Cerámica de figuras negras

Actualizado: 7 de jun de 2019

Estudio detallado de los principales rasgos que distinguen a la primera fase de la cerámicá ática del periodo clásico: la cerámica de figuras negras



A partir de principios del siglo VI a.C. en la cerámica griega comienza a predominar la figura humana y, poco a poco, van dejándose atrás los últimos restos de las formas puramente geométricas del estilo más arcaico a medida que se avanzando hacia una mayor espontaneidad e independencia de los influjos orientales en busca de una identidad genuinamente helena.


En la segunda mitad de ese siglo los ceramistas atenienses se convirtieron en los más preciados del Mediterráneo, trasformando su oficio en una de las principales fuentes de riqueza del imperio. Las extensas redes de comercio y la enorme capacidad de producción convirtieron a los atenienses –y a los numerosos metecos o extranjeros que establecían allí sus talleres– en los verdaderos príncipes de la cerámica antigua.



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Y cuando hablamos de producción no debemos imaginar pequeñísimos talleres en el que un artesano producía unas pocas vasijas al mes.


LA FÁBRICA DE CERÁMICA DE SELINUNTE


En el año 2015 fue encontrada en la antigua ciudad de Selinunte - una de las colonias atenienses en Sicilia- la fábrica de cerámica más grande del mundo antiguo.

Los arqueólogos sacaron a la luz un total de ochenta hornos situados en el valle del río Cottone que proveía el agua necesaria para la mezcla de arcilla, -en muchos casos con vasijas todavía dentro-, extendidos por una superficie de 1250 metros cuadrados.


Los restos encontrados han sido datados por radiocarbono en el siglo V a.C. y las investigaciones han demostrado que en esta enorme fábrica se producían baldosas de terracota, vasos, estatuas para la cera perdida y una amplia variedad de utensilios de barro.

Los restos han demostrado que la fabricación de esta cerámica no era en absoluto sencilla y que incluso los más experimentados maestros sufrían frecuentes fracasos y accidentes. Sus restos aparecen rotos y diseminados por el suelo de toda la fábrica.

Pero ¿cómo se creaban las hermosas obras de arte que hoy podemos ver repartidas por todos los museos del mundo?

Tras dar la forma deseada a la arcilla con un torno rotatorio y dejarla al sol durante un día, tocaba iniciar el proceso de decoración que empleaba la misma arcilla que la usada en el moldeado de la vasija, pero con diversas mezclas minerales.


La propia arcilla era aplicada sobre el vaso con pinceles. Una vez terminada la decoración –un trabajo magistral de narración pictórica llevado a cabo por consumados artistas– el vaso debía pasar por el proceso de cocción -el más importante y arriesgado- ya que si no se completaba correctamente la vasija podía agrietarse o presentar manchas y alteraciones en el color que la hacían inservible para su venta.


En la primera fase de cocción, se hacía subir la temperatura a 800 grados Celsius y se mantenía el orificio de ventilación del horno abierto para permitir la entrada del oxígeno, con lo que se conseguía que la arcilla adquiriese un color rosa oscuro y el barniz un color marrón oscuro.


En la segunda etapa y con una temperatura de 950 grados, se cerraba el orificio de ventilación y se provocaba gran cantidad de humo, quemando leña verde. La cerámica se cocía sin oxígeno y con mucho humo y esto hacía que el barniz adquiriese un color negro intenso. En la última fase se hacía descender la temperatura a 900 grados, se abría el orificio de ventilación y se retiraba la leña verde. Así la arcilla se volvía de color rojo y el barniz mantenía el color negro intenso conseguido en la etapa anterior.


Para el éxito de la cocción los alfareros y pintores se solían encomendar a los dioses pues tenían la creencia de que los espíritus malignos de la cerámica -daemones keramiki- se metían en el horno para destruir los vasos. Testimonio de ello es el Himno de los alfareros que se cantaba antes de inaugurar un nuevo horno o bien al encenderlo en primavera cada año, puesto que se apagaban en invierno.




"Alfareros, si me dais una recompensa, cantaré para vosotros. Yo te invoco, Atenea, con la mano levantada sobre el horno. Permite que las ollas y todos los platos salgan bien y estén bien cocidos; que con ellos se obtengan buenos precios y que se vendan en abundancia en el mercado y en las calles. Permite que los alfareros obtengan grandes ganancias y concédanme que yo cante para ellos.

Pero si se vuelven deshonestos y hacen falsas promesas, haz venir a los destructores de los hornos Syntribos, Smaragos, Asbetos, Sabaktes y Omodamos quienes pueden traer el mal a este oficio. Llámalos a todos para que vengan y saqueen los hornos y los edificios, y que lo destruyan todo hasta que se oiga el fuerte lamento de los alfareros. (…) Y tú, hija del sol, Circe, la bruja, lanza hechizos crueles obre ellos y maldice tanto a estos hombres como a su trabajo. Haz que venga también Quirón con muchos otros centauros, los que escaparon de Hércules, para que con sus coces rompan todas las ollas y derriben este horno. Que los alfareros deshonestos vean su destrucción y se lamenten, pues yo me alegraré al verlos su infortunio. Y si alguno de ellos se inclina para mirar dentro del fuego del horno, haz que todo su rostro se queme, para que aprenda lo que es la honestidad y la sinceridad en los negocios".Epigramas de Homero, 14, I.


En el puerto del Pireo los arqueólogos han encontrado un enorme depósito de muestras de vasos bajo un pórtico donde los fabricantes exponían su producción y los comerciantes podían pasar sus pedidos. Algunos comerciantes ejercían de mediadores entre los fabricantes y los clientes lejanos de Egipto, Etruria, o Chipre…


FIGURAS NEGRAS


La escuela cerámica de Atenas desarrolló -a partir del año 630 a.C. hasta el 480a.C aproximadamente- la cerámica de figuras negras que resaltan sobre el fondo natural rojizo de la terracota.

Los detalles de la anatomía, que revela un interés cada vez mayor por el estudio anatómico, y del vestido se señalaban con finas incisiones sobre el barniz, sobre el que se pintaban detalles en rojo o blanco.


En esta fase, de la que conservamos numerosísimos ejemplos abundan las imágenes eróticas y satíricas. Aunque nos pueda sorpender, la cerámica es la disciplina que más nombres de artistas nos ha legado ya que era costumbre, tanto entre los alfareros como entre los pintores, dejar su nombre escrito en las piezas. Así que de la etapa clásica del arte griego no conocemos muchos arquitectos o escultores, pero sí decenas de magníficos pintores y ceramistas. Tantos restos en un estado excelente conservamos que podríamos dedicar un curso más largo que esta únicamente al estudio de la cerámica griega que nos cuenta toda la historia y toda la mitología de este espléndido pueblo. Así que resumiremos un poco y destacaremos sólo las figuras más iportanes.


SOPHILOS

En el año 580 a. C. aproximadamente nos encontramos con el pincel de Sophilos, ceramista que muestra un gran interés en la temática relacionada con el mundo homérico. Abundan en sus vasos los desfiles de animales graciosos y fuertes al lado de escenas mitológicas extraídas de la Ilíadacomo los funerales de Patroclo y las bodas de Tetis y Peleo.


Pueden verse en esta pieza toda clase de animales mitológicos como las sirenas y los centauros, acompañadas de leones y toros en un desfile dedicado al dios Dionisos.


Aquí podemos ver con mayor detalle la escena que mantiene el estilo minoico de representar a las mujeres con la tez blanca y a los hombres de piel oscura. Soprende la delicadeza del vesido de de Febe, adornado con escenas de esfinges, leones rampantes y gacelas.


Y aquí podemos ver la firma del pintor que nos ha permitido cocer su nombre. Literalmente la vasija nos habla y nos dice: “Sófilos me ha pintado”


VASO FRANCOIS

La pieza más importante que muestra el avance en el estilo de la cerámica ática desde el periodo arcaico es el llamado vaso François, firmado por el alfarero Ergótimos y el pintor Klitias, que realizaba los dibujos con una calidad y precisión extraordinarias. Su composición simétrica en forma continua y abierta es herencia oriental, pero con una innovación griega que consiste en resaltar el centro de la composición y cerrarla en los extremos. Este vaso tiene ya todos los rasgos que se pueden esperar de la cerámica ática: proporción, elegancia, firmeza grandiosidad. Junto a las escenas mitológicas abundan, como vemos, animales y monstruos de todo tipo.




NEARCHOS

En el segundo cuarto del siglo VI a. C. destaca el pintor Nearchos. Una de sus obras más conocidas sobresale como uno de los ejemplos más importantes de la negra miniaturista.

Se trata de este aríbalo de estilo corintio, este pequeño recipiente de apenas 7,8 cm de altura posee una decoración en miniatura que sólo cubre una pequeñísima parte de su superficie con una anchura de un solo centímetro. Si nos fijamos bien, lo que tenemos delante es una graciosa escena grotesca de la guerra entre los pigmeos y las grullas.

En las asas aparecen Perseo y Hermes, y en la parte central tres sátiros y dos tritones. El cuerpo de forma globular del aríbalo está decorado con franjas horizontales de color rojo, alternando el blanco y el negro, lo que acentúa la curvatura de la superficie.


PINTOR DE AMASIS

El pintor de Amasis representa, en cambio, el estilo monumental de la cerámica de figuras negras. En sus vasos, como el que tenemos delante, abundan las elegantes escenas mitológicas. Aquí podemos ver a Hércules en el Olimpo rodeado de Atenea y Posiedón. Pero también hay en su obra espacio para los sátiros gordos y velludos, en los que Amasis acentúa el carácter salvaje por medio de una intencionada semejanza con los cerdos.



EXEQUIAS

El último y quizá el más icónico pintor de figuras negras fue Exequias quien trabajó aproximadamente desde el 550 al 525 a.C. en Atenas. Los trabajos de Exequias se distinguen por sus grandes composiciones, dibujo preciso y sutil caracterización, que transcienden las inherentes limitaciones de la técnica de figuras negras.

Han sobrevivido once obras de Exequias, y aproximadamente 25 vasos y placas le han sido atribuidos. Uno de sus trabajos mejor conocidos es el ánfora que representa a Ayax y a Aquiles jugando a un juego de mesa en la que se puede leer “Exequias me hizo y me decoró” lo que indica que también fue el alfarero de la obra.

Por su nombre está firmada también esta bella pieza que muestra a Hércules en combate. Y este ánfora decorada con alegres bailarines.

Miles de vasijas han sido conservadas de esta época, pero si pudiéramos simplificar su temática en unas pocas categorías, diríamos que la primera temática que los atenienses amaban representar eran, por supuesto, los juegos deportivos.


Aquí podemos ver esta bellísima vasija con dos competidores enfrascaddos en la lucha o bien en un momento que buscaba el clásico estrangulamiento del pancracio. A Ambos lados vemos a los jueces, siendo una de ellas, a la izquierda la propia victoria, que, al mismo tiempo sobrevuela la escena en la que el triunfo todavía no se ha decidido. Es extemadamente buena la representación de los cuerpos enredados en la lucha, el punto de perspectiva y el momento elegido justo antes de la rendición.


En esta segunda vasija se repite la misma temática con una estructura muy semejante y común. Los dos luchadores forcejean sbre el suelo con la victoria sobrevolándoles y dos atentos jueces. El juez principal es el que tiene la varita en la mano con la que atizaba a los atletas en caso de trampa.


En esta tercera vasija de figuras negras vemos en plena lucha a dos boxeadores, claramente bien identificables por las protecciones de las manos. El boxeo, al ser menos violento requería un solo juez que, aun así, permanece muy atento, palo en mano por si acaso.


La última vasija de temática deportiva representa a un juez a la izquierda, un saltador de longitud con una altera en la mano que está señalando el número 3 con los dedos y un lanzador de jabalina.

La jabalina, precisamente, es un objeto que se sitúa a medio camino entre el deporte y el segundo tema favorito para las representaciones cerámicas griegas: la guerra


Aquí vemos a un feroz hoplia con casco, escudo y lanza, avanando feroz haca el enemigo.


Este segundo vaso representa la guerra de las guerras para los griegs, la guerra de troya. Concretamente el momento de la muerte de Patroclo, que yace inmóvil en el suelo mientras aqueos y troyanos luchan sin denuendo.

Por supuesto, también la mitología es omnipresente en la cerámica de iguras negras.

Aquí vemos esta curiosa representación de Ulises atado al mástil intentando no ser seducido por las sirenas que, como ya hemos esudiado, eran mujeres con cuerpo de ave.

En esta segunda pieza vemos a Hércules haciendo de las suyas, es decir, pegángose con todo tipo de monstruos. En este caso, siendo atacado por dos centauros que, como podeís ver usan piedras y ramas para atacar, exactamente igual que en las metopas del Partenón y en este otro por el mostruo triton.

Pero no todo es lucha y guerra en la cerámica ya que entre los griegos siempre había tiempo para las fiestas, los banquetes y el regocijo. Destaca este delicado músico, tocador del aulós, o este divertido baile que están disfrutando este grupo de sátiros y doncellas.




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