Arte micénico

Actualizado: 22 de abr de 2019

Exposición detallada de las principales representaciones de la cerámica, la escultura y la pintura de la civilización micénica



PINTURA MICÉNICA




En lo que hace a la pintura, han llegado hasta nosotros muy pocos restos de los palacios micénicos pero lo suficientemente relevantes como para poder determinar el gran influjo del gusto minoico en su decoración mural. Destaca, por encima de todas las representaciones, la llamada Dama de micenas que muestra un enorme parecido con las figuras femeninas minoicas aunque con la clara distinción de que tiene los pechos cubiertos.




En lo respectivo a la escultura destacan, ante todo, las estelas funerarias halladas sobre las tumbas que suelen presentar escenas de caza con carros de diversos animales, incluidos leones, que, de nuevo, nos recuerda a la caza de los leones de los bellísimos relieves asirios.




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La manifestación más abundantes de las artes menores micénicas es la cerámica que, sin tanto fasto como los casos anteriores, nos ofrecen una información más amplia acerca de los gustos artísticos micénicos e incluso algunos acontecimientos clave de su historia.


Las primeras fases de la cerámica minoica presentan una palmaria dependencia de los modelos estilísticos minoicos siendo claras imitaciones de las producciones de sus predecesores. No obstante, con el paso del tiempo los micénicos desarrollaron sus propias ideas y estilos, entre los que destacan tres tipos principales:



En un primer momento encontramos la denominada cerámica miniana, caracterizada por un color grisáceo que pretende buscar en sus formas y tonalidades la imitación de los vasos metálicos. Han llegado hasta nosotros muy pocos ejemplos pero muy representativos como estas dos copas de pie alto que repiten un escueto pero elegante modelo de espirales y volutas.

En segundo lugar, los micénicos desarrollaron el llamado estilo esquemático que emplea modelos esquemáticos y sencillos de flores y animales marinos que repite una y otra vez sobre fondos claros con tonalidades marrones o rojizas y a veces en tonos oscuros. Se trata de una clara continuación del estilo floral y el estilo marino minoico pero con una factura muy inferior.

Podemos ver en la cerámica micénica muchas veces repetido el pulpo, que tanto adoraban los minoicos, sin embargo, en este caso las representaciones pierden naturalidad, pierden la vida y el movimiento que tenían en las obras de sus creadores iniciales y se hacen más rígidas y menos espontáneas.

Finalmente, el tercer estilo, el más elaborado e interesante, sobre todo porque rompe con las tendencias minoicas, es el estilo pictórico en el que se repiten constantemente escenas de carros, animales y figuras humanas.

Como podéis observar la delicadeza y precisión en el trazado de las figuras humanas y animales se han perdido volviéndose cada vez más esquemáticos.


En este fragmento de crátera podemos ver un caballo junto a dos guerreros que parecen sujetar un escudo y debajo del caballo un perro. Es importante que os fijéis en el hecho de que a partir de este momento la figura del toro desaparece en el ideario griego y, poco a poco, comenzará a imponerse el caballo que será el animal predilecto de los griegos de la época arcaica y clásica. A nuestra mente viene, por supuesto, el caballo de Troya que simulando volver a sus casas los griegos dejaron en las playas de Ilión con una frase grabada «Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea».

Es decir, a partir de este momento, para los griegos el caballo será uno de los animales predilectos para los sacrificios más solemnes. En la propia Ilíada hallamos una escena parecida a la de esta crátera cuando Aquiles, roto por el dolor de la pérdida de Patroclo comienza a preparar sus funerales. Así nos lo relata Homero:


“Aquiles, después de llorar a Patroclo consumido por la fatiga, duerme. Entonces Patroclo se le aparece en un sueño y le pide que disponga sus funerales Así lo hace Aquiles, sacrificando para ello perros, caballos y doce troyanos jóvenes. Él mismo se corta el cabello y después se celebran juegos en su honor.”

En esta segunda crátera vemos de nuevo, dibujado bajo el mismo estilo, un poderoso carro que, de nuevo nos recuerda al carro con el que Aquiles en la Ilíada arrastró el cuerpo del príncipe Héctor en venganza.





No obstante, una de las piezas más destacadas y controvertidas de la cerámica micénica es el llamado vaso de los guerreros. A primera vista, la vasija no parece tener nada de especial ya que sólo parece reflejar una escena bélica, un desfile de feroces soldados, que encajaría muy bien con el carácter guerrero de los minoicos,. No obstante, esta pieza revela algo mucho más siniestro que puede estar relacionado directamente con la desaparición de la civilización micénica y con el hundimiento en la era oscura de todos los pueblos del Egeo.

Gracias a la afortunada conservación en los enterramientos de panoplias casi completas, es decir, de armaduras micénicas con todas sus piezas, los expertos han logrado alcanzar una imagen bastante clara de cómo debía ser la imagen de un soldado micénico.


Normalmente la infantería solía ir equipada con cascos de cuero con bandas de bronce cosidas y con una armadura fabricada con el mismo material bajo la cual colocaban varias capas muy apretadas de lino que les servía como protección. A modo de defensa los soldados minoicos usaban escudos de madera de gran tamaño cubiertos también con capas de piel y realizaban el ataque con espadas, puñales y lanzas con puntas de bronce.





PANOPLIA DE DENDRA



Los generales y las clases más altas llevaban grandes corazas, la más famosa de ellas es la panoplia de Dendra. Se trata de una coraza de bronce de cuerpo entero con peso inferior a los 15 kg y formada por unas quince piezas de bronce de un milímetro de grosor, separadas por tiras de cuerpo. No bstante, lo más destacable de esta armadura es el casco de colmillos de jabalí que la corona y que coincide exactamente con la descripción de los cascos de los micénicos ofrecida por Homero en la Ilíada. Aquí podemos ver un ejemplo del mismo casco en una estatuilla de marfil.


“Meríones dio a Ulises un arco, una aljaba y una espada; y en la cabeza se caló un casco de bovina piel. En su interior, múltiples correas muy prietas lo tensaban; por fuera, blancos colmillos de jabnalí, de albos dientes, se sujetaban densos aquí y allá con pericia y destreza, y en el fondo estaba forrado de fieltro.”Homero, Ilíada, X, 261 – 265.

No obstante, la armadura de los guerreros de la crátera no se parece en nada al estilo micénico. Estos guerreros llevan una armadura corta que podría ser un corsé de piel con un delantal de cuero a franjas muy muy parecido al tipo de protección que llevan los guerreros de los pueblos del mar que aparecen en el templo funerario de Ramses II en Medinet Habu, que ya estudiamos cuando centramos nuestra mirada en el disco de Festo.




EL FINAL DE LOS MICÉNICOS



Es precisamente a estos misteriosos pueblos del mar a los que algunos expertos les atribuyen el final de los minoicos. Entre los siglos XIII y XII a.C la sociedad minoica sufrió una abrupta y completa desintegración, el colapso total de todas sus estructuras hecho del que dan muestra las murallas completamente destrozadas de las fortalezas de Micenas, Tirinto y Pilos. Las medidas de protección y almacenamiento de víveres no fueron suficientes y, a partir del año 1200 antes de nuestra era los minoicos fueron barridos de la faz de la tierra.

Los arqueólogos, al igual que ocurre con el caso de los minoicos, no han terminado de ponerse de acuerdo en las causa precisas que precipitaron su caída. Se han sugerido los efectos adversos de un cambio climático, terremotos y otras catástrofes naturales que pudieran haber empujado a la población a abandonar por completo sus ciudades en busca de lugares más favorables para la vida.


Sin embargo, estos factores no bastan para explicar la desolación completa que se extendió por todo el Egeo a partir de este punto cronológico, de ahí que las dos teorías más extendidas son las de las invasiones de dos grupos humanos completamente diferentes que se hicieron con el poder y derrumbaron los reinos micénicos.


Los primeros fueron los dorios que no eran, sin embargo, un pueblo ajeno a la cultura que comenzaba a fraguarse en el Egeo. Se trataba de una de las tribus griegas que provenía originalmente del norte de la Grecia Antigua. Por circunstancias desconocidas todavía parece que en torno al siglo XIII realizaron un desplazamiento masivo hacia el sur de la Península del Peloponeso y hacia las islas del Egeo produciendo la desestabilización de la población residente que, en este caso eran los micénicos.


Pero cómo un pueblo migrante, seguramente empujado por la necesidad pudo haber acabado o, al menos, desequilibrado la civilización micénica. La clave del poderío dorio estaba en un metal que habría de dar nombre a una nueva era. Frente al aristocrático bronce micénico, los dorios estaban pertrechados con poderosas armas de hierro que les permitieron someter a todos los pueblos carentes de esta tecnología.




La segunda teoría que apuesta por las causas humanas en el derrumbe de la sociedad micénica sostiene que junto a las invasiones dorias, aparecieron por las mismas fechas unos misterioso invasores que ya habían arrasado el imperio hitita, Siria, Canaán donde incendiaron sus ciudades así como Chipre y Egipto.

De los enfrentamientos de los pueblos del mar contra los egipcios nos queda el testimonio de Ramses III que en las inscripciones del templo Medinet Habu nos cuenta.


“Los países extranjeros se conjuraron en sus islas. Entonces se dispersaron y entraron en batalla con todos los países a la vez, y ningún país podía resistir sus armas. Organizaron un campamento en un sitio de Amurru y asolaron su pueblo como si jamás hubiera existido. Vinieron entonces, la llama preparada ante ellos, hacia Egipto. (….) Tracé mi frontera den Dyahi (territorios de siria controlados entonces por Egipto) preparé frente a ellos a los príncipes locales y comandantes de guarnición. Hice preparar las bocas del río como un fuerte muro con barcos de guerra, transportes y esquifes. Estaban totalmente equipados tanto a proa como a popa, con valientes soldados y con la infantería más escogida de Egipto. (…) "Para aquellos que avanzaron juntos sobre el mar, la llama ardía delante de ellos en las bocas del río y una empalizada de lanzas les rodeaba en la orilla (...) Se preparó una red para atraparles, aquellos que entraron en las bocas del río quedaron encerrados y cayeron dentro de ella, clavados en sus puestos, muertos y despedazados. Fueron arrastrados, anulados, yacían sobre la playa, muertos y amontonados de popa a proa de sus naves mientras todas sus cosas eran arrojadas al agua".


Los egipcios pudieron contener el ataque de los pueblos del mar pero no tuvo la misma suerte la ciudad portuaria de Ugarit que quedó arrasada hasta los cimientos. En una antigua tablilla hemos conservado las palabras de temor de uno de sus gobernantes ante el inminente ataque


“Me escribes que se ha divisado en el mar al enemigo navegando. Incluso si es cierto que se han visto embarcaciones enemigas, mantente firme. Tus tropas, tus carros ¿dónde se encuentran situados? ¿los tienes a mano? ¿quién te presiona tras el enemigo? Fortifica tus ciudadelas, sitúa ante ellas tus huestes y carros y aguarda al enemigo con pie firme.”

Seas cuales sean las causas que llevaron a los minoicos a su desaparición estas afectaron a todo el egeo hundiendo a la cultura griega en lo que ha venido a conocerse como: la Edad Oscura.