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El problema socrático

¿Podemos saber cuál fue la verdadera filosofía de Sócrates? Analizamos las fuentes principales para la reconstrucción de su pensamiento

Si la propia filosofía occidental tuviera que escoger al pensador más célebre de toda su historia, a aquél cuyo nombre ha llegado a convertirse en sinónimo de su actividad, conocido incluso por aquéllos que jamás se han acercado a ella, indefectiblemente encontraría un solo nombre: Sócrates. El mayor símbolo del inconformismo racional, la necesidad vital de la reflexión y la crítica incansable como ejes de la existencia humana, desarrolló su pensamiento en una de las épocas más sensibles de la historia de Atenas, a medio camino entre la gloria de Salamina y la humillante derrota ante los espartanos en la Guerra del Pelopones. El simple hijo de un cantero, perteneceiente a la nueva clase media encumbrada por las reformas de la democracia y el imperialismo atenienses, fue llamado a enseñar las más valiosas lecciones de la razón a todos los aristócratas, militares, políticos que le escucharon, dando lugar a una nueva era en la historia del pensamiento.





El problema de las fuentes


No obstante, a la hora de intentar adentrarnos en su ppensamiento para comprender el por qué de su célebre fama a lo largo de los siglos nos encontramos con un problema inesperado: es imposible saber cuál fue exactamente el contenido de las doctrinas de Sócrates ya que frente a sus gran discípulo Platón que nos ha dejado cientos de páginas, y sus antecesores de los cuales, aunque pocos, conservamos algunos fragmentos originales, Sócrates no escribió nada. Es decir, no se trata de una périda de textos en este caso, sino que deliberadamente el gran filósofo de Atenas no quiso escribir nada, limitándose a desarrollar toda su actividad por medio del diálogo oral.


Por ello, absolutamente todo lo que sabemos acerca de su doctrina procede de los testimonios textuales de sus contemporáneos y de la recreación que estos hicieron, más o menos fidedigna, de sus ideas y conversaciones. Las tres fuentes principales para el conocimiento de las ideas socráticas son cuatro: Aristófanes, Platón, Jenofonte y Aristóteles. Los tres primeros contemporáneos que llegaron a conocer personalmente a Sócrates. Aristóteles que si bien no conoció personalmente a Sócrates, permaneció durante más de veinte años estudiando en la Academia de Platón y tuvo un contacto muy estrecho con los que le conocieron y con los textos que se escribieron sobre sus ideas.

La primera aparición de la figura de Sócrates un texto histórico fue en la comedia Las nubes de Aristófanes, a cuyo estreno en el ____ acudió el propio filósofo, según cuenta la tradición. En esta obra, Sócrates es caracterizado como el estrambótico director de una decadente autoproclamada como “el pensadero”, ateo, manipulador, astuto y codicioso, defensor de unas doctrinas a medio camino entre los físicos milesios y los sofistas. Tenemos que vovler al lugar en el que lo habíamos dejado en el curso aterior:



Con su obra, Aristófanes dibuja de manera brillante la sociedad ateniense de la segunda mitad del siglo V a.C., una sociedad altamente desarrollada, en la que la introducción de la moneda y el éxito comercial habían impulsado el auge de las clases medias. No obstante, el comienzo de la decadencia económica de Atenas provocó el endeudamiento de muchos de los nuevos ricos dando lugar una extraordinaria proliferación de juicios y litigios entre particulares. La sofística aparece en la obra de Aristófanes como una actividad altamente demandada por el demos ateniense al mismo tiempo que un arte degradado que no sólo enseña el arte del discurso falso y engañoso sino, siendo ello todavía más grabe, a despreciar los valores tradicionales.


Expresando las convicciones conservadoras de su autor, la comedia termina con el fracaso del plan de Estrepsíades que no es capaz de aplicar las enseñanzas de Sócrates para escapar de sus deudores, regresando arrepentido a las práticas y creencias religiosas que había abandonado. Al final de la obra Estrepsíades prende fuego al pensadero con todos los filósofos en claro signo del desprecio que generaban sus actividades y de la convicción de muchos de que tales creencias estaban a la base de muchos de los problemas de la ciudad. La moraleja de Aristófanes es que el abandono del universo religioso tradicional lleva irremisiblemente la disolución moral de la sociedad. Es preciso, reaccionar de forma enérgica ante las nuevas corrientes de pensamiento


El género socrático


La comedia de Aristófanes no fue sino el primero de una larga lista de textos dedicadaos a exponer la vida, el pensamiento y, sobre todo el juicio de Sócrates. Estas obras exponen visiones de lo más eclécticas que van desde la más absoluta adoración hasta la condena más feroz, como la célebre Acusación contra Sócrates escrita por Polícrates.

Tras su muerte, sus discípulos directos pusieron por escrito sus ideas dando lugar a todo un género literario: el género socrático. El más temprano de estos escritos pertenecientes a esta corriente es la Apología de Sócrates -que, además, inaugura la cronología de los diálogos Platón-, seguido por la Apología de Jenofonte. Si bien estas son las únicas dos obras que han llegado hasta nosotros de forma prácticamente completa, en la década posterior a la muerte de Sócrates se mantuvo una ferviente actividad literaria que produjo decenas de textos semejantes. Más de cien años después de su muerte todavía se seguían escribiendo diálogos socráticos, de la mayoría de ellos sólo conservamos el título.

En lo que respecta a los textos de Jenofonte acerca de Sócrates-Económico, Banquete y Apología-, recogidos bajo el título Recuerdos de Sócrates hallamos la imagen de un Sócrates sosegado, plenamente respetuoso con la ciudad y tan conservador y moderado en sus opiniones que es imposible explicar por qué habrían podido condenarlo. Unánimemnte los especialistas han considerado esta imagen demasiado contenida, siendo probablemente la intención de Jenofonte refutar todas las acusaciones contra su maestro.

En cambio los diálogos de juventud de Platón -Apología de Sócrates, Cármides, Critón, Eutifrón, Gorgias, Hipias menor, Ión, Laques y Protágoras- es donde encontramos probablemente la imagen más cercana al Sócrates histórico, sin que debamos olvidar que las ideas del discípulo son difícilmente separables de las que pone en boca de su maestro. La objetividad total acerca de sus doctrinas es imposible pero lo cierto es que la imagen que ha quedado de Sócrates a lo largo de los siglos no ha sido otra que la dibujada por Platón. Por lo que, más allá de su verdadero pensamiento, hemos de concer en detalle aquello que efectivamente ha moldeado la filosofía occidental y, en este caso, no ha sido otra que la visión socrática de Platón.


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