Hermes Trismegisto y el Renacimiento

Exposición detallada de los contenidos doctrinales del hermetismo y su impacto en el desarrollo del pensamiento renacentista



Vamos a sumergirnos, a continuación, en este misterioso y menos conocido capítulo del Renacimiento que no sólo es racionalismo sino mucho más. Los profetas y magos orientales y paganos considerados por los renacentistas como fundadores del pensamiento arcano más antiguo y, por ello verdadero y profundo, fueron Hermes Trimegisto, Zoroastro y Orfeo.




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HERMES TRISMEGISTO



Comencemos por Hermes Trismegisto y el Corpus hermeticumque poseyó durante el renacimiento la máxima importancia y celebridad y que, explica no sólo el exotismo de algunas propuestas renacentistas sino incluso el origen de algunas creencias que muchas personas de nuestra época defienden y mantienen sin saber exactamente de donde vienen.


Hermes Trimegisto fue una figura mitológica que jamás existió, vinculada al dios Toth de los antiguos egipcios a quien se atribuye la invención de las letras del alfabeto y de la escritura, escriba de los dioses y, en consecuencia, revelador, profeta e intérprete de la sabiduría y del logos divino. Cuando los griegos entraron en contacto con los egipcios pensaron que mostraba muchas analogías con su dios Hermes, intérprete y mensajero de los dioses, y por ello lo calificaron como Hermes Tri-megistos, tres veces máximo.


En la fase final de la época antigua, sobre todo durante los primeros siglos de la era imperial (II y III) algunos teólogos y filósofos paganos– en contraposición al cristianismo cada vez más predominante- redactaron una serie de escritos que hicieron públicos bajo el hombre de este dios con la manifiesta intención de oponer a las Escrituras divinamente inspiradas de los cristianos otras escrituras que también constituyesen revelaciones divinas.


Las investigaciones modernas ya han comprobado, fuera de toda duda, que bajo el disfraz del dios mestizo greco-egipcio se ocultan diversos autores y que, en absoluto estamos ante antiguos relatos, de hecho, los elementos egipcios resultan más bien escasos. En realidad, se trata de uno de los últimos intentos de desquite del paganismo, fundamentado en gran porcentaje sobre las doctrinas del platonismo de la época llamado platonismo medio. Los numerosos escritos que conforman 17 tratados recibieron el nombre de Corpus hermeticum y están recogidos en Gredos.


No sólo los Renacentistas aceptaron como auténticos estos textos, sino también la antigüedad tardía. Los Padres de la Iglesia cristianos, es decir, los filósofos de los primeros siglos hallaron en ellos menciones a doctrinas bíblicas y se mostraron muy impresionados. Por consiguiente, convencidos de que se remontaban a la época de los patriarcas bíblicos los consideraron como obra de una especie de profeta pagano. Así lo pensaba Lactancio y, lo que es más grave, así lo pensaba Agustín.


Uno de los más importantes renacentistas Marsilio Ficino, creyó firmemente en esta teoría y tradujo el Corpus Hermeticumcon la ayuda económica del Emperador Federico II Barbarroja, que se convirtió muy pronto en el texto básico para el pensamiento humanístico-renacentista. Hacia finales del siglo XV, concretamente en 1488 en la catedral de Siena, Hermes fue acogido con toda la solemnidad y su efigie se representó en el pavimento con la siguiente inscripción: Hermes Mercurius Trimegistus Contemporaneus Moysi.





El sincretismo entre doctrinas greco paganas (mostrar dioses mixtos egipcio-griegos como Serapis), neoplatonismo y cristianismo se basa en gran medida sobre este enorme equívoco. Debido a él muchos aspectos doctrinales del renacimiento nos parecen muy extraños. Si no tenemos este punto en cuenta no sabremos encajarlos adecuadamente.



“¡Oh Asclepio, qué gran maravilla es el hombre, un ser vivo digno de reverencia y de honor, que puede casi como traspasarse a la naturaleza de un dios, como si él mismo fuera un dios! Conoce al género de los dáimones, pues sabe que con ellos tiene un origen común. Desprecia en sí lo que tiene de humano para pasar a entregarse a su otra parte divina. ¡Oh, de qué mezcla privilegiada fue hecho el hombre! Unido a los dioses por la parte que tiene connatural con ellos, su propia parte terrenal desprecia en conciencia (...). Alza al cielo la mirada. Y así pues, está colocado en la feliz posición del mediador, a fin de que otorgue su amor a lo inferior a él, y sea amado por los superiores a él. Cultiva la tierra, se confunde con los elementos por la velocidad de la mente, desciende a las profundidades del mar por la penetración de su espíritu. Todo lo alcanza.El cielo no le parece demasiado alto, pues la sagacidad le permite medirlo como si lo tuviera en la mano. Ninguna bruma del aire obscurece la atención de su espíritu. La compacta tierra no detiene su labor, ni la inmensa profundidad de las aguas obstaculiza su mirada. Es, a la vez, todas las cosas, y está, a la vez, en todas partes.” Hermes Trismegistus, Asclepius





“No hablo de cosas falsas, sino de inconmovibles verdades.

Lo de abajo es igual que lo de arriba y lo de arriba es idéntico a lo de abajo.

Y con ello se cumple el milagro del ser.

Porque todas las cosas derivan de la divina palabra y de la divina existencia

y tienen, por tanto, el mismo origen; la raíz del universo,

por afinidad de principios.” Hermes Trismegistos, Tabla Esmeralda

VII

“P: ¿Cómo llegó a la creación el universo?

R.: Lo creó Dios.

P.: ¿Quién es Dios?

R.: Él es la infinita y eterna realidad existente tras de lo fenoménico, conocido por el hombre como el Buen Padre desde que se reveló a sí mismo a través de la creación.

P.: ¿De qué modo creó Dios el Universo?

R.: Pronunció Él una intensa palabraen la que condensó de manera perfecta el eterno pensamiento que latía en Su Mente, y continúa revelándose a través de Su Voluntad.

P.: ¿Cómo alcanzó este supremo pensamiento a crear?

R.: Su naturaleza en Benevolencia perfecta y así puede darse a Sí mismo.

P.: ¿Puede Él anhelar algo para Sí a través de esa actividad?

R.: No. Conteniendo Él eternamente en sí mismo todas las cosas, nada puede obtener, ni tampoco puede perder nada, ya que nada existe fuera de Sí mismo.

P.: ¿Es bueno el Universo?

R.: Proviniendo y permaneciendo en el perfecto y amoroso Ser, nada puede, en Él, ser malo. Y siendo el hombre hijo de Dios, comparte su naturaleza y su inmortalidad, aunque, poseyendo un cuerpo material, se halla sujeto a transformaciones y penalidades.

P.: ¿Qué es el hombre?

R.: El hombre es hijo de la Divina Mente, emanado de Ella para gozar de la eterna bendición celeste, aun descendiendo al mundo material en busca del placer de los sentidos. Por ello es dual en su naturaleza: una parte mora en Dios en los cielos, otra se halla sujeta a las pasiones terrenales.

P.: ¿En qué forma emanó el hombre de Dios?

R.: Al compartir su propio deleite en las hermosuras de su Universo, Él quiso un ser dotado de razón para encontrarse a través de estas formas exteriores.

P.: ¿Cómo llegó el mal a tener existencia?

R.: Dos es todo Luz, pero así como goza dándose, quiso manifestarse en otro. Pero ese “otro” debe hallarse separado de Él y esa separación implica miseria, oscuridad, maldad. De ese modo aparecieron las tinieblas y ellas contienen cuanto se halla opuesto a la divina cualidad del Bien, la Luz.

P.: ¿Cómo puede permitir Dios que el mal exista?

R.: Así como el moho es inherente al hierro, así el mal es condición de la materia. Al conceder al hombre la voluntad del libre albedrío, la elección la debe efectuar éste forzosamente, existiendo los pares de opuestos.

P.: ¿Es eterna la materia?

R.: No. Es la consecuencia del oscuro principio, cuando ocurre la separación de la Divinidad.Pero su relativa eternidad consiste en que lleva latente el conjunto del Universo como fruto de la Mente Divina. (...)

P.: ¿Cómo fue que el hombre se hizo prisionero de la carne?

R.: Fascinado por el Universo, quiso también crear a semejanza de Dios. Pero sujeto a las atracciones de la materia física, se identificó con ella y cayó prisionero del cuerpo.

P.: ¿Cómo puede liberarse?

R.: Desligándose otra vez, o bien superando los deseos del cuerpo e identificándose con el Espíritu en el que tiene la verdadera morada.

P.: ¿Puede realizar esto sin ayuda?

R.: No. Debe recibir ayuda de Dios.

P.: ¿Cómo puede ayudarle Dios?

R.: Si él aspira a superarse, el mismo Dios llega a él como mente espiritual manteniendo sus sentimientos lejos de la tentación, permaneciendo en él y conduciéndolo hacia lo real.

P.: ¿Cuál es el deber del hombre en la Tierra?

R.: Amar y servir a Dios, embellecer su creación y contribuir a la realización de su

voluntad para que así sea, y buscarle con todo su corazón y con toda su alma.

P.: ¿Cuál es el premio a la rectitud?

R.: La amistad con Dios es felicidad en esta vida y paz en la muerte, y un leve pasar a través de los fuegos purificadores en presencia de la Deidad, en tanto que el alma la adora para siempre con los Ángeles.

P.: ¿Qué ocurre con el hombre malvado?

R.: Siendo esclavo de la pasión y el vicio, al morir gravita hacia un odioso infierno de tempestuosas pasiones y miserias hasta que se introduce en otro cuerpo denso menos degradado que el anterior.

P.: ¿Existe alguna protección contra ese peligro?

R.: El único cable seguro es la devoción a Dios, ya que Él salva a sus devotos de toda índole de males.

P.: ¿Posee el hombre verdadero poder de elegir?

R.: El hombre permanece realmente en el Cielo cuando mantiene el control superior de su destino; pero si se identifica a sí mismo con los inferiores deseos, desciende por su propia gravitación y pierde poder para llegar a elegir la rectitud. Mas Dios restituye su poder a aquellos que Le buscan y, en ese caso, el hombre se halla absolutamente libre de elección.

P.: ¿Por qué no otorga Dios su ayuda a todos?

R.: Porque entonces los seres se convertirían en autómatas, atados por sus propias cadenas y, por tanto, carentes de los méritos y de la elección divina que contrarrestan al yo; así no puede hacerse merecedor de la plena ayuda de Dios que se logra buscándose uno mismo más allá de todas las formas.

P.: ¿Posee el hombre pensamientos propios?

R.: No. Sus elevados pensamientos proceden de Diosy los negativos los sugieren los malignos espíritus tentadores que le arrastran a la sensualidad. (...)

P.: ¿Cómo puede el hombre encontrar a Dios?

R.: Dios puede servistodentro del inmenso Universoen el que tiene su ser y también dentro del corazón del hombre. Identificándose a sí mismo con la divinidad en el conjunto Universal, puede el hombre romper la estrecha prisión de su materialidad y entrar en la infinita vida y en la luz total que emergen del todo.

P.: ¿Dónde está Dios?

R.: Él se halla dondequiera y en todas las cosas y, al propio tiempo, en el océano, en el que tuvieron existencia todos los seres.

P.: ¿No posee un templo especial?

R.: Este inmenso universo es su cuerpo, el altar en que mora. (...)

P. ¿Se puede resumir en pocas palabras esa religión?

R.: Es una senda de unión amorosa con el Dios único, a través de una identificación del alma pura con el Universo, que es su imagen o su sombra. Hermes Trisegistos, Catecismo hermético.




La doctrina hermética




Pero ¿Cuál era la doctrina contenida en el Corpus y por qué los Padres de la Iglesia la consideraron compatible con la Biblia?


Los textos herméticos contienen, de forma muy semejante a muchos otros textos religiosos una cosmogonía, es decir, una explicación de la creación del mundo teogónica. En estos textos la divinidad es presentada con los atributos de la incorporeidad, la trascendencia y la infinitud y se le describe como “principio y raíz de todas las cosas” que se expresa a sí mismo a través de la imagen de la luz. Él está en la cima del mundo como luz suprema e intelecto supremo creador de todo. A continuación, se presenta una jerarquía de dioses intermedios o emanaciones entre Dios y el mundo formada por cuatro elementos:


- El logos o verbo: hijo primogénito de Dios supremo

- El demiurgo

- Anthorpos u hombre incorpóreo que es imagen de Dios

- Almas de los hombres terrenales que es lo que hay en los cuerpos físicos.


El Dios primigenio no actúa ni es creador, sino que la creación corre a cargo del logos y del demiurgo de inspiración platónica. Estos dos dioses actúan sobre la oscuridad y las tinieblas dejando paso al Dios luz y construyen un mundo ordenado. Gracias a sus operaciones se configuran y se ponen en movimiento siete esferas celestiales que a su vez producen a los seres vivientes.


La creación del hombre es algo más, complicada. El anthopos quiere imitar a los dioses creadores y crear él también algo, está envidioso de sus hermanos mayores. Una vez obtenida la aprobación del dios supremo, atraviesa las siete esferas celestiales hasta la luna recibiendo por participación los poderes de cada una. Se asoma desde la luna y contempla naturaleza sublunar enamorándose de ella. En ese momento se apodera de él un irresistible deseo de unirse a ella y cae. Es decir, el anthorpos espriritual cae a tierra, a lo físico y corpóreo. Nace así el hombre terreno con su doble naturaleza espiritual y corporal.


El núcleo del mensaje del hermetismo del cual procedió todo su éxito se centra en torno al hecho de presentarse como una doctrina de salvación unida a unas teorías de orden metafísico, teológico, cosmológico y antropológico basadas en un sistema soteriológico. La salvación, que consiste en la liberación definitiva del cuerpo terrenal, consiste en el conocimiento de la gnosis o doctrina hermética. Antes de todo el hombre debe conocerse a sí mismo y convencerse de que su naturaleza consiste en un intelecto.




Zoroastrismo renacentista



Los llamados Oráculos caldeos (Os recomiendo la edición de Gredos traducida por Francisco García Bazán), obra de la cual nos han llegado numerosos fragmentos, presenta una gran analogía con los escritos herméticos. Tanto en unos como en otros hallamos una mezcla de elementos filosóficos propios del platonismo medio y del neopitagorismo, con esquemas trinitarios, representaciones míticas y fantásticas, con un tipo similar de inconexa religiosidad de inspiración oriental -típica de la última fase del paganismo- todo unido en una pretensión de comunicar un mensaje divino revelado.

En los Oráculos, sin embargo, predomina el elemento mágico mucho más que el corpus hermeticum y el elemento filosófico que claramente se observa en los primeros textos queda mucho más enturbiado y subordinado a objetivos práctico-religiosos hasta perder autonomía.


Respecto al origen de esta obra, las fuentes antiguas nos señalan que su autor fue un pensador romano llamado Juliano el Teúrgo, que vivió en la época de Marco Aurelio en el siglo II d.C. Lo sabemos con certeza porque en el siglo III estos textos ya eran citados por autores cristianos y por filósofos paganos. Los Oráculosno se remiten a la sabiduría egipcia sino a la babilónica y en ellos la heliolatría caldea (el culto al sol) desempeña un papel fundamental.



“Hay una realidad inteligible que debes comprender por la flor del intelecto , pues si inclinas hacia ella tu intelecto y tratas de concebirla como un objeto determinado, no la comprenderás, ya que es como la potencia de una espada resplandeciente que ilumina con cortes intelectivos. No se debe, por lo tanto, concebir a este Inteligible con vehemencia, sino por la llama alargada de un intelecto extendido que todo lo mide, salvo a este Inteligible. Por ello, lo que se necesita no es concebirlo con obstinación, sino, apartando la mirada pura de tu alma, tender hacia lo Inteligible un intelecto vacío6, hasta que apren1 das a conocer lo Inteligible, puesto que está fuera del Intelecto.” Oráculos caldeos, I.


“¡Oh, Éter invencible que te yergues en la altura,

en los dominios de Zeus, Señor de los Cielos,

de los astros numerosos, de la radiante Luna

y del Sol, de centelleantes rayos!

Todopoderoso, etéreo, fuego resplandeciente,

con vívidos fulgores transmites el calor y alientas la vida.

Supremo elemento del mundo, potente conductor de la luz,

con astral brillo irradias, flor espléndida.

Atiende las súplicas de mis plegarias, y pueda tu presencia

otórganos para siempre la serenidad, la inocencia y el dominio.”

Himnos órficos, himno V, al Éter.



La teúrgia



Juliano fue el primer pensador en ser denominado teúrgo, concepto que difiere radicalmente del de teólogo. El teólogo simplemente se limita a hablar de los dioses mientras que el teúrgo los evoca y actúa sobe ellos. La teúrgia, por tanto, es la sabiduría y el arte de la magia usada con finalidades místico religiosas estrechamente emparentada con la alquimia. Dichas finalidades constituyen la nota que la distinguen de la magia corriente. Mientras que la magia vulgar hace uso de los nombres y fórmulas de origen religioso con objetivos profanos, la teúrgia lo hace con objetivos religiosos que son la liberación del alma del cuerpo y la búsqueda de unión con lo divino.

La creencia de los renacentistas en estos textos se debe a Jorge Gemisto, nacido en Constantinopla en 1355 que llegó a Italia con motivo del concilio de Florencia y se dedicó a dar clases sobre Platón y sobre la doctrina de los oráculos afirmando que se trataba dela expresión del pensamiento de Zoroastro y suscitando un enorme interés sobre ellos. Así Zoroastro fue tomado también como un poeta incluso anterior a Hermes.

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