Heráclito y el devenir

Actualizado: 4 de dic de 2020

Análisis detallado de las ideas centrales que conforman la propuesta filosófica de Heráclito de Éfeso, el pensador del devenir



El influjo del pensamiento de Heráclito sobre sus contemporáneos y sobre el periodo clásico de la filosofía fue extremadamente importante, siendo su filosofía imprescindible para la comprensión de las propuestas de Aristóteles y Platón.


No obstante, han sido algunos de los más importantes filósofos del siglo XX quienes han reivindicado con mayor entusiasmo la figura de Heráclito. Comenzando con Nietzsche -quien, en todos sus textos sostuvo la imperiosa necesidad de la cultura occidental de volver a los presocráticos para recuperar su frescura original- hasta llegar a Heidegger y todos los grandes nombres de la filosofía existencialista.


Heráclito también ha sido capaz de infiltrarse en la cultura popular con la célebre sentencia que la tradición le ha atribuido: “Todo fluye". Pero si bien este aforismo resume gran parte de su pensamiento, esta frase no fue dicha jamás por Heráclito sino que aparece en uno de los diálogos platónicos, concretamente en el Crátilo donde, hablando de la filosofía de Heráclito, uno de los personajes lo cita de memoria:

“En algún sitio dice Heráclito “todo se mueve y nada permanece” y, comparando los seres con la corriente de un río, añade: “no podrías sumergirte dos veces en el mismo río”.

Antes de continuar con nuestro estudio de la filosofía Heráclito, si estás interesado en este apasionante periodo de la historia de la filosofía -la etapa presocrática- te recomendamos estos dos magníficos cursos online que abordan, desde un punto de vista académico riguroso, la totalidad de los autores que componen el periodo, desde Tales hasta los albores del periodo clásico con Demócrito.


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Tampoco a nadie se le escapa o, al menos, todos los interesados por la filosofía griega habrán leído u oído alguna vez que Heráclito fue, a fin de cuentas, sólo un miembro más de la tradición milesia quien, -frente a Tales que había elegido el agua, Anaximandro que se había decantado por el ápeiron y Anaxímenes que prefirió el aire- se habría decantado por el fuego como principio o sustrato material subyacente de la realidad. Poco más se suele decir de él, más allá de lo del movimiento y el fuego.


Sin embargo, esta es una horriblemente mala explicación de su teoría que, ahora mismo, debemos eliminar para siempre de nuestra mente. Esta explicación del fuego como base material de la realidad es absurda, bastante infantil y se debe a estas simplificaciones apresuradas de manual que acaban reduciendo a los presocráticos a una ridícula lista de pensadores estrafalarios que parecían competir por la ocurrencia más estridente respecto a la naturaleza.



EL NACIMIENTO DE LA EPISTEMOLOGÍA


Heráclito propuso un sistema nuevo, original y sofisticado en el que, y esto es lo más importante, hizo nacer un de las ramas más relevantes de la historia de la filosofía: la epistemología.


Es decir, Heráclito alumbró un nuevo campo de trabajo para la filosofía: la reflexión racional crítica en torno al problema del conocimiento, en torno a las formas y métodos que tenemos los seres humanos para adquirir conocimiento acerca del entorno que nos rodea y acerca de nosotros mismos.


¿Cómo sabemos que algo es verdad?

¿Cómo aprendemos cosas acerca del mundo?

¿Cuáles son nuestras herramientas para captar la realidad? ¿Pueden fallar estas herramientas? ¿En qué medida sentidos y razón son vías seguras para el conocimiento?

La epistemología, término que significa literalmente en griego “estudio de la ciencia, o estudio acerca de la verdad”, es decir, análisis crítico de los saberes que se pretenden ser verdaderas ciencias y no meras opiniones, cambiará para siempre los puntales de la filosofía.

Porque ahora el reto ya no estará sólo en comprender y explicar el mundo sino en entender cómo lo comprendemos y explicamos, cómo nos representamos los seres humanos la realidad y en qué medida esta representación puede estar distorsionada por nuestra arquitectura biológica mental.

Heráclito, por tanto, inauguró una de las ramas más célebres e ilustres de la filosofía que hoy sigue siendo asignatura obligada para toda persona que desee dedicarse a la ciencia. Antes de conocer hemos de saber qué y cómo se da el proceso humano de conocimiento, sus múltiples sesgos y debilidades, así como su alcance y naturaleza especial.



Bien, junto a estas ideas Heráclito propuso un conjunto de teorías filosóficas que podríamos enmarcar o poner bajo el paraguas de dos corrientes filosóficas que ya conocemos en detalle. Por un lado, Heráclito se situó en la estela de la física milesia porque, al igual que los fisikoi su pensamiento ensayará un intento de explicar la estructura de la naturaleza, los mecanismo subyacentes de la physis.



LAS SENTENCIAS


Sin embargo, en segundo lugar, su forma de expresar sus ideas, su modo de transmitir esta teoría lo llevará a que podamos situarlo en la tradición de las sentencias aforísticas que exigen necesariamente la interpretación, un ejercicio hermenéutico, iniciada por los pitagóricos.

Por tanto, Heráclito no presentó su pensamiento ni en forma de tratado, ni de narración expositiva, ni en forma de poesía, sino que se decantó por un conjunto de frases cortas con una enorme carga epistemológica que tenemos que intentar descodificar y desgranar.

Ya no serán meras sentencias moralizantes, como lo eran los acúsmata pitagóricos, sino un sistema físico-filosófico completo expuesto, sin embargo, en un modo de expresión que siglos más tarde otros filósofos como Nietzsche o el segundo Wittgenstein volverán a considerar como el más adecuado para exponer la filosofía.



¿POR QUÉ EL AFORISMO?

LA PERSECUCIÓN


¿Pero… por qué Heráclito eligió esta extraña forma de expresión para redactar su libro Sobre la naturaleza? Tal como veremos en seguida, los fragmentos conservados presentan una enorme dificultad de lectura e interpretación. Si uno no ha pasado por el estudio que nosotros llevamos realizado no encontrará ningún sentido a estas frases. Le parecerán las típicas sentencias de algún místico o un juego lingüístico sin ssentido.

La razón de su complejidad responde a una circunstancia social nueva a la que el filósofo, como nuevo personaje social tendrá que hacer frente: la persecución.

Contado de forma graciosa habíamos leído que de Tales una esclava tracia se había reído por su incapacidad de tener los pies sobre la tierra. Sin embargo, estas burlas iniciales estos primeros estereotipos, poco a poco pasaron a transformarse en discursos cada vez más agresivos contra la actitud crítica y divergente de los filósofos.

Vimos que en el caso de Pitágoras la experiencia ya no fue tan graciosa, vale que él se lo buscó porque forzó hasta el extremo al pueblo de Crotona, pero a partir de Pitágoras, la sociedad griega tendrá cada vez menos paciencia con los filósofos y comenzará a formarse el germen de una visión profundamente negativa del filósofo y la filosofía como elementos discordantes, molestos y desestabilizadores de la paz social.

El filósofo, con sus teorías acerca de todo, pone en duda la religión, el estatus de los individuos, las relaciones de poder… Lejos de aportar tranquilidad al pueblo introduce en él dudas e inquietudes que generan angustia y congoja. Rompe esa feliz ignorancia y agita las mentes de los ciudadanos.


Las persecuciones, castigos y condenas a muerte no se hicieron esperar. La de Sócrates no fue la única ni la primera. A lo largo de estos dos cursos dedicados a los presocráticos veremos que fueron más que comunes en el periodo griego. Ya ni hablar de la Edad Media, el Renacimiento, la Modernidad o incluso el siglo XX. Incluso hoy, en muchos lugares de este “civilizado planeta” pensadores y críticos mueren por introducir cuestiones y preguntas molestas.

Por ello, todos los expertos coinciden, al igual que los comentaristas de la Antigüedad, en que seguramente Heráclito eligió el estilo aforístico de forma intencionada con el fin de protegerse a sí mismo y a la propia filosofía.

Debido a su redacción críptica y técnica solamente podrían entender su significado los conocedores de la tradición filosófica y las personas dotadas de suficiente capacidad intelectual para captar sus ideas, para leer entre líneas. A los demás, al no entender ni papa no les resultaría escandaloso. No le prestarían ninguna atención a su libro.


Heráclito difundió públicamente su obra, cualquiera podía leerla, pero la encriptó conceptualmente para que, a pesar de leerla, no todos pudieran comprenderla. Por esta actitud y forma de escribir, Heráclito fue conocido en la antigüedad como “el oscuro”.

Todos los testimonios antiguos nos dicen además que desarrolló un carácter muy esquivo, muy desdeñoso y que, decepcionado y hastiado, rechazó toda forma de participación en a la vida política de la ciudad.

Nietzsche y Wittgenstein, por cierto, usaron el aforismo exactamente por la misma razón. Así, en este sentido, Heráclito va a enmarcarse en la línea de aquellos pensadores que defenderán la idea de que la filosofía no es ni debe ser accesible a todo el mundo. Que sus ideas no deben airearse públicamente porque las mentes simples y temerosas en seguida, -incapaces de entenderla- la interpretarán como un ataque y harán todo lo posible por eliminarla. Nada nuevo, la gente -todos lo sabemos- suele ofenderse mucho cuando son desafiados los cimientos de sus convicciones y tiende a atacar con virulencia a los causantes.

Por ello Heráclito aconsejará al filósofo a mantenerse entre las sombras, básicamente para poder seguir viviendo.




Aparece aquí, por tanto, una fuerte contraposición entre el filósofo y el hombre vulgar.

Lo he querido decir de forma elegante… pero lo que va a decir Heráclito es que hay una distinción entre el filósofo y el imbécil.

Nuestro filósofo, lo veremos en seguida en los fragmentos, se esforzará en intentar eliminar un tópico que ya existía en la Antigüedad: esta visión del hombre ignorante como el simple, como el buen salvaje, como el inofensivo que no hace nada, que no tiene jamás pensamientos malignos… esa vinculación automática que hoy todavía encontramos entre la ignorancia y la bondad.

Heráclito nos dice que esta es una de las mayores y más peligrosas mentiras posibles. El ignorante no es esa persona inocua, sino un tipo human terriblemente peligroso, y no solamente respecto a su propia vida e intimidad, sino sobre todo cuando actúa en el juego político.

Los imbéciles, añade con sabiduría Heráclito, son además frecuentemente agresivos con las personas que cuestionan sus pocos, simples y básicos principios. Son tentados con facilidad por la violencia y suelen mostrar un carácter poco atemperado.

Así que vamos a ver a Heráclito intentando mostrar el inicio de una batalla entre los que defenderán la filosofía y los que reaccionarán contra ella con enorme maldad. Para escapar de ellos, como además de muchos son tontos, Heráclito decidió codificar su pensamiento. Así que el único arma que la filosofía puede usar para defenderse es la estupidez de los otros.

Es mejor que los filósofos hablen raro, que sólo hablen entre ellos, no vaya a ser que el que tengan al lado se escandalice. Todos los que están fuera del juego de la filosofía, todos los que no entienden que no hay que tomarse las cosas tan a pecho, que todo debe ser pensado y analizado, mejor fuera o nos perseguirán con las antorchas. Nada nuevo bajo el sol…



LA VISIÓN OPUESTA: SÓCRATES

El contrapunto de Heráclito fue Sócrates. Sócrates pensaba que todo el mundo está llamado a la filosofía y dedicó toda su vida a esta convicción.

Sócrates literalmente iba por las calles de Atenas buscando sobre todo a los jóvenes, - que el consideraba que son las personas menos pervertidas, menos encasilladas en sus prejuicios- e intentaba enseñarles el camino del razonamiento filosófico.

Sin embargo…aquel que quiere llevar la filosofía a la calle acaba muerto. Los propios ciudadnos de la más brillante, democrática culta y sofisticada ciudad de la época, lo condenaron a muerte.

Esa fue una gran lección para los filósofos a partir de Sócrates y ninguno volverá a embarcarse aventura tan atrevida como él. Ya nadie irá a la calle a predicar la filosofía, sino que los filósofos se comenzarán a encerrar en las academias, los liceos en los que… el que quiera entra, el que no, que le den.

Heráclito, como veremos, expresó esta convicción mucho antes que Platón.



CRÍTICA A LA POLÍTICA


La obra de Heráclito presentó una tercera gran novedad, ya que inrodujo una profunda crítica de la política.

Parece ser que en la época en la que Heráclito vivió en Éfeso, el gobierno que regía esta polis era una democracia.

Como bien sabéis, la democracia no fue exclusiva de Atenas ni apareció en ella por primera vez sino que fue un modelo adoptado por muchísimas otras polis, como fue de hecho el caso de Éfeso.

Sin embargo, se trataba de una democracia de Heráclito despreció profundamente ya que la consideraba como un modelo profundamente degenerado porque en ella lo único que verdaderamente estaba operando era una tiranía de la mayoría, una tiranía de la masa vulgar e ignorante.

En seguida vamos a poder ver cómo Heráclito insistirá en la idea de que una democracia sólo funciona cuando hay ciudadanos, es decir, cuando los participantes son personas racionales y autónomas. En cambio, cuando este sistema se deja en manos de estúpidos, del hombre vulgar puede vovlerse tremendaente nociva llevando incluso al colapso de los propios estados.

Una idea que, no obstante, no quedará sólo en la mente de Heráclito sino que fue adoptada por todos los grandes pensadores de Grecia – y mucho después inspirará también la definición de ciudadanía de algunos importantes ilustrados franceses. Tanto en Platón como en Aristóteles lo único que encontramos son pestes sobre la democracia.

Estos pensadores la vivieron y la estdiaron y se dieron cuenta de sus virtudes pero también de cuán grande y peligrosa puede ser su degeneración sobre todo cuando las malas decisiones reciben una legitimidad tan fuerte como la de la mayoría.

Ninguno de los grandes filósofos griegos la van a tomar como el modelo político más excelente para ordenar la vida social del ser humano, la democracia no es el ideal de la filosofía griega. No es que defendieran dictaduras ni tiranías, pero cumplían su papel ya que la filosofía es una actividad crítica. La filosofía busca la pregunta y la fisura del sistema para advertir de los fallos, no solamente aplaudir a lo que hay.

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