Los planetas y las estrellas en la física de Aristóteles

Actualizado: 25 mar 2019

Explicación de la concepción aristotélica de la composición y el movimiento de los astros




 

LA DESCRIPCIÓN DE LOS ASTROS

EN LA FÍSICA DE ARISTÓTELES


 



En el capítulo séptimo del libro segundo del tratado Acerca del cielo, Aristóteles se ocupa de analizar la composición de los astros que se caraterizan por estar constituidos por el mismo tipo materia que aquella en la que se desplazan: el éter.


Dicha sustancia no posee, según Aristóteles, ningún tipo de color o luminosidad específica y tampoco se le puede asignar una temperatura determinada. Pero si ello es así y si los astros están hechos de éter ¿cómo es posible que se distingan del material que los rodea y, al mismo, tiempo conforma?



 

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La explicación ofrecida por el Estagirita es confusa y aparentemente contradictoria porque colisiona con el esquema de estratificación de los elementos defendida en la Físicay en el Acerca del cieloal sostener que los efectos lumínicos y térmicos de los astros se deben a la fricción del aire situado debajo de su trayectoria (DC.II 7, 289a20-22). No obstante, según lo dicho en los tratados que acabamos de mencionar, el aire no es elemento más ligero sino uno de los intermedios que se sitúa, naturalmente, por debajo del fuego, hecho que impediría que el movimiento impreso por los astros lo afectara directamente generando el efecto de la luz y el calor.


El modo en el que Aristóteles continua la argumentación en torno a este problema permite postular una posible solución y conjeturar la hipótesis de que lo que aparentemente es una inversión de la estructura jerárquica de los elementos es, más bien, una explicación indirecta de la razón por la que el fuego ocupa, de hecho, la región superior del mundo sublunar y no es simplemente un elemento que tiende a moverse hacia ese lugar.


Aristóteles afirma que el movimiento puede producir, por fricción, la inflamación de materiales sólidos como la madera, las piedras y el hierro (DC.II 7, 289a21-28). Si ello es así, la enorme energía cinética derivada del movimiento de las esferas debe ser capaz de producir también la inflamación del aire contiguo, de tal modo que el fuego generado por su combustión se sitúe, según su propia naturaleza, por encima de la capa de aire frío que hay debajo. De ello se sigue que el calor y la luz, aparentemente emanadas por el Sol y las estrellas tienen en realidad su origen en la capa de fuego que circunda la última región del mundo sublunar.


No obstante, esta explicación se muestra incompleta e incapaz de satisfacer numerosas cuestiones: ¿por qué durante la noche deja de sentirse el calor del fuego? ¿a qué se debe la luz de las estrellas? ¿por qué parecen brillar los planetas? La única explicación posible debería consistir en una definición de los astros como acúmulos concentrados de éter que, debido a su concentración en puntos determinados, adquieren propiedades lumínicas. Sin embargo, no hay