfora y la imagen, poéticamente transmite sensaciones mediante un método irreal. El arte no consiste en plasmar de forma hiperrealista lo que hay, sino seleccionar momentos de belleza o terror y articularlos de una forma determinada. El arte, como vamos a ver enseguida, no busca la verdad sino la emoción a la que se puede llegar a veces más rápido a través de la mentira, del teatro, por ejemplo, creando personajes que jamás existieron.

La religión, por su parte, busca expresar sentido a través de los mitos, la creencia y la fe que consiste precisamente en confiar en una verdad que uno mismo no ha buscado, no ha logrado sino que le ha sido entregada y que no puede cuestionar. En cambio, la filosofía busca la explicación de la realidad por medio de la razón o logos.

Objetivo

El objetivo o finalidad de la filosofía reside en el puro deseo de conocer y de contemplar la verdad. En este sentido, tal como su nombre indica, la filosofía griega es un amor desinteresado hacia la verdad en el que la finalidad no es una utilidad práctica. De hecho, la filosofía nace únicamente después de que los hombres solucionaran los problemas fundamentales de la subsistencia y se liberaran de las necesidades materiales más urgentes.

“Es evidente, pues, que no buscamos la filosofía por algún provecho que le sea ajeno a ésta y más bien es evidente que, al igual que llamamos hombre libre a aquel que es un fin en sí mismo y que no está sojuzgado por otros, asimismo, sólo ésta, entre todas las demás ciencias, recibe el nombre de libre: sólo ella es fin en sí misma. (…) Todas las demás ciencias serán más necesarias que ésta, pero ninguna será superior.” Aristóteles, Metafísica





Ocio y utilidad

La contemplación, tal como vimos en Pitágoras, que es peculiar de la filosofía griega no equivale, no obstante a un ocio vacío. Ciertamente, tal como la concibieron los griegos la filosofía no se halla sometida a fines utilitarios, pero posee una relevancia vital, moral e incluso política de primer orden. La verdad contemplada y conocida en la filosofía, el ejercicio mismo de la activad de búsqueda tal como se plantea en ella posee una energía vital sin parangón capaz de transformar al individuo, de mejorar su vida de una forma completa pero a través del camino de la duda y la pregunta, no dando fórmulas ni dogmas.

Se hace con ello manifiesta la absoluta originalidad de esta creación griega. También los pueblos orientales poseyeon una sabiduría que trataba de interpretar el sentido de todas las cosas y que carecía de finalidades pragmáticas. No obstante, dicha sabiduría estaba caracterizada por representaciones fantásticas y míticas, lo cual la asimilabaa la esferadel arte, la poesía o la religión En conclusión, el gran descubrimiento de la filosofía griega reside en haber intentado esta aproximación al todo apelando únicamente al método racional. Tal descubrimiento ha condicionado estructuralmente, y de modo irreversible, a todo el occidente.

El asombro y la admiración

Pero la más bella y profunda motivación de la filosofía es el asombro. Cuando nos preguntamos ¿por qué ha sentido el hombre la necesidad de filosofar? Los griegos contestaban mostrándonos algo que todo ser humano encierra en su interior, el combustible mismo de la filosofía: la curiosidad, el asombro por el mundo, por el funcionamiento de lo que nos rodea, por su mera existencia. Ese momento en el que dejamos de caminar indiferentemente y observamos la belleza de una hoja, la terrible sublimidad de una tormenta, la extraña forma en la que sentimientos descontrolados brotan de nuestro interior o la sagacidad de un teorema matemático. Así, el asombro, es el motor de todo, dijo Aristóteles:

“Los hombres han comenzado a filosofar, tanto ahora como en los orígenes, debido a la admiración: al principio quedaban admirados ante las dificultades más sencillas, pero después, avanzando poco a poco, llegaron a plantear problemas cada vez mayores, como los problemas referentes a los fenómenos de la luna, del sol y de los astros, y luego, los problemas referentes al origen de todo el universo.” Aristóteles, Metafísica

En consecuencia, la raíz de la filosofía consiste en la admiración que surge en el ser humano cuando se enfrenta con el Todo y se pregunta cuál es el origen y fundamento de éste, y qué lugar ocupa él mismo en este universo. Así, la filosofía, para los griegos, es algo inevitable e irrenunciable porque es inevitable la admiración ante el ser, al igual que es irrenunciable la necesidad de satisfacerla.

“Por naturaleza, todos los hombres desean saber.”

Se trata de problemas que el hombre no puede dejar de plantearse, problemas que, en la medida en que pretendan ser rechazados desacreditan a quien los rechaza. Y son, problemas que conservan su propio sentidos específico a través de los siglos y los milenios e incluso a pesar de que las ciencias particulares, ramas independizadas dela filosofía, hayan triunfado porque ninguna ha sido creada específicamente para resolver estos problemas. Solo una, entre todas se ocupa de esto, y su nombre, aunque olvidado en nuestros días es: filosofía.

El filósofo, una nueva figura

Explicar la imagen del filósofo, la anécdota de tales y los molinos. Cómo el filósofo pasa de ser confundido como un sabio más, un chamán, un sacerdote a ser una figura muy molesta para la polis, para la estabilidad del estado debido a la puesta en crítica de valores importantes. Con el estudio de la física, en esta primera fase, se pone, ante todo en duda la religión, es decir, la cosmogonía en la medida en que el mundo ya no se presenta como creado por dioses según los diversos relatos mitológicos. Además, como es el caso de Heráclito y los atomistas empiezan a surgir físicas o filosofías de la naturaleza ateas, extremadamente molestas para el tejido religioso, espiritual y tradicional de una civilización como la griega que, precisamente, se apoyaba en sus relatos identitarios recogidos en los poemas épicos de Homero y Hesíodo. Como veremos en el próximo curso, a partir de este punto que pone fin a la primera etapa de la filosofía, legará el llamado “giro antropológico” mediante el cual el ámbito de crítica de la filosofía se ampliará exponencialmente incluyendo algo que los milesios – a excepción de Heráclito- no habían tratado que es la política y la ética. Sistemas complejos de pensamiento, no ya meros fragmentos, sino verdaderas obras ombiabarcantes de todos los aspectos de la realidad pondrán en jaque conceptos como el de justicia, libertad, sabiduría, ignorancia, derecho…etc. dando lugar a una nueva revolución sin parangón, a la segunda ola de la filosofía. Es por ello que las críticas y la ridiculización del papel del filósofo, cuyas pretensiones empiezan a verse de forma cada vez más clara y su distinción respecto a los sacerdotes, empiezan a ser más y más duras terminando con la famosa condena a muerte de Sócrates. No obstante, resulta muy interesante ver cómo la gente de a pie comprendía esta nueva moda o actividad que estaba brotando a su alrededor y nada mejor que leer una comedia de Aristófanes, contemporáneo de Sócrates.

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