El origen de la ética

Actualizado: 4 de dic de 2020

Explicación detallada de los rasgos fundamentales que caracterizan a una de las ramas más vigentes y relevantes de la filosofía


El origen de la ética



La reflexión crítica y filosófica sobre la cuestión del bien y el mal entendidos como dotados de una validez universal comenzó con el encuentro por parte de los griegos de todo un conjunto de pueblos que pensaban de forma completamente contraria a ellos, como consecuencia del gran desarrollo económico y comercial que alcanzó la Hélade.


Ante el descubrimiento de las extrañas costumbres babilonias o egipcias y si distinta forma de enjuiciar el valor de los actos, los griegos no se contentaron con tomarlas como algo sencillamente absurdo, despreciable o primitivo sino que algunos de ellos, los filósofos, comenzaron a buscar una medida o regla con la que medirlas distintas maneras de vivir y los diversos comportamientos a través de la diversidad innegable.


Antes de continuar con nuestro estudio acerca del origen de la ética, si estás interesado en esta rama capital de la historia de la filosofía, te recomendamos este magnífico curso online que analiza sus fundamentos así como las ideas propuestas por tres de los más importantes e influyentes teóricos de este campo filosófico: Aristóteles, Immanuel Kant y John Stuart Mill.


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Por tanto, desde el comienzo, la ética tiene en su centro el problema de la diversidad y la aspiración la universalidad. No es algo que surja a posteriori ni tampoco una solución a los dilemas éticos, como veremos más adelante, decir “que cada uno haga lo que quiera”.


Por tanto, curiosamente y lejos de lo que nos podría parecer en principio, la búsqueda de una medida, de una norma universalmente válida de conducta, del bien y el mal universal brota precisamente de la diversidad de los sistemas morales, hecho que nos hace ver que la diversidad no constituye un argumento en contra de la búsqueda ética.




¿Qué nos lleva a buscar la ética?


Pero qué es lo que espolea esta búsqueda y nos lleva a aceptar que las palabras bueno y malo, bien y mal tienen no sólo un sentido absoluto sino un significado universalmente válido. Curiosamente, no se trata de una suposición o de tener que aceptar algo después de un largo razonamiento, sino que se trata de un conocimiento casi espontáneo que todos poseemos, que todos tenemos muy claro mientras no reflexionemos mucho sobre ello.


De hecho, una cuidadosa perspectiva histórica nos hace ver que las coincidencias en las ideas morales de las distintas épocas son mayores de lo que comúnmente se cree. De hecho es ello mismo lo que nos permite desarrollar un curso en el que podemos hablar y aprender de Aristóteles, Kant y Stuart Mill.

Lo que ocurres es que habitualmente estamos sometidos a un error de óptica o a falta de datos. Las diferencias nos llaman más la atención porque las coincidencias son evidentes. Nos hace más gracia subrayar el canibalismo o la ablación, porque lo demás al ser ordinario no nos llámala atención. No obstante, en casi todas las culturas que conocemos existen deberes de los padres para los hijos y delos hijos para los padres. Por doquier se ve la gratitud como un valor, o la generosidad y se desprecia al egoísta.


Casi universalmente rige la imparcialidad como una virtud del juez o el valor como una virtud del guerrero.


Estas diferencias y estas coincidencias son las que nos obligan a preguntarnos por la existencia de un criterio o medida para juzgar. En nuestra época la respuesta casi automática que todos damos a esta pregunta está basada en el “relativismo moral “según el cual, de forma resumida, cada uno puede hacerlo que le plazca y dirigir su vida como mejor quiera. No obstante, para entender las éticas clásicas que vamos a ver en el curso hemos de entender que durante gran parte de la historia de la humanidad, incluido hoy en día, el relativismo moral absoluto ha sido inaceptable y ello por razones muy poderosas. Vamos a analizar unas cuantas, pero, para mí la más importante es aquella según la cual un relativista moral absoluto se niega a juzgar actos de otras culturas abandonado al dolor a miles de personas. Hay que cargar con la consecuencia de posicionarse, pero no hacerlo no le deja a uno las manos limpias en absoluto.



Si quieres seguir profundizando en las raíces de la ética Occidental puedes hacerlo de la mano de uno de los más importantes teóricos griegos de la ética: Aristóteles.



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