Kant y la buena voluntad

Exposición detallada de la concepción ética kantiana basada en la idea de la buena voluntad como eje principal de su concepción deontológica de la moral



Los dos adjetivos que caracterizan de forma global la ética kantiana son universal + racional.

Todo el empeño del filósofo germano fue el de hallar una definición del bien y del mal universalizabas, aplicables en todo momento y lugar, que no estuviera basada en la emocionalidad, las opiniones o la sensibilidad contingente de los individuos sino que tuviera unas fuertes raíces universales y, con ello, racionales.


Kant también aceptará, al igual que lo hizo Aristóteles, la idea de que aquello que distingue y que comparten todos los seres humanos, más allá de sus gustos, vivencias biográficas, contingencias físicas…etc. es su razón y por tanto, éste es el único punto de anclaje con el cual podremos contar para poder hablar de principios dialogables y aplicables a todos.



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Según Kant, de forma habitual solemos ofrecer el calificativo de “bueno” a muchas cosas diferentes como: el valor, la decisión, la perseverancia y otras muchas cualidades, pero si analizamos en detalle todas estas cualidades morales podemos observar que, propiamente hablando, a ninguna de ellas, en sí misma y de forma incondicional la podemos llamar buenao, si lo hacemos, es porque presuponemos algo más en su forma de ser llevadas a cabo.


“Ni en el mundo, ni, en general, tampoco fuera del mundo, es posible pensarnada que pueda considerarse como bueno sin restricción, a no ser tan sólo una buena voluntad. El entendimiento, el gracejo, el juicio, o como quieran llamarse los talentosdel espíritu; el valor, la decisión, la perseverancia en los propósitos, como cualidades del temperamento, son, sin duda, en muchos respectos, buenos y deseables; pero también pueden llegar a ser extraordinariamente malos y dañinossi la voluntad que ha de hacer uso de estos dones de la naturaleza, y cuya peculiar constitución se llama por eso carácter, no es buena. Lo mismo sucede con los dones de la fortuna. El poder, la riqueza, la honra, la saludmisma y la completa satisfacción y el contento del propio estado, bajo el nombre de felicidad, dan valor, y tras él, a veces arrogancia, si no existe una buena voluntad que rectifique y acomode a un fin universalel influjo de esa felicidad y con él el principio todo de la acción; sin contar con que un espectador razonable e imparcial, al contemplar las ininterrumpidas bienandanzas de un ser que no ostenta el menor rasgo de una voluntad pura y buena, no podrá nunca tener satisfacción, y así parece constituir la buena voluntad la indispensable condición que nos hace dignos de ser felices.” Fundamentación de la metafísica de las costumbres


Tres ejemplos nos ayudaran a entender este pasaje. Primero: supóngase que una persona se esta ahogando en un río; trato de salvarla, hago todo lo que me sea posible para salvarla, pero no lo logro y se ahoga. Segundo: Una persona se está ahogando en un río, trato de salvarla, y finalmente la salvo. Tercero: Una persona se está ahogando; yo por casualidad, pescando con una gran red, sin darme cuenta la saco con algunos peces, y la salvo. Cuarto: salvo a la persona porque se me ha ordenado hacerlo a fin de que sea sometida a un tipo de castigo o muerte más cruel.


Lo “efectuado o realizado” es el salvamento de la persona que estaba a punto de ahogarse: en el primer caso no se logra; en los otros dos sí. En cuanto se pregunta por el valor moral de estos actos, fácilmente coincidirá todo el mundo en que el tercer acto no lo  tiene, a pesar de que allí se ha realizado el salvamento; y carece de valor moral porque ello ocurrió sin que yo tuviera la intención o voluntad de realizarlo, sino que fue obra de la casualidad: el acto, entonces, es moralmente indiferente, ni bueno ni malo.

Los otros dos actos, en cambio, son actos de buena voluntad, es decir, moralmente buenos y -aunque en el primer caso no se haya realizado lo que se quería, y en el segundo sí- tienen el mismo valor, porque éste es independiente de lo realizado. Kant dice que la buena voluntad no es buena por lo que “efectúe o realice”, sino que “es buena en sí misma”.




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