La filosofía renacentista

Actualizado: 4 de dic de 2020

Explicación detallada de los rasgos fundamentales de la filosofía del Renacimiento



El primer cimiento de la Ilustración europea y la Modernidad lo constituye el humanismo renacentista de los siglos XIV y XVI, principalmente italiano (Milán, Florencia, Venecia), que a partir del XVI se extiende por toda Europa.


Durante este periodo aparece la economía urbana y se restaura el modelo precapitalista que durante la Edad Media había permanecido en estado de latencia. Así, la filosofía renacentista fue una corriente intelectual, cosmopolita (paneuropea) y laica que dio lugar a ideas capitales para el desarrollo posterior del pensamiento europeo.



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Centro de Estudios filosóficos Alétheia.




Los humanistas viven en

un contexto urbano, en una economía comercial, y necesitan unos

referentes ideológicos que encuentran en la Antigüedad, no por capricho

sino porque en ellos se reconocen, porque la Florencia del XIV se parece

a las polis griegas y a la República romana de los primeros siglos.


Lo fundamental, por tanto, es la resurrección de la cultura antigua. La

Ilustración, de hecho, va acompañada del neoclasicismo en las artes. Lo

crucial es que en la Antigüedad se descubre una cultura no teocéntrica.

En el mundo antiguo las categorías religiosas no constituyen el centro de

la reflexión ética, política o epistemológica. Por eso para el humanismo

los problemas del mundo y del hombre se pueden plantear al margen de

consideraciones teológicas. De este modo, aparece un orden de valores

estrictamente mundano. A partir de aquí, tiene sentido reflejar la belleza

del mundo, plantear un Estado que garantice un orden de realización

válido y una ética que permita vivir en este mundo.



CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES

DEL HUMANISMO




En consecuencia, éstas son las características del humanismo:


Optimismo antropológico: el ser humano tiene los instrumentos

adecuados para resolver sus problemas. El hombre puede conocer y

plantear los principios morales, así como también puede cumplirlos.

En su dimensión natural el ser humano está dotado de los

instrumentos suficientes para resolver sus problemas sin necesidad

de acudir a Dios.


Valoración positiva de la vida mundana: se debe aspirar a la felicidad

“aquí”, al margen de si se cree que hay una vida futura o no. La

felicidad es el término último de todas las especulaciones. De lo que

se trata es de dar con la felicidad mundana individual y colectiva.


Crítica del orden social y religioso.


Recuperación del saber clásico: el atomismo y las filosofías

materialistas han permanecido desaparecidas durantes siglos. Todo

este saber reaparece con los humanistas. Es precisamente un

humanista quien encuentra un libro fundamental: el De rerum natura

de Lucrecio, fundamental para entender el atomismo. Todo aquello

que no había pasado por la vía cristiana vuelve a aparecer. Ya no se

reivindica a Platón y a Aristóteles sino a las filosofías olvidadas. Valla

llegará a decir que una ética hedonista tiene sentido incluso desde

una perspectiva cristiana.


Inmanentismo: rechazo de la trascendencia teológica.


Racionalismo: no es el racionalismo cartesiano sino la razón empírica y

determinada por el método científico.


Cientifismo: para los ilustrados la ciencia es el ideal de conocimiento. Y, por eso, se alejan de aquellos conocimientos que no son ciencia, como la religión (cuyos

dogmas no tienen una fuente empírica), la metafísica (cuyos conocimientos no se han construido con arreglo al método científico) y la filosofía tradicional (en tanto que construcción de teorías especulativas).


Ideal de progreso: la clave para el avance de la sociedad la proporciona la ciencia

que se concibe como un sistema de conocimiento capaz de hacer progresar a la

humanidad.


Autonomía moral: en el orden moral el individuo no depende de nadie sino que

debe ser él mismo el origen de sus propios principios morales.


Autonomía política: es la traslación del punto 6 al ámbito político. El individuo no debe estar tutelado tampoco a nivel político sino que ha de ser un sujeto

autónomo.


Tolerancia: es el corolario de los puntos 6 y 7. Debe haber tolerancia en el orden

ético, político y religioso.





RENOVACIÓN RENACENTISTA DE LA IMAGEN DEL MUNDO



Esta renovación es aparatosa y clara

porque supone la eliminación del antropocentrismo: el hombre ya no está

en la escena principal, el mundo no gira en torno a él. El hombre ya no es el

centro del cosmos. Sin embargo, esta caída del antropocentrismo tiene un

sustituto: el antropocentrismo epistemológico. Lo que ocurre es que el

hombre puede renovar su posición central de otra manera, mediante el

conocimiento. Es decir, el hombre pasa a ocupar la centralidad del mundo en

términos intelectuales. El hombre está físicamente en un rincón pero en su

cabeza están las leyes del cosmos. El conocimiento racional es el único que

permite al hombre volver a su posición de centralidad: este conocimiento

productivo en torno al cosmos es, además, acumulativo y no se destruye

como se destruyen las teorías filosóficas. Esto de que el conocimiento es el

centro había sido teorizado por Pico della Mirandola pero ahora es cuando

se realiza, porque es la ciencia la que despoja al hombre de su centralidad

física para luego devolvérsela.


Caída del aristotelismo


Aristóteles había dominado desde los siglos

centrales de la Edad Media hasta los siglos XVI y XVII. La filosofía aristotélica

sirve para entender muchas cosas, por ejemplo, los conceptos

fundamentales de materia y forma se aplican a la física, a la teología, a la

psicología y a la ética. De este modo, el sistema aristotélico consigue algo

muy importante y es que a partir de un sistema reducido de conceptos se

organiza la totalidad de la realidad. Con estos conceptos no sólo se explica el

conocimiento sino que también se explica a Dios. Lo que sucede es que si

estos conceptos ya no sirven para la ciencia entonces ya no sirven para Dios.

En consecuencia, la Iglesia se siente amenazada en lo que tiene de discusión

racional sobre Dios porque la ciencia dice que esos conceptos sobre los que

se apoya ya no valen. Se niega el valor racional de la teología. Pero es que el

cristianismo había hecho una apuesta arriesgada cuando quiso hacer de sí

una religión racional. Esto le permitió permearse en la cultura griega pero

también le hipotecó a unos conceptos; y ahora que esos conceptos dejan de

ser operativos surge el problema.

En resumen, con la revolución científica ya no vale la mera especulación. Se

reinventa la noción de dignidad humana y se la sitúa en el ámbito del conocer, y

se tiran por tierra las antiguas categorías del aristotelismo.

Hacia finales del siglo XVII aparece un nuevo tipo de intelectual: el “ilustrado”

que se caracteriza por:


- su extracción burguesa (o porque expresa los ideales burgueses)

- porque prolonga el modelo de sabio humanista, en tanto que:

intelectual laico

no asociado a la universidad

con formación clásica

polifacético

- porque hereda de la Reforma la defensa de la libertad de pensamiento.



Salvo porque hereda de la nueva ciencia, por un lado, el ideal de conocimiento

metodológico del saber experimental y matemático y, por otro lado, la

nueva imagen del mundo. Los ilustrados saben ciencia y tienen muy

presente los conocimientos científicos. [Hasta la Revolución francesa la

ciencia tiene un período privado o de academia; a partir del siglo XIX, con la

reinvención de la universidad, la ciencia se concentra en la investigación

universitaria; mientras que hoy la ciencia tiene lugar a través de programas

de macrociencia en los que intervienen el Estado, la universidad, la empresa,

etc.]



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