Kant y la ética del deber

Actualizado: 4 de dic de 2020

Análisis detallado de los fundamentos de la ética kantiana prestando especial atención a las diferencias que ésta muestra respecto de éticas materiales como la ética aristotélica



La ética deontológica kantiana constituye una crítica radical al modelo aristotélico y el desarrollo de un punto de vista completamente diferente respecto a la moral humana.


La ética kantianaes una ética de tipo deontológico que no prescribe nada en absoluto, es decir, no ofrece contenidos materiales que nos indiquen qué debemos hacer y qué no, y tampoco señala, como en el caso de Aristóteles una jerarquía de valores o virtudes. Frente a la visión griega de la ética, Kant ofrecerá simplemente una fórmula de análisis -el imperativo categórico- que aplicad a todas y cada una de nuestras acción nos dará la respuesta de si éstas son éticamente correctas o no.

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La ética kantiana nos podrá parecer un poco extraña al comienzo, sobre todo comparada con la de Aristóteles que siempre resulta muy natural y más cercana a lo que intuitivamente entendemos como un sistema de valores. Sin embargo, constituye una de las propuestas más audaces e influyentes de occidente, cuyos tentáculos llegan hasta nuestros días así que pasemos a estudiarla.




LA CRÍTICA A LA FILOSOFÍA ANTERIOR


Tomando como punto de partida el análisis de la tradición ética anterior, Kant señala que toda ella ha sido un auténtico fracaso. ¿Por qué? ¿Cuál ha sido el error de las éticas de tipo aristotélico?

Según Kant dentro de las éticas clásicas, cualquier virtud que se señale tiene siempre un reverso oscuro. El problema que presentan las virtudes aristotélicas es que su ejercicio no garantiza la bondad moral del individuo que las aplica.

¿Cómo? ¿Kant está diciendo que una persona que hace actos justos no es justa? ¿O una que lleva a cabo actos virtuosos desde el punto de vista de la generosidad no es generosa? Lo que Kant advierte, de forma brillante, es que existe una diferencia radical entre la apariencia exteriorde nuestros actos y su naturaleza interior.

Así, es perfectamente posible, y todos lo sabemos, que un individuo realice actos justos pero no por justicia sino, por ejemplo, paraganarse la aprobación de quien le está contemplando con un fin muy diferente a la justicia misma. Es decir, el individuo puede llevar a cabo un acto “generoso” que le haga “aparecer” ante los demás como una persona generosa, pero llevar a cabo dicho acto no por la generosidad misma sino persiguiendo un objetivo completamente diferente, por ejemplo, para ganar popularidad y conseguir votos. Es decir, un individuo puede llevar a cabo actos justos o generosos no por la justicia misma sino por el poder, el beneficio…etc.




DIFERENCIAS RESPECTO A ARISTÓTELES


Según Aristóteles, recordamos, para considerar a una persona como éticamente buena bastaba con que ésta realizara actos virtuosos evitando los vicios (sean esos actos pertenecientes a cualquiera de las virtudes) de forma repetida y mantenida en el tiempo hasta transformar las acciones aisladas en hábitos. El hábito de realizar actos virtuosos es el que conducía al ser humano a la felicidad. Es decir, para Aristóteles la corrección moral sólo exigía dos ingredientes: acción virtuosa + repetición en el tiempo.

No obstante, Kant señala que con esto no basta ya que todo aquello que en la ética aristotélica es calificado de bien o virtud en realidad está siempre condicionado por algo otro, algo anterior que determina su verdadera naturaleza y que impide decir que, por el mero hecho de que un individuo haga actos generosos, podamos calificarla automáticamente de generosa. Y ello porque los mismos actos pueden hacerse realmente por generosidad o con aparienciade generosidad. Es decir, se realizan las mismas acciones, donar dinero, pero por dentro no se vive el hecho como algo deseable y correcto sino como una obligación incómoda que preferíamos no hacer.





NECESIDAD DE REFORMULAR LAS ÉTICAS CLÁSICAS


Por tanto, el primer paso de innovación de la ética kantiana respecto a la aristotélica consiste en señalar la necesidad de reformular las éticas clásicas y fundamentar nuestra nueva ética en un verdadero bien supremo, es decir, en un bien “sin restricciones” e imposible de condicionar o malversar por medio de esta apariencia entre lo interno y lo externo. La verdadera ética debe atender a la naturaleza humana y Aristóteles había pasado por alto un hecho tan sencillo como el engaño.

Así, el filósofo griego habría pecado de ingenuidad y no habría introducido en su ética la variable de todo lo retorcido que puede ser el ser humano y el factor de la acción por el puro aparentar. También es cierto que el lapso temporal que separa a Aristóteles de Kant, incluye la etapa de las cruentas y sucesivas guerras de religión en la que judíos, cristianos y musulmanes generaron enfrentamientos que llevaron a muchos a obrar de una forma para protegerse de las persecuciones y pensar de una manera muy diferente. Kant tenía muy cerca las guerras de religión entre católicos y protestantes y entre los propios protestantes que habían sumido a Europa en matanzas infames. Así que el arte de esconder las verdaderas ideas se había refinado en Europa desde los tiempos de la Atenas clásica en la cual casi era de esperar, al menos en el ámbito de la filosofía, un pensamiento divergente.


El engaño y la ocultación de los verdaderos motivos de la acción estaba encima de la mesa y constituía una de las inevitables preocupaciones de los teóricos éticos de la Ilustración.


Por ello, según Kant, debemos hacer un esfuerzo real de reflexión para buscar, entre todo lo que hay, aquellos bienes que no pueden ser torcidos, que no tengan un pero. Es decir, que nos esforcemos en fundamentar la ética en un conjunto de principios que no puedan ser desviados de ningún modo y que incluyamos en la construcción de nuestra teoría el fenómeno del engño.

Por todo esto y todo lo que vamos a estudiar en las próximas sesiones, la ética kantiana expuesta en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, la Crítica de la razón prácticay la Metafísica de las costumbresconstituye el intento más elaborado y sofisticado de construir una ética universal de naturaleza racional.



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