John Stuart Mill y la utilidad

Exposición detallada del análisis de Stuart Mill de la noción de utilidad y su posición dentro del sistema ético propuesto por el filósofo británico


La visión de John Stuart Mill en torno al problema de la ética permite comprender la posición predominante de facto en el mundo occidental contemporáneo.


Es decir, si bien a la hora de reflexionar nos posicionamos teóricamente en modelos más semejantes al aristotélico o al kantiano, nuestra forma real de actuar tiene mucho más de utilitarista de lo que pensamos o estamos dispuestos a admitir. Ello se debe a que cada teoría ética ha sido forjada al calor de su circunstancia histórica y el utilitarismo es el modo de ordenar la acción humana que surgió de la revolución industrial y el auge del nuevo modelo económico que cambiaría la faz de la tierra llamado capitalismo.


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EL PROBLEMA DE LA ÉTICA: ¿AÚN NO TENEMOS LA SOLUCIÓN?


Sin embargo, después de haber analizado el pensamiento de dos de las más grandes figuras de la filosofía y no haber hallado una respuesta clara acerca del camino hacia la felicidad, puede parecer que la ética sea una tarea desconcertante, casi imposible, una pérdida de tiempo. Con esta misma sensación empieza Stuart Mill su primera ópera magna titulada Utilitarismo:


“Desde los inicios de la Filosofía, la cuestión relativa al summum bonum o, lo que es lo mismo, la cuestión relativa a los fundamentos de la moral, ha sido considerada como el problema prioritario del pensamiento especulativo, ha ocupado las mentes más privilegiadas las ha dividido en sectas y escuelas, provocando una guerra encarnizada entre unas y otras. Después de más de dos mil años continúan teniendo lugar las mismas discusiones. Los filósofos siguen alineados bajo las mismas barreras rivales y ni los pensadores ni la humanidad en general parecen haberse aproximado un tanto más en la actualidad a un parecer unánime sobre el tema, que cuando el joven Sócrates escuchaba al viejo Protágoras.”

Parece que con el paso de los siglos y de los milenios el ser humano ha sido capaz de avanzar en todas las ramas del saber excepto en su capacidad de establecer la ruta correcta y privilegiada hacia la felicidad.

Frente a esta desorientación John Stuart Mill propuso un tipo de ética eudaimónica, pragmatista y consecuencialista, es decir, una ética que considera que la finalidad de la vida humana es la felicidad y el bienestar y que la consecución de dicha felicidad sólo se alcanza mediante la realización de acciones con efectos positivos a escala social.

Recordamos que para Aristóteles el criterio para medir el carácter ético de nuestras acciones era el de la virtud individual. Es decir, una persona buena o, mejor dicho, dichosa era aquella que evitaba los vicios y realizaba acciones virtuosas, siendo éstas el tipo de acción que respondían a los valores griegos clásicos, como el valor, la magnanimidad,…etc.

En cambio, para Kant el objetivo de la vida humana era el cumplimiento del deber, es decir, la obediencia en cada acto de la máxima de universalización sin caer en las distorsiones de las inclinaciones de nuestros deseos primarios.

Así, frente a la virtud aristotélica y el deber kantiano, Mill nos hablará que la ética ha de fundamentarse en la utilidad. ¿Pero qué es la utilidad?



DOS INTERPRETACIONES DE LA NOCIÓN DE UTILIDAD


A la hora de hablar de la ética utilitarista viene a nuestra cabeza un aluvión de prejuicios asociados al uso vulgar de esta idea que vinculan esta visión al egoísmo y al enriquecimiento inmisericorde. Así, en el uso común, ordinario, la idea de utilidad tradicionalmente, ha sido interpretada de dos formas:


- En primer lugar, ha sido entendida como la orientación de la vida en busca de lo útil entendido como aquello que “sirve para algo”, en el sentido material. Como decimos vulgarmente que es útil estudiar ingeniería e inútil filosofía. En este caso la noción de utilidad subrayaría el carácter serio, lucrativo a nivel económico y no lúdico del fin de la vida. A nuestra mente vienen el tipo de persona que dedica exclusivamente al provecho y a la obtención del máximo beneficio material en su trabajo sin hacer nada más que dedicarse al negocio, sacrificando con ello muchas veces, cosas que ama, que habría querido disfrutar: amigos, familia, viajes, aprender a pintar.... Lo útil, o la utilidad en este caso, se contrapondría a lo placentero, lo lúdico, lo creativo y vendría a mostrar que el fin más elevado de la vida debe ser el provecho material.


- Por otro lado, de forma paradójica, en el uso cotidiano del término el utilitarismo, ha sido comprendido también como todo lo contrario, es decir, como una filosofía que solamente busca el placerindividual. Hasta tal punto que algunos de los más feroces críticos del utilitarismo han dicho que esta forma de ética lo único que hace es igualarnos a los puercos al centrar toda nuestra atención en las inclinaciones hedonistas, perniciosas que, con Kant, deben ser controladas para no arrastrar al ser humano a la desgracia. Muchas veces, se enarbola una famosa frase en contra del utilitarismo: “Prefiero ser un Sócrates insatisfecho que un cerdo satisfecho” …olvidando que esta sentencia pertenece al propio John Stuart mil.


No obstante, ninguna de estas visiones apresuradas responde a la naturaleza del utilitarismo y como siempre, nuestras expresiones e ideas comunes acerca de la filosofía nos juegan malas pasadas al estar profundamente influidas por el lenguaje vulgar y la cultura popular.

No, una ética utilitarista no es la que sólo piensa en el beneficio material o en el egoísta placer individual. Para entender adecuadamente a qué se refiere la noción de utilidaddentro del marco de esta teoría hemos de analizar previamente sus orígenes.