Alejandro Magno y la helenización del mundo

Actualizado: 19 de may de 2019

Exposición detallada de la biografía de Alejandro Magno y de su capital influjo en la expansión de las ideas griegas por el mundo conocido dando lugar al llamado periodo helenístico de la civilización griega.


ALEJADRO MAGNO


El ser humano al que el destino había reservado la tarea de llevar todas las ideas artísticas junto al resto de la cultura griega al mundo entero, garantizando con ello la reverencia de cientos de generaciones por el pueblo griego, fue el jovencísimo príncipe macedonio Alejandro, a quien a historia le daría por sobrenombre el Grande.


Si bien Macedonia formaba parte del mundo heleno, para su capital intelectual y cultural, Atenas, los macedonios no eran más que bárbaros del norte que apenas merecían tener el nombre de griegos.


Unida bajo una férrea monarquía al mando de Filipo II, a pesar del desprecio ateniense, Macedonia comenzó a desarrollarse económicamente y a expandir su territorio mediante un conjunto de amplias y muy agresivas campañas militares.

Filipo reformó el ejército y creó un conjunto de elite capaz no sólo de defender su tierra sino de atreverse a abandonar suelo griego para hacer frente al enemigo extranjero.




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Su creciente poderío hizo que en la mente del rey comenzara a fraguarse una idea que le garantizaría, de lograr el éxito, el dominio incuestionable de toda la Hélade. ¿Su propósito? consumar la venganza contra los persas que hacía ya casi un siglo, habían invadido, arrasado y humillado la cultura griega.

Filipo pensó que el momento había llegado y que su creciente fuerza militar le permitiría alcanzar la mayor gesta concebible: que un pequeño pueblo griego ataque primero preteniendo someter al vasto imperio aqueménida. Una pura locura para todos los que formaban su corte, fantasías de una personalidad desbordada y encendida demasiado a menudo por el fuego del alcohol.

Practicante de la poligamia, como era costumbre y tradición en Macedonia, Filipo II contrajo matrimonio en cuartas nupcias con Olimpíade, una sacerdotisa del templo de Samotracia perteneciente a una noble familia no macedonia que le dio dos hijos: Alejandro y Cleopatra.


El nombre de la hermana de Alejandro nos debe sonar mucho, y es conveniente aprovechar este momento para recordar que la célebre reina de Egipto y amante de Julio César y Marco Antonio era una reina ptolemaica, es decir, de origen griego y que su nombre era, por tanto, griego. Casi sin excepción todas las mujeres de la dinastía de los faraones ptolomeos fueron llamadas Berenice o Cleopatra. Concretamente, la más famosa de ellas se llamaba Cleopatra Filópator Thea.


Κλεοπάτρα, compuesto de κλέος (gloria) y πατήρ (padre), gloria del padre.Filopator amada por su padre, diosa.


Practicante de antiguos cultos mistéricos Olimpíade , la madre de Alejandro sufría, según los testimonios de la época, numerosos éxtasis y alucinaciones. En uno de ellos, antes de yacer con Filipo, soñó que un rayo de Zeus atravesaba su vientre y poco después pudo saber que estaba embarazada de Alejandro.

Los sueños, como recordáis, eran para los griegos el canal sagrado de comunicación con sus dioses y aquel fue interpretado por Olimpíade como una revelación del insigne destino que agurdaba a su hijo.


Cuando Alejandro creció, al ser el primogénito de la esposa principal, fue declarado heredero, pero tras un nuevo matrimonio de su padre con una bailarina macedonia, su relación degeneró pues muchos miembros de la corte consideraron al hijo de esta con Filipo un verdadero heredero de pura sangre macedonia para el trono.


No obstante, la compasión no era un valor predominente en Grecia y Olimpíde se encargó, según creen la mayoría de especialistas, de asesinar tanto a la madre como al hijo rival de Alejandro, dejando el terreno despejado para el que creía verdadero hijo de Zeus.


Padre e hijo se reconciliaron pero, poquísimo tiempo después Filipo también moriría asesinado por un mercenario y, de nuevo, todos los rumores apuntaron a Olimpíade quizá harta de los arrebatos y costumbres bárbaras de su marido.

Con tan solo 20 años Alejandro se puso al mando de Macedonia. Filipo había muerto, pero no su idea, que volvió a prender en la mente de su heredero que subió al trono con la firme idea de llevar a la apoteosis el sueño de su padre.

A pesar de su furia guerrera y de su fama como gran conquistador que basó sus triunfos en la espada Alejandro no fue sin embargo, un simple y estúpido soldado movido meramente por la pura sed de gloria y muerte, sino un refinado conocedor de la cultura helena que había recibido la más refinada educación impartida por el más grande de todos los maestros concebibles: Aristóteles.

Elgran genio de la filosofía clásica griega era de origen macedonio y con 17 años había sido enviado por su familia a estudiar a Atenas en la Academia de Platón, el lugar más prestigioso intelectualmente de toda la Antigüedad que se mantuvo en activo ocho siglos.


Allí no sólo Aristóteles aprendió el pensamiento de Platón sino que desarrolló su propia visión del mundo en diálogo y crítica constantes, ambas actitudes propias de la filosofía en su versión más elevada.

Pues bien Aristóteles, a quien la historia ha honrado con el apelativo de “El filósofo” – designándole así como el primero entre todos los que se merecen tal título- fue el maestro de Alejandro durante cuatro años.

Desconocemos los detalles de su enseñanza pero sin duda tuvo que ser estimulante y muy al contrario de lo que afirman ciertas novelas ridículamente más documentadas, probablemente el ansia de exploración y descubrimiento fue avivada en Alejandro por Aristóteles.



Dotado de valor, inteligencia, brío, entusiasmo, juventud y de un ejército de elite, Alejandro estaba preparado para dar la vuelta a la historia.

No obstante, la expansión y las pretensiones de los macedonios durante el reinado de Filipo II había irritado enormemente al resto de polis, pero ante todo, sacaba de quicio a los atenienses que veían lentamente declinar su poder ante el avance de un bárbaro insolente.

Azuzada por el célebre orador Demóstenes Atenas declaró la guerra a Macedonia, enfrentamiento que culminó con la desastrosa derrota de los atenienses en la batalla de Queronea y a partir de ese momento, la hegemonía macedonia pasó a ser incuestionable.


Una vez sofocado todo intento de rebelión en tierras helenas y recibida la sumisión absoluta del alma de Grecia, Atenas, Alejandro estuvo peparado para iniciar su primera gran etapa de expansión que consistió en liberar diversas regiones de Asia menor antiguamente colonias griegas, griegas del dominio persa. El gran rey aqueménida Darío III y Alejandro entablaron batalla por primera vez en Issos en el 333 a.C.


La caballería macedonia aplastó a las tropas persas que, a pesar de su superioridad numérica no fueron capaces de mantener la formación. Al ver la descomposición de su ejército, Darío sintió pánico y decidió abandonar su ejército a su suerte huyendo hacia zonas más seguras. Este acto significó una humillción sin límite ante los griegos, para quienes el valor – la andreia- es decir, el coraje en la batalla era uno de los más elevados principios morales. Siendo, además, la muerte en combate la más honrosa para un varón. Su huida elevó los ánimos griegos rompiendo su imagen de divinidad indestructible y animó al ejéticto de Alejandro a avanzar sobre tan pusilánime pueblo.

Sin embargo, tras esta primera victoria Alejandro no marchó directamente contra el imperio persa sino que decidió esperar y darse un merecido descanso tomando primero Egipto, que se le entregó sin resistencia.

En la desembocadura que forma el delta del Nilo, Alejandro fundó además una de las más célebres ciudades que bautizó en su honor, la célebre Alejandría, que si bien no fue la única pues hubo otras 200 Alejandrías- si fue la más importante desde el punto de vista artístico y cultural por la actividad que posteriormente se desarrollaría en su famosa biblioteca.


Egipto y su milenaria cultura marcaron profundamente a Alejandro que se proclamó faraón y adopotó el cultuo del dios Amón, práctica completamente inaceptable para muchos de sus compañeros.

Aquí podemos ver una de las múltiples representaciones de Alejandro faraón que muestra el mestizaje y el sincretismo que entre ambas culturas comenzó a fraguarse desde aquel momento. Un proceso parecido ocurriría en Roma tras los amoríos de Cleopatra y Julio César. Egipto literalmente se puso de moda y contagió todo el panteón olímpico produciendo la aparición de numerosos dioses híbridos como Zeus-Amón o Serapis.

Tras su exótico retiro en Egipto, Alejandro volvió a las armas y retomó el sueño y las ambiciones de su padre que terminaron de fraguarse en la madrugada del 1 de octubre del 331 a.C. en la celebérrima batalla de Gaugamela.

Una segunda vez, al ver a su ejército diezmado, Darío emprendió la fuga sin atreverse a enfrentarse directamente con Alejandro. El peligro que corría Parmenión, uno de sus generales, impidió a Alejandro perseguirle perdiendo la única oportunidad que tendría de enfrentarse al rey pues éste acabaría asesinado pocos meses más tarde por unos saquedores de caminos.

No obstante, a pesar de haber huido éste fue final del gobierno de Darío y en el mismo campo de batalla Alejandro fue proclamado rey de Asia.

Gran parte del mundo conocido estaba ahora en sus manos, así que el joven emperador decidió ir a conocer lo que ahora era suyo.

Primero Alejandro dirigió a su ejército a Babilonia, la más célebre, hermosa e importante ciudad del imperio persa en la que fue recibido con honores y sin oposición alguna.



Los inmensos tesoros de oro y plata hallados en Babilonia acabaron de un plumazo con todos los problemas económicos de Macedonia.

Más de 50.000 talentos en oro y planta fueron amontonados y entre los innumerables tesoros que Alejandro encontró en Babilonia estaban, nada más y nada menos, que las estatuas de Aristogitón y Harmodio, los tiranicidas, que habían sido saqueadas por Jerjes, y que Alejandro mandó que fueran devueltas a Atenas. Una enorme parte de los cientos de kilos de oro incautado fue acuñada en forma de moneda y repartida por todo el Mediterráneo.

La segunda gran capital visitada por Alejandro fue Persépolis, ciudad que, sin embargo, no recibió el mismo trato que Babilonia, sino que en venganza por saqueo de Atenas, fue quemada hasta los cimientos, saqueada, sus mujeres violadas y los hombres masacrados.

Todo parece indicar que las tropas jamás habrían aceptado que Alejandro perdonara Persépolis ya que todo el sentido de aquella enorme epopeya, de aquella aventura gigantesca que los había expuesto a los mayores peligros y alejado años de su patria era la de vengar los ataques persas.

No obstante, oriente fluía cada vez con mayor caudal por las venas de Alejandro que no sólo era el faraón de Egipto, sino que fue proclamado gran rey-dios de los persas exigiendo atodos su súbitos realizar ante él la proskinesis, es decir, postrarse simbólicamente reconociendo su poder y divinidad. Algo que tampoco gustó a sus generales, sus compañeros y amigos desde la infancia.

A medida que los griegos avanzaban por las tierras orientales estableciendo nuevas ciudades y puntos de gobierno, al igual que haría Roma siglos más tarde, contagiaban también las ideas de su cultura, sus gustos estéticos y su ciencia. No obstante, también al igual que haría los romanos despúes, los griegos no fueron impermeables a los influjos persas sino que muchos de los que formaban el ejército de Alejandro acabaron adoptando costumbres y creencias de los nuevos territorios descubiertos.


Dos hechos marcaron el talante integrador y mestizo que Alejandro decidió imprimir a su imperio: su boda con Roxana, una princesa bactriana que fue rechazada por la nobleza macedonia y las bodas de Susa.

En el segundo caso no fue Alejandro, sino más de 10.000 de sus soldados y oficiales macedonios quienes desposaron a otras 10.000 mujeres persas sellando una unión que iba más allá de la mera conquista militar.

Juegos deportivos y espectáculos de todo tipo, tañedores de arpa de todo occidente y oriente, malabaristas, acróbatas, danzarines, actores de comedia y tragedia, cinco días de festejos y una dote de más de 3.500 talentos de oro solo se vieron alterados por un negro suceso que presagiaba la futura muerte del rey.

En el camino de su marcha por oriente, en la actual región de Pakistán, los griegos entraron en contacto con lo que ellos denominaron gimnosofistas, que no eran sino santones y ascetas hindúes que proclamaban la abstención de todos los placeres y la carne, desarrollando, como es el caso de los faquires una asobrosa tolerancia al hambre y al dolor. Los griegos se sintieron profundamente impresionads por estos sabios y Alejandro luchó por hacer que uno de ellos, conocido entre los griegos como Kálanos, se univera a su corte.

Cuando Alejandro conoció a Kálanos en Taxilia en el añor 326 a.C. este debatía con otros santones sobre cuestiones religiosas. Cuando Alejandro se acercó Dándamis, el líder y gurú de la comunidad de ascetas, vaticinó su muerte. Su célebre presagio reaba así:


“Rey Alejandro, mucho te has alejado de la tierra de tus antepasados, has recorrido el orbe entero creándote multitud de problemas y creándoselos a los demás pero pronto estarás muerto, y la única tierra que poseerás será la que cubra tus restos mortales”.

  A pesar del funesto presagio Alejandro consiguió convencer a Kalamos para que se uniera a su corte. Cuando las bodas de susa se celebraron el asceta, que ya contaba con mas de 70 años de edad, estaba a las puertas de la muerte. Siguiendo las costumbres de su religión, pidió que se le preparara una pira funeraria para inmolarse en vida. Este acto, presenciado por varios generales de Alejandro entre los que estaba Nearco les dejó literalmente sin palabras, ya que el asceta ardió hasta morir sin mostrar un solo rastro de dolor. Antesde fallecer, no obstante, el asceta formuló un último prsagio:

“ Nos volveremos a ver muy pronto, rey Alejandro, cuando llegues a Babilonia “…..

La amistad de Alejandro con estos extaños personajes y su asimilación de las diversas costumbres persas desagradaban a muchos de los griegos. Así cuenta Quinto Curció, mostrando el desprecio reinante, cuán chocantes y diferentes eran para los griegos algunas de las costumbres persas.


«En toda Persia las diversiones durante los banquetes son la pasión de los monarcas y de los dignatarios de la corte. Los habitantes de Babilonia se entregan al vino y a todos los efectos de la borrachera. El comportamiento de las mujeres que participaban en los banquetes es, al comienzo, honesto; después se desvisten mancillando su pudor, quitándose

los velos íntimos de su cuerpo. Esta conducta indecente no es sólo propia de

las meretrices, sino de las madres y de los varones, que consideran La exposición y venta del cuerpo como un comportamiento mundano».

Altamente improbable por no decir falsa esta idea de que la costumbre de beber y disfrutar de los banquetes la tomó Alejandro de los persas cuando todo el arte y la literatura griega ática anterior habla sin cesar de sus fiestas. No obstante, todos los males de Alejandro eran achacados a su orientalización:

... Por los banquetes comenzados antes de tiempo; por la pasión insana y desmedida por la bebida y por estar despierto hasta muy tarde, así como por la afición a los espectáculos y las concubinas. Alejandro cedió a las costumbres extranjeras, imitándolas

como si fueran preferibles a las de su tierra natal. Los nuevos usos eran ofensivos para

la sensibilidad de sus compatriotas griegos hasta tal punto que muchísimos de sus

amigos le consideraban un traidor».



MUERTE DE ALEJANDRO MAGNO

A comienzos del año 323 el jovencísimo emperador había alcanzado en Babilonia los 32 años de edad al mando de un desbordante imperio que se extendía desde las orillas del Danubio hasta las cimas el Himalaya.

Durante el verano, según relatan sus biógrafos, Alejandro se dedicó a inspeccionar unos canales pantanosos de la ciudad con la intención de mejorar el suministro de agua exponiéndose, sin saberlo, a las gravísimas picaduras de los mosquitos portadores del paludismo.

En estos meses Alejandro había comenzado a preparar una nueva y aún más ambiciosa campaña, la conquista de la península arábiga que comenzaría con una expedición forada por mil barcos de guerra.

Pocosdías después del paseo por la zona pantanosa, Alejandro empezó a dar muestras de enfermedad sufriendo, sobre tod, fuertes fiebres por la noche. En menos de un mes el estado de salud del rey degeneró hasta el punto de que el siete de junio sus generales empezaron a temer por su propia vida y dos días después el ejército comenzó a inquietarse pues comenzaron a correr rumores de que Alejantro había muerto. Cuando algunos de sus soldados pudieron entrar en el palacio encontraron a su rey en el lecho de muerte consumido por la fiebre y los delirios.

Alejandro los saludó con los ojos porque ya había peridido la voz. Con sus últimas fuerzas pidió que su cuerpo fuera enterrado en el santuario del Amón en Egipto y entregó su anillo de regente a Perdicas. Desesperados ante su inminente muerte, sus generales le preguntaon: ¿A quién legas tu reino?

Un leve susurro fueron las últimas palabras de Alejandro que aún hoy crean debate pues algunos creen que el rey dijo "Krat'eroi" (‘al más fuerte’) y otros que dijo "Krater'oi" (‘a Crátero’). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada.

Todo parece indicar, según los eruditos que, sin duda Crátero había sido la mejor opción y la elección que seguramente habría tomado Alejandro porque éste era el comandante de la infantería macedonia, un excelso estratega y un gran amigo de Alejandro. Pero lamentablemente Crátero no estaba ahí, asíque todos los presentes decidieron interpreta que Alejandro había decidido dejar su reino al más fuerte, cualidad que determinarían en las competiciones de los espectaculares juegos funerarios que, al igual que Aquiles celebró a la muerte de Patrocolo, ellos organizarían para Alejandro. Sin embargo, la rivalidad entre sus sucesores desbordó con creces los límites de las normas olímpicas y dieron paso a crueles guerras y enfrentamientos que fragmentaron el reino de Alejandro en múltiples pequeños territorios conocidos como monarquías ptolemaicas.

El reparto de los territorios más importantes entre los didádocos o generales herederos del imperio quedó de la siguiente manera:

Asia o, mejor dicho, todo el imperio persa quedó en manos de Antígono, el más mayor de todos y el más poderoso que se hizo con el territorio más vasto no obstante, rápidamente perdió gran parte de sus territorios contra Ptolomeo y Seleuco. La dinastía antigónida se quedaría solamente con el control de macedonia.

Elprimero de los que arrebataron tierras a Antígono, Ptolomeo, se quedó con Egipo creando la dinastía helenística más estable de todas, la de los faraones ptolomenos a la que perteneció la última de la historia de Egipto, Cleopatra Filópator Thea.

Tracia y Asia Menor quedaron en manos de Lisímaco y Babilonia y Siria, en manos de Seleuco que dio lugar a la dinastía seleúcida.

El 10 de junio del 323 a.C. fue feclarada la muerte oficial de Alejandro Magno, que al parecer se mantuvo incorrupto y como vivo dutante tres días. Seguramente el rey cayó hundido en un coma profundo antes de fallecer, un síntoma inequívoco de la malaria.

Inmediatamente tras su muerte, los generales comenzaron a competir por ser los encargados de hacer cumplir la voluntd de Alejandro. Pérdicas, regente del Imperio, que había recibido el anillo decidió, no obstante llevar el cuerpo de Alejandro a Macedonia. Para su translado se construyó un enorme catafalco, un templo rodante extravagante y lento rodeado por un enorme cortejo que tardó meses en salir de los territrios asiáticos. Durante la larga travesía, Ptolomeo ganó poder y decidió secuestrar el cadáver de Alejandro y llevarlo a Egipto, según había sido su deseo.

Pérdicas, furioso, atacó Egipto con todo el ejército en la primavera del 321 a.C. Sin embargo, intentó dos veces forzar el cruce del Nilo fallando en ambas oportunidades y teniendo como consecuencia enormes pérdidas entre sus propias tropas. Muchos fueron arrastrados por el río y devorados por cocodrilos. Sus propios oficiales asesinaron a Pérdicas y ofrecieron la regencia a Ptolomeo.

La llegada del cuerpo de Alejandro a Egipto inicia uno de los puntos más oscuros y enigmáticos de la historia, pues a pesar de su inmensa fama e ilustre lugar en la historia, hoy en día, no tenemos ni idea de dónde está el cuerpo de Alejandro Magno.

Los expertos consideran que inicialmente Potolomeo decidió usar una tumba vacía que había sido preparada para el último faraón egipcio, Necanebo II que fue expulsado tras la llegada de los griegos. La tumba se habría localidzado en el Serapeo de Saqqara, Menfis es decir, en el templo del dios híbrido Serapis. Este templo fue desubierto en el siglo XIX y en él se hallaron estatuas griegas de tamaño naturale que representaban a poetas y filósofos griegos como Píndaro, Platón o Aristóteles, pero ni rastro del cuerpo de Alejandro.

Según los confusos testimonios e la época, Ptolomeo II Filadelfo decidió trasladar la tumba de Alejandro de Menfias a Alejandría en una fecha incierta del III siglo antes de Cristo.

No nos ha llegado ningún detalle de la tumba construida por Filadelfo, pero existe la pequeña posibilidad de que la magnífica antecámara del túmulo de la tumba se encontrara en 1907 dividida en trozos, en los cementerios latinos de la moderna Alejandría.

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