Nietzsche y la religión

Actualizado: 4 de dic de 2020

¿Cuál fue la postura de uno de los filósofos más influyentes sobre el pensamiento contemporáneo respecto a la religión? ¿A qué se debe la condena de Friedrich Nietzsche al cristianismo?


Uno de los aspectos más influyentes, a la vez que polémicos, de la obra intelectual de Friedrich Nietzsche es su dura crítica a la religión.


No obstante, las razones teóricas de naturaleza filosófica que respaldan esta postura normalmente suelen resultar confusas y generar malas interpretaciones entre aquellas personas que se acercan a su pensamiento de forma tangencial y sin los conocimientos filosóficos suficientes.


Como disciplina intelectual, la filosofía es una actividad antiquísima, nacida en la Grecia Arcaica del siglo VI a.C. que ha desarrollado una extensa y compleja tradición conceptual que representa el fundamento primario de las doctrinas de Nietzsche.


Es por ello que la comprensión de las propuestas de Nietzsche pasa, necesariamente, por un conocimiento suficiente de las posiciones filosóficas a las que este autor se enfrentó y de las que se nutrió para conformar los fundamentos de su teoría.


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La trayectoria intelectual de Nietzsche comenzó en el ámbito de la filología clásica. Sus excelentes estudios en esta disciplina ofrecieron al futuro filósofo alemán un conocimiento muy cercano de la religión y la mitología griega, la cual muestra diferencias y contrastes muy marcados con las religiones monoteístas que posteriormente vendrían a arraigar en occidente.


La relación entre dioses y hombres en la mentalidad griega es extremadamente ajena a nuestra comprensión actual de la religión muy marcada por la orientación monoteísta que permea, sin que lo sepamos, todos los aspectos de nuestra cultura desde el arte hasta la ciencia.


Frente a la pluralidad mitológica en la que el ser humano podía escabullirse, interactuar o aplacar la ira de sus dioses, todo lo eterno, perfecto y divino se fusiona en una sola entidad omnisciente en el cristianismo. Un vigilante perpetuo, un juez perpetuo que ha concedido al hombre una libertad que sólo le sirve para medir su futuro en la otra vida.


Según Nietzsche las religiones de raíz oriental - incluyendo en ellas el budismo y el hinduísmo- enfatizan la importancia de la vida en el más allá para cuya consecución es necesaria la muerte.


Esta macabra exigencia, esta adoración de un futuro que exige el mayor sacrificio se une al desprecio por lo corpóreo, sensual y estético que presentan las religiones orientales.


El ascetismo, la negación del cuerpo y de la acción se enredan unas con otras para acabar conformando una visión nihilista, oscura y pesimista de la vida terrenal.


Todas las ansias, las esperanzas y los deseos más elevados del hombre pasan a proyectarse en una vida futura consistente en la fusión o contemplación de la divinidad.


El problema de las religiones, por tanto, radica según Nietzsche en su capacidad de desviar la atención del ser humano de la única vida que va a vivir, del único momento en el que tendrá la oportunidad de alcanzar la felicidad, con promesas ilusorias y místicas.


La religión es una fase que debe ser superada y abandonada una vez que el individuo comprende los mecanismos por los que ésta nació y se consolidó. En sí mismas todas ellas buscaron metas elevadas pero su consecuencia ha sido el hundimiento del individuo en la soledad y la desesperación.


Las creencias religiosas deben ser sustituidas por nuevos valores que cada individuo debe forjar y construir por sus propios medios, un acto de valor, capacidad y confianza extremos que, sin embargo, constituye la única salida posible al nihilismo decadente.