Historia de la ciencia: Edad Media

Actualizado: 7 de dic de 2020

Estudio detallado de los desarrollos científicos durante el oscuro periodo medieval




Ciencia, Edad Media y cristianismo



Durante el periodo histórico dominado por Roma, concretamente en su fase imperial, hizo aparición en la historia de occidente una nueva religión cuyos principios vendrían a regir los próximos mil años de Europa.


El cristianismo, reaccionó duramente en sus primeros siglos de formación contra la cultura de mayor prestigio de la época que no era otra que la ciencia y la filosofía griegas.

El larguísimo periodo en el cual Europa estuvo dominada por la religión cristiana en sus diversas formas y variedades puede ser dividido en dos periodos principales: la Alta Edad Media que abarca desde el siglo IV de nuestra era hasta el siglo XI, y la Baja Edad media desde el XI hasta el XIV.


Nada sería más erróneo que despachar esta época con los calificativos de oscura o insignificante considerando cualquier contribución científica de este periodo como un mero chispazo en mitad de la noche. Debemos intentar comprender el papel central de este periodo tan vasto de tiempo muy desconocido e ignorado en el que, sin embargo, hubo actores de inmensa importancia para occidente.


Antes de continuar con nuestro estudio de la Edad Media, si estás interesado en profundizar en los fundamentos de la Historia de la Ciencia, te recomendamos estos dos cursos online en los que, epodrás conocer en detalle toda la etapa de desarrollo proto-científico desarrollado en las culturas fluviales, Grecia, Roma, la Edad Media y el Renacimiento, hasta llegar a la revolución científica.


¡Dos verdaderas joyas que no debes perderte!




Además, en su canal de Youtube podrás ver en abierto numerosas sesiones de los cursos como las siguientes dedicadas a la ciencia al final de la Edad Media:





Alta Edad Media


El Imperio Romano se vino abajo y tuvieron que pasar siglos hasta que se pudiera volver a desarrollar un nuevo orden político estable. E incluso cuando esto se consiguió por primera vez con el imperio carolingio Europa central y oriental era todavía suelo virgen en lo referente a desarrollo social y económico. La población estaba formada en su mayoría por bárbaros que apenas habían sido tocados por el orden y las costumbres romanas. Estos pueblos habitaban regiones despobladas, atrasadas e inconectadas. Hacer de nuevo cultivables los campos y crear un tejido social sostenible exigió siglos y estas tareas consumieron las energías de la gran mayoría de la población. Europa se consumía en la miseria y la pobreza. No había riqueza ni, por tanto, ocio o teoría. Tampoco había ciudades que, tal como hemos visto con las civilizaciones antiguas representan el corazón de toda cultura superior. El tiempo de la ciencia no había llegado.


Entre los Padres de la Iglesia, expuestos en los primeros siglos a los ataques provenientes de la filosofía greco-romana, fue común la idea de que la filosofía en general y las ciencias en particular constituían actividades peligrosas para la fe. La religión importada de oriente enseñaba a vivir a los hombres con los ojos fijos en un reino que no era de este mundo. Ya en los Evangelios y en los hechos de los Apóstoles se muestra rechazo por la cultura greco-romana en la que se conservaba el acervo científico de la antigüedad:


“¿Dónde está el sabio, dónde el erudito, dónde el orador de este mundo? ¿No ha dicho Dios que la sabiduría de este mundo es necedad” Pablo



Si bien muchos de los primeros pensadores cristianos, como San Justino, Clemente de Alejandría u Orígenes se mostraron favorables respecto a la filosofía, Tertuliano representó una de las posiciones más radicales que, sin embargo, refleja con claridad la raíz de la justificación que apartó el saber filosófico del centro de los intereses cristianos:


“No tenemos necesidad de ciencia alguna después de Jesucristo ni más prueba que la del Evangelio; el que cree ya no desea más; la ignorancia es buena, por lo general, a fin de no aprender a conocer lo que puede ser inconveniente”