¿Qué es el relativismo?

Estudio detallado de los presupuestos que sostienen la corriente filosófica conocida como relativismo moral, sus fundamentos y las consecuencias que implica la asunción de esta posición ética



¿Qué es lo que habitualmente nos lleva a aceptar que las palabras bueno y malo, tienen no sólo un sentido absoluto sino un significado universalmente válido?

¿Es posible hablar de valores universales o quizá sólo se trata de construcciones culturales y, por ello, cronológicamente y geográficamente limitadas?


Una cuidadosa perspectiva histórica nos hace ver que las coincidencias en las ideas morales de las distintas épocas de la historia son mayores de lo que comúnmente se cree. Lo que ocurres es que habitualmente estamos sometidos a un error de óptica o a falta de datos. Las diferencias nos llaman más la atención porque las coincidencias son evidentes. Nos hace más gracia subrayar lo deleznable de la práctica del canibalismo que el carácter aparentemente común de la consideración positiva de la generosidad y el altruismo.

En casi todas las culturas de las que los antropólogos han tenido noticias existen deberes de los padres para los hijos y de los hijos para los padres. Por doquier se ve la gratitud como un valor y, en general, se desprecia al egoísta. Casi universalmente rige la imparcialidad como una virtud del juez o el valor como una virtud del guerrero.


Estas diferencias y coincidencias son las que nos obligan a preguntarnos por la posibilidad o no de hablar de la existencia de un criterio universal o medida para juzgar el carácter ético de las acciones.

En nuestra época la respuesta casi automática que todos damos a esta pregunta es negativa y está basada en el relativismo moral posición según la cual no existen valores universales.


No obstante, es muy importante distinguir entre el relativismo absoluto y el relativismo parcial. Desde un punto de vista histórico, durante gran parte de la historia de pensamiento occidental el relativismo moral absoluto ha sido inaceptable y ello por razones muy poderosas. Vamos a analizar a continuación sus rasgos fundamentales y los motivos por los cuales es difícilmente asumible en su versión más extrema.




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EL RELATIVISMO MORAL

Existen dos variantes fundamentales del relativismo moral que se resumen en las siguientes dos sentencias:


1. “Todo hombre debe seguir la moral dominante en la sociedad en la que vive”.

2. “Cada uno debe seguir su propio capricho y hacer lo que le venga en gana.”

Los problemas derivados de la idea de la moral dominante es evidente y todos entendemos que el asentimiento de una mayoría a una determinada idea no transforma esa idea en verdadera.



En cambio la segunda tesis es un poco más delicada porque está más próxima a nuestro sentir general y suele ser el remedio a toda forma de totalitarismo, a saber, la idea de que cada individuo puede desarrollar sus propias ideas morales sin ninguna interferencia exterior. Lo que vendría a subrayar esta tesis es la condena de toda moral vigente como una forma de imposición o represión subrayando que la felicidad está en que cada uno actúe como quiera y sea feliz a su manera.


Los casos extremos serían controlados por la fuerzas del estado y del código penal que estarían encargados de hacer que las acciones contra el bien común sean tan perjudiciales para quien las realiza que decida ominarlas por su propio interés, pero que, quitando esto, lo demás debería ser dejado al libre arbitrio de cada uno.


Inicialmente ninguno vemos problema alguno en esta visión de la ética ya que en ella se maximiza el idead dela libertad. Esta tesis toma la forma del amoralismo consecuente para el que no existe otro sentido de bueno o malo que el de “bueno para mí en un determinado sentido”. A quien no reconoce una diferencia de valor entre la fidelidad de una madre a su hijo, la falta de escrúpulos de un traidor o la negatividad de condenar a un inocente le faltan algunas experiencias fundamentales. Respecto a este hecho Aristóteles escribe: “Latente que dice que se puede matar a la propia madre no se merece argumentos, sino azotes.”


Viéndolo de esta forma, la tesis según la cual cada uno debe actuar como quiera, resulta algo trivial ya que la muerte de un niño inocente a manos de un adulto de forma absurda y vengativa a todos unánimemente y sin fisuras nos parece mal.

¿Qué es lo que entonces se quiere decir exactamente cuando se plantea con intención filosófica la tesis de que cada cual debe hacer lo que quiera? En primer lugarse subraya el hecho de que en el ser humano existen diversos impulsos y que entre ellos hay alguno que son másnaturalesy propios del serhumano mientras que otros no lo son.


Por tanto, la segunda gran preguntade la ética es ¿qué es lo natural al hombre? ¿Cuál es la naturaleza humana? Qué es lo más propio? Dependiendo de la respuesta que cada filósofo de a esta respuestatendremos diversos tipos de ética.

Así decir que éticamentecada uno debehacer lo que quiera es una frase poco inteligente ya que ignora un hecho capital y es que el ser humano no es un seracuñado de antemano sino alguien que debe buscar primero y encontrar después la norma desu comportamiento. Ni siquiera poseemos por naturaleza el lenguaje, debemos aprenderlo. Ser hombre no están secillo como ser animal ni se vive espontáneamentela vida humana. Debemos dirigir nuestra vida porque precisamente tenemos deseos e impuslsos contrapuestos y para elegirel modo de hacerlohemos de aprender primero los modos disponibles. La afirmación “haz lo que quieras” presupone que uno sabe lo que quiere.


La esencia de la ética clásica se basa en la idea de que para poder ordenaradecuadamente nuestra vida primero debemos hacer un profundo anlaísis antropológico, qué es el hombre, qué cosas puede y no puede, que es lo más propio, qué es lo que le reportará felicidad estable y duradera y una vez establecido eso, una vez hechas estas reflexiones aplicarlas a cada individuo con sus circunstancias particulares pero bajo una idea común.

Por tanto, es necesario establecer un bien universal y a partir de él una axiología o jerarquía de bienes intermedios capaces de regular las preferencias humanas. Es decir, no basta con determinar un bien supremo sino que seamos capaces de establecer qué bienes están sobre qué otros y quémales son más graves. De hecho, ahí está la clave, en el orden de la jerarquía. Los dilemas éticos se juegan en el árbol axiológico que se haformadocada persona y no tanto en la consideración de que algo en abstracto sea bueno o malo.


Los antiguos filósofos pensaron que podrían ofrecer un criteriopara dicha jerarquía y aquí está la clave.

La ordenación jerárquica correcta será aquella que haya dado con el criterio capaz de ordenar todos los valores exisentes de tal manera que el hombre pueda llevar una vida feliz y en paz consigomismo. Esto es lo que no puede resolver una ética “de la moda” contingente de manea que el consejo “ haz lo que te guste” no basta para responder a la cuestión “qué debe guddtarme”: robar, mentir, tocar el piano…etc.


Pero no sólo existen los gustos de uno mismo sino también los de los demás por lo que la respussta relatividta “haz lo que quieras” choca con la necesidad innegable de que todos los días debemos habérnoslas con los gustos de los demás. Así, los filósofos clásicos consideraron que si bien todos tenemos una especie de reacciones éticas naturales dichas reacciones no lo son tales sino que forman parte de una formación que, por ser tal, entra en nuestro ámbito de poder y dela cual somos directamente responsables.

La “humanidad” o “bestialidad” de un ser humano es algo que se crea siempre y cuando esa persona reciba algún tipo de educación moral y ya, en forma ideal, ética. Asíqque lo que vamos a hacer a lo largo de estos días es analizar la teoría antropológica que sostuvieron tres de los más influyentes pensadores occidentales:


- La ética eudaimónica de Aristóteles: que pone como cima de la jerarquía axiológica la felicidad. Es decir, debemos orientar todas nuestras acciones hacia el bien y este bien es nuestra felicidad individual y comunitaria.

- La ética deontológica de Kant: el deber

- La ética utilitarista de John Stuart Mill: maximización del bienestar: lo bueno en sentido ético es lo que hace felices a la mayor cantidad de personas posibles.




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