El auriga de Delfos

Actualizado: 6 de may de 2019

Análisis de la célebre estatua de bronce del auriga de Delfos perteneciente al periodo severo del Arte Griego


En torno al año 474 a.C. el tirano de Sicilia, Polizalo, ganó una carrera de carros en los juegos délficos y para celebrar su propia victoria ordenó erigir en su honor una cuadriga de bronce.


Su conductor, la única pieza del conjunto que ha llegado hasta nosotros es el famoso Auriga de Delfos, el más antiguo de los bronces clásicos encontrados hasta ahora.




De tamaño natural -con una altura de 1,80 metros- representa a un joven vestido con un quitón largo que sostiene en las manos unas riendas y vuelve hacia un lado su cabeza ceñida por la diadema de vencedor. Todos y cada uno de los pliegues de su vestido son completamente diferentes, logrando una imagen de sencillez que en realidad brota de la más absoluta sofisticación.

La estatua conserva íntegros los ojos de cristal, destacan sus rizos y las patillas que se unen con la barba.




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A primera vista la figura erguida recuerda mucho las esculturas arcaicas. Sin embargo, frontalidad es superada aquí gracias a la introducción de detalles sutiles que aportan tridimensionalidad: los pies se sitúan oblicuamente respecto al cuerpo que acentúa levemente la torsión lateral. Esta torsión se manifiesta en el juego de los pliegues de la túnica, ceñidos en la cintura y sueltos en el torso que crean un volumen que rompe con el hieratismo propio de épocas pasadas.

Este movimiento es casi insignificante y está muy lejos de mostrar la figura realista de un auriga montando en un carro, no hay naturalidad en ella, pero sí que es innegable la ruptura con la monolítica quietud de épocas anteriores.



Como ha ocurrido con el caso de los tiranicidas, es necesario advertir que a partir de ahora muchas de las representaciones artísticas que vamos a estudiar son copias romanas porque la inmensa mayoría de originales del periodo clásico se han perdido.

El altísimoprestigio que alcanzó el arte griego fomentó, primero en la etapa helenística y después durante el periodo romano el desarrollo de una enorme industria dedicada exclusivamente a copiar los ejemplos más bellos del arte griego. Estas copias, realizadas la mayoría de las veces por escultores griegos nos ayudan a cubrir las grandes lagunas que tenemos en algunos periodos. Los expertos han logrado determinar con gran precisión la calidad de las copias que, en la mayoría de los casos es muy buena e incluso excelente.




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