La filosofía de Parménides

Actualizado: mar 12

Parménides de Elea es uno de los filósofos con más influjo en la historia del pensamiento occidental. Te explicamos en detalle su propuesta filosófica.




El Poema de Parménides


Parménides de Elea fue el gran antagonista de Heráclito, cuya filosofía ya hemos estudiado. En el proemio de su famoso Poema dedicado a la “vía de la verdad” Parménides nos cuenta que viaja en un carro por el cielo desde la noche al día hasta a las puertas del día, lugar desde el que los griegos suponían que salía el sol por la mañana. Allí le atiende la diosa Justicia (Diké) que le dice que es lo suficientemente puro como para recibir la revelación.


Entra y llega hasta una segunda diosa cuyo nombre, curiosamente no es revelado. Con ello Parménides intenta indicar que esa diosa no tiene nada que ver con los dioses olímpicos, de tal forma que su pretensión es la de inaugurar una nueva visión de la realidad completamente ajena a la tradición anterior.


Esta segunda diosa le anuncia que le va a enseñar la verdad término que en griego responde a la palabra “aletheia” que significa literalmente “desvelamiento”. Con esta palabra la etimología nos indica el esfuerzo intelectual que exige el alcance de la verdad ya que ésta no es algo que esté dado, que se manifieste directamente, sino que tiene que ser desvelado.



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Por tanto, la diosa le va a enseñar una verdad oculta mediante un proceso que tiene algo de revelación, pero no en el sentido religioso del término, sino en el sentido de desocultamiento intelectual, de intelección.



a) Principio de no contradicción



La primera verdad que la Diosa le revela a Parménides es el principio básico de la lógica, formulado en el poema como: “Lo que es es y lo que no es no es”.


Esta frase, que inicialmente puede parecer ridícula o absurda encierra uno de los principios vertebradores de la filosofía y de la lógica como herramienta fundamental en la construcción del pensamiento racional. Con esta sentencia Parménides quiere señalar, en primer lugar, que no es posible que algo sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido.



Es decir, tomando como ejemplo una proposición afirmativa, esta no puede ser

verdadera y no verdadera al mismo tiempo y en el mismo sentido . Tomando como ejemplo un ser humano este no puede estar muerto y no muerto al mismo tiempo y en el mismo sentido. Tomando como ejemplo una manzana esta no puede ser roja y no roja al mismo tiempo y en el mismo sentido.



b) Principio de tercero excluso



En segundo lugar, la Diosa informa a Parméndies de que el ser es una cualidad que no admite grados, es decir, que o se es o no se es pero no existe nada intermedio entre ser y no ser.

Este principio se puede comprender mejor con la expresión: el ser es y la nada no es. Es decir, todo lo que existe, es y todo lo que no existe no es en sentido absoluto no habiendo nada intermedio entre existir y no existir, tener unas propiedades y no tenerlas.


Tomando estos dos principios en consideración, Parménides los aplica al problema del cambio. Imaginemos un objeto que sufre una alteración en su coloración pasando se ser verde a ser azul.






Como bien sabemos, cualquier cambio en la naturaleza es un proceso en el cual existe una continuidad y que se produce a lo largo de un lapso temporal. Es decir, que se suceden una serie de pasos entre el punto de inicio del cambio en el que el objeto es verde y el punto final en el que el objeto es azul.




La pregunta de Parménides es:


¿Qué color tiene el objeto en el lapso de tiempo intermedio cuando todavía no es verde pero tampoco es ya azul? Es decir, qué es el objeto A en ese lapso.



a) Por el principio de no contradicción en el punto intermedio A no puede ser

verde y no verde al mismo tiempo y en el mismo sentido.



b) Por el principio de tercio excluso A o es verde o no es verde y o es azul o no es

azul, pero no cabe una posición intermedia.


De ello Parménides concluye que si bien creemos que los sentidos nos informan de la existencia del cambio, nuestra razón nos demuestra que lógicamente dicho cambio es imposible. De ahí se siguieron dos consecuencias fundamentales para la historia del pensamiento filosófico.



En primer lugar, Parménides defendió la idea de que los sentidos nos informan

erróneamente de la realidad y por tanto no deben ser tomados como fuentes fiables para nuestro conocimiento, y en segundo lugar, sostuvo la idea de que para poder llegar a entender exactamente qué es la realidad, hemos de atender a la razón y al intelecto y no a lo que dicen los sentidos.



Con Parménides, por tanto, se ha producido la separación definitiva entre

conocimiento sensible y conocimiento racional. ¿Resulta raro? Pensemos en la física actual, según la cual no debemos hacer caso de lo que nos dicen nuestros sentidos – ya que por ellos no vemos ninguna partícula subatómica- sino confiar en lo que se deduce por medio de las exigencias racionales según las cuales matemáticamente se muestra que debe haber un mundo subatómico invisible que explica la realidad.

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