Cerámica geométrica

Exposición pormenorizada de los rasgos y características principales que caracterizan la cerámica del periodo geométrico correspondiente al arte griego




Las invasiones dóricas - con o sin la intervención de los llamados Pueblos del Mar- supusieron el auge de los primeros en el dominio de la Grecia continental y el empobrecimiento, como consecuencia, de toda la cultura Egea.


El fin de la civilización micéncia que mantenía vivo -aunque de forma más pobre- el espíritu del arte minoico no pudo ser más catastrófico: a los incendios y la destrucción descontrolada de sus palacios, al abandono de lugares antes habitados y con un alto nivel de vida debido al comercio, se unió la pérdida del arte de la navegación, el olvido de la escritura y la reducción casi al límite de todas las expresiones artísticas.


Los escasos restos encontrados del llamado periodo submicénico, -la fase inicial de la Edad Oscura- revelan unas lamentables condiciones de vida que lindaban con la mera supervivencia. La pérdida del contacto con la tradición y las técncias artesanales del periodo anterior en casi todas las regiones –con la escasa excepción de Atenas- hizo que el arte griego en la Edad Oscura tuviera que empezar prácticamente de cero, ensayando con nuevas formas de trabajo y nuevos estilos, hecho que le da, un aire fresco y diferente a pesar de que la ruptura no fuese completamente total.



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Durante la época oscura si bien escaso y casi inexistente en la primera fase, el ser humano no dejó, por tanto, de crear arte siendo la cerámica, el trabajo y la pintura del barro el principal vestigio que conservamos de este periodo y la mejor prueba del nuevo espíritu de la época.

El estilo predominante de la Edad Oscura es, además, uno de los más célebres y reconocibles de la producción artística griega, muy apreciado hoy en día debido a su minimalismo. Su nombre: estilo geométrico.


Fue Atenas la ciudad en la que este estilo brotó y alcanzó su máximo esplendor pues Atenas fue una de las pocas polis griegas que no sucumbió al empuje dórico y en la que se mantuvieron vivas muchas de las artesanías antiguas. Fue precisamente en sus dos principales cementerios el Cerámico, llamado así por hallarse en el barrio de los ceramistas y el Díplion (doble puerta) situado fuera de las murallas en la entrada de la ciudad donde se han encontrado los más ricos e interesantes vestigios de cerámica geométrica.


Lo primero que cabe destacar de este estilo es que sus producciones muestran una asombrosa variedad de tamaños, desde piezas diminutas hasta vasijas monumentales que alcanzan los casi 2 metros de tamaño como veremos en seguida.


Lo más característico y distintivo del tipo geométrico, como su nombre indica, es la presencia de un sistema elemental de líneas y modelos planos de ondas, triángulo, círculos y semicírculos que forman paisajes bidimensionales repetitivos.


El empleo del torno rápido permitió una decoración con motivos trazados con regla y compás en el que predominan las líneas rectas paralelas dibujadas aprovechando la rotación de la vasija en el torno.

Los ejemplares más antiguos del estilo geométrico suelen ser de de fondo negro y datan del siglo X y comienzos del IX a. X En ellos, la parte más importante de la decoración se dispone en la franja central del recipiente donde es mayor su diámetro.


Poco a poco el número de bandas fue aumentando hasta casi cubrir por entero las piezas y en el repertorio de motivos hace su entrada el meandro, la cruz gamada que a pesar de su desgraciado uso en el siglo XX es un símbolo antiquísimo,.


Pasamos del minimalismo a una especie de horror vacui por el cual los artistas se niegan a dejar ni un solo espacio sin dedorar.

En su segunda fase, hacia finales del siglo IX antes de nuestra era, el esquema antiguo se reelabora dividiendo zona principal por medio de verticales y se introducen por primera vez temas figurativos en el campo decorativo como siluetas de pájaros, caballos y ciervos, todos ellos esquematizados y exactamente iguales, repetidos en actitud estereotipada.


La variedad de motivos pintados es cada vez mayor, al igual que su complejidad dibujados siempre con exactitud casi matemática y con un pulso firme y decidido.


Finalmente, en el siglo VIII aparece en escena la figura humana y los vasos alcanzan grandes dimensiones tales al comenzar a ser usados como monumentos fúnebres que se depositan sobre las tumbas.




El repertorio de motivos de esta fase incluye meandros, grecas, rombos, cruces gamadas, triángulos, ajedrezados, círculos concéntricos y rosetas de cuatro, seis o más pétalos, y dientes de lobo.


Comienzan a aparecer de forma muy abundante escenas de caballos, conocidos como caballos-trompeta por la forma abocinada de su hocico.


La etapa de apogeo del estilo geométrico corresponde al periodo comprendido entre el 770 y el 700 a.C. y en él aparecen por primera vez las escenas de la vida humana que se extienden por las paredes del vaso a costa de los modelos geométricos.

La figura humana es extremadamente simple y esquemática, apenas formada por unas pocas líneas trazadas. Es muy característica la cabeza, apenas esbozada y una prominente nariz. Los tornos son sencillos triángulos invertidos.



Entre los motivos representados encontramos fundamentalmente escenas funerarias que reflejan, de algún modo, la conmoción provocada por la muerte violenta y la provocada a consecuencia de las migraciones y hambrunas durante la Edad Oscura. La muerte, parece la escena favorita de los artistas. Las escenas de dolor, que podemos ver una y otra vez repetidas en los vasos, representan el ritual griego de la prothesis que consistía en la exposición del cuerpo del difunto antes de proceder a su cremación.

Es decir, se trataba de una fase de los rituales de enterramiento. Despúes de ser lavado y vestido por las mujeres, el cuerpo era colocado usualmente en un lecho y se le cubría con un manto denominadopharos. En este momento, el difunto podía comenzar a ser llorado por sus parientes y, según muestra la cerámica, probablemente también por planiñeras contratadas. Es curioso que se eligiera precisamente la representación del momento de máximo dolor de la familia y no otras fases del proceso. Sin duda, esta obsesión por la muerte debía derivar de haber visto demasiada en las generaciones anteriores.


A los cortejos fúnebres llenos de escenas de dolor se suman los cada vez más abundantes temas de luchas de arqueros entre sí o contra hombres que descienden de barcos. Ello nos revela de forma incuestionable que la actividad marítima comenzaba a recuperarse en el egeo.


Otros casos muestran a guerreros que llevan caballos por la brida, barcos con remeros u hombres en plena caza asistidos por perros.

Paulatinamente, los hombres van perdiendo su aspecto completamente minimalista y toman un poco más de volumen. Mientras que en los casos anteriores en la cara sólo se podía distinguir una nariz, ahora es posible ver claramente dibujado un ojo insinuado con un fondo claro y un punto oscuro en el centro.

El pelo se alarga en las figuras de mujer con un movimiento que ha llevado a los especialistas a llamarlo pelo eléctrico. Asimismo los detalles de los objetos y las armas hacen que las representaciones sean cada vez más realistas.





MAESTRO DEL DÍPLION



El estilo tardogeométrico, situado a mitad del siglo VIII es el periodo del Maestro del Díplion, el primer artista individual que los especialistas han podido distinguir con claridad y que marca, con su estilo personal y el de su taller, una ruptura en las tendencias normales el estilo.

Sus vasos cerámicos presentan un preciso estudio de sus medidas, hasta el punto que presentan una relación entre su altura y su diámetro cercana a la proporción áurea que posteriormente será ampliamente usada en las creaciones artísticas griegas.

Sus creaciones, que llegaban a medir hasta 1,60 m de altura, se caracterian por el uso del friso continuo. Destaca entre ellos el ánfora 804 del Museo Arqueológico Nacionald e Atenas. Entre bandas de motivos geométricos, se encuentran una o dos bandas centrales, encajadas entre las asas y, como tales cerámicas funerarias, estaban decoradas con representaciones de escenas de próthesis


Casi 50 vasos se han atribuido al Maestro del Dípilon y su taller, y siete fueron atribuidos expresamente a él. Sus imágenes son las primeras del arte figurativo que se encontraron en Grecia después del colapso de la cultura micéncia.

Durante el tardo geométrico comienzan a distinguirse más personalidades o grupos de productores del mismo taller. Al llamado Pintor de Hirschfeld se le atribuye esta hermosa crátera con escenas animadas y densamente pobladas que vamos a ver un poco más de cerca.


En la escena principal, dividida en dos niveles podemos ver en el centro de la imagen una clásica escena de próhesis. En el centro podemos ver al digunto tumbado sobre una mesa o altar. A sus pies aparecen dos personajes pequeños, uno más pequeño que el anterior que podrían representar a sus hijos. Sentada en una silla a sus pies aparece una mujer con otro niño en el regazo. La escena está flanqueada por dos filas de plañineras que se llevan las manos a la cabeza en señal de dolor. Debajo de la mesa del difunto hay un altar más pequeño bajo el cual podemos ver claramente dos cabras. Un simbolismo que no nos es desconocido y que ya habíamos visto en el sacrófago minoico de Hagía Triada. Puede que el arte decayera pero las ceremonias rituales parecen mantener ecos del pasado. A ambos extremos del segundo altar podemos ver varias aces que recuerdan las formas de los patos o los ibis.


Debajo de la escena central, en el nivel iferior enmarcad por cenefas vemos una espectacular procesión de guerreros dotados con escudos y subidos a carros tirados, en cada caso por tres caballos. Pueden erse claramente dibuajas las 6 patas correspondientes. Algunos de los soldados llevan tocados o penachos en la cabeza y en algunos casos portan lanzas.


Si rotamos la vasija 180 grados, en la parte opuesta de la escena principal en el nivel superior no encontramos nada sólo un modelo de cuerda ondulada sobre el cual hay una compleja composición geométrica de cículos concéntricos, romos y cruces gamadas.


En el nivel inferior, el cortejo de guerreros sigue avanzadn. Las asas laterales de la pieza tienen una decoración casi idéntica: ocho plañineras acompañadas por dos aves acuáticas. Guerra y muerte


Algunos otros talleres de cerámica geométrica son reconocibles por medio de figuras recurrentes y estilísticamente identificables, como el león acuclillado en la clepsidra del «Pintor del León» o los cisnes o aves acuáticas del «Pintor del Cisne».


En todo caso, aparecen en este arte escenas de violencia, pesimismo y combate que eclipsan incluso el guerrero arte micénico y que contrasta profundamente con el arte que comenzarán a desarrollar los griegos cuando la era de la oscuridad llegue a su final.



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