Hermes Trismegisto y el Renacimiento

Actualizado: mar 12

Exposición detallada de los contenidos doctrinales del hermetismo y su impacto en el desarrollo del pensamiento renacentista



Vamos a sumergirnos, a continuación, en este misterioso y menos conocido capítulo del Renacimiento que no sólo es racionalismo sino mucho más. Los profetas y magos orientales y paganos considerados por los renacentistas como fundadores del pensamiento arcano más antiguo y, por ello verdadero y profundo, fueron Hermes Trimegisto, Zoroastro y Orfeo.




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HERMES TRISMEGISTO



Comencemos por Hermes Trismegisto y el Corpus hermeticumque poseyó durante el renacimiento la máxima importancia y celebridad y que, explica no sólo el exotismo de algunas propuestas renacentistas sino incluso el origen de algunas creencias que muchas personas de nuestra época defienden y mantienen sin saber exactamente de donde vienen.


Hermes Trimegisto fue una figura mitológica que jamás existió, vinculada al dios Toth de los antiguos egipcios a quien se atribuye la invención de las letras del alfabeto y de la escritura, escriba de los dioses y, en consecuencia, revelador, profeta e intérprete de la sabiduría y del logos divino. Cuando los griegos entraron en contacto con los egipcios pensaron que mostraba muchas analogías con su dios Hermes, intérprete y mensajero de los dioses, y por ello lo calificaron como Hermes Tri-megistos, tres veces máximo.


En la fase final de la época antigua, sobre todo durante los primeros siglos de la era imperial (II y III) algunos teólogos y filósofos paganos– en contraposición al cristianismo cada vez más predominante- redactaron una serie de escritos que hicieron públicos bajo el hombre de este dios con la manifiesta intención de oponer a las Escrituras divinamente inspiradas de los cristianos otras escrituras que también constituyesen revelaciones divinas.


Las investigaciones modernas ya han comprobado, fuera de toda duda, que bajo el disfraz del dios mestizo greco-egipcio se ocultan diversos autores y que, en absoluto estamos ante antiguos relatos, de hecho, los elementos egipcios resultan más bien escasos. En realidad, se trata de uno de los últimos intentos de desquite del paganismo, fundamentado en gran porcentaje sobre las doctrinas del platonismo de la época llamado platonismo medio. Los numerosos escritos que conforman 17 tratados recibieron el nombre de Corpus hermeticum y están recogidos en Gredos.


No sólo los Renacentistas aceptaron como auténticos estos textos, sino también la antigüedad tardía. Los Padres de la Iglesia cristianos, es decir, los filósofos de los primeros siglos hallaron en ellos menciones a doctrinas bíblicas y se mostraron muy impresionados. Por consiguiente, convencidos de que se remontaban a la época de los patriarcas bíblicos los consideraron como obra de una especie de profeta pagano. Así lo pensaba Lactancio y, lo que es más grave, así lo pensaba Agustín.


Uno de los más importantes renacentistas Marsilio Ficino, creyó firmemente en esta teoría y tradujo el Corpus Hermeticumcon la ayuda económica del Emperador Federico II Barbarroja, que se convirtió muy pronto en el texto básico para el pensamiento humanístico-renacentista. Hacia finales del siglo XV, concretamente en 1488 en la catedral de Siena, Hermes fue acogido con toda la solemnidad y su efigie se representó en el pavimento con la siguiente inscripción: Hermes Mercurius Trimegistus Contemporaneus Moysi.





El sincretismo entre doctrinas greco paganas (mostrar dioses mixtos egipcio-griegos como Serapis), neoplatonismo y cristianismo se basa en gran medida sobre este enorme equívoco. Debido a él muchos aspectos doctrinales del renacimiento nos parecen muy extraños. Si no tenemos este punto en cuenta no sabremos encajarlos adecuadamente.



“¡Oh Asclepio, qué gran maravilla es el hombre, un ser vivo digno de reverencia y de honor, que puede casi como traspasarse a la naturaleza de un dios, como si él mismo fuera un dios! Conoce al género de los dáimones, pues sabe que con ellos tiene un origen común. Desprecia en sí lo que tiene de humano para pasar a entregarse a su otra parte divina. ¡Oh, de qué mezcla privilegiada fue hecho el hombre! Unido a los dioses por la parte que tiene connatural con ellos, su propia parte terrenal desprecia en conciencia (...). Alza al cielo la mirada. Y así pues, está colocado en la feliz posición del mediador, a fin de que otorgue su amor a lo inferior a él, y sea amado por los superiores a él. Cultiva la tierra, se confunde con los elementos por la velocidad de la mente, desciende a las profundidades del mar por la penetración de su espíritu. Todo lo alcanza.El cielo no le parece demasiado alto, pues la sagacidad le permite medirlo como si lo tuviera en la mano. Ninguna bruma del aire obscurece la atención de su espíritu. La compacta tierra no detiene su labor, ni la inmensa profundidad de las aguas obstaculiza su mirada. Es, a la vez, todas las cosas, y está, a la vez, en todas partes.” Hermes Trismegistus, Asclepius





“No hablo de cosas falsas, sino de inconmovibles verdades.

Lo de abajo es igual que lo de arriba y lo de arriba es idéntico a lo de abajo.

Y con ello se cumple el milagro del ser.

Porque todas las cosas derivan de la divina palabra y de la divina existencia

y tienen, por tanto, el mismo origen; la raíz del universo,

por afinidad de principios.” Hermes Trismegistos, Tabla Esmeralda

VII

“P: ¿Cómo llegó a la creación el universo?

R.: Lo creó Dios.

P.: ¿Quién es Dios?

R.: Él es la infinita y eterna realidad existente tras de lo fenoménico, conocido por el hombre como el Buen Padre desde que se reveló a sí mismo a través de la creación.

P.: ¿De qué modo creó Dios el Universo?

R.: Pronunció Él una intensa palabraen la que condensó de manera perfecta el eterno pensamiento que latía en Su Mente, y continúa revelándose a través de Su Voluntad.

P.: ¿Cómo alcanzó este supremo pensamiento a crear?

R.: Su naturaleza en Benevolencia perfecta y así puede darse a Sí mismo.

P.: ¿Puede Él anhelar algo para Sí a través de esa actividad?

R.: No. Conteniendo Él eternamente en sí mismo todas las cosas, nada puede obtener, ni tampoco puede perder nada, ya que nada existe fuera de Sí mismo.