Galileo y el telescopio: relato de una revolución

Exposición detallada del proceso de fabricación del telescopio y los descubrimientos astronómicos que realizó con él el gran astrónomo Galileo Galilei





GALILEO Y EL TELESCOPIO



La noticia más temprana que tenemos de la adhesión de Galileo a la explicación del cosmos que marcaría toda su vida, el sistema copernicano que hizo su aparición en Europa en 1543 con la publicación del De revolutionibusde Copérnico, data de 1597 en una carta enviada a Kepler.


“Desde hace ya muchos años me he adherido a la doctrina de Copérnico. Partiendo de esta posición he descubierto la causa de muchos efectos naturales que sin ninguna duda resultan inexplicables a la luz de hipótesis corrientes. Ya he escrito muchos argumentos y muchas refutaciones de los argumentos contrarios, pero hasta ahora no me he atrevido a publicarlos, atemorizado por el destino del mismo Copérnico, maestro nuestro.” Galileo Galilei, Correspondencia.



Sus dudas y preocupaciones iniciales desaparecerían cuando llegó a él el instrumento que, unido a su imaginación, valentía y gran capacidad matemática, habría de cambiar el mundo: el anteojo de aumentos o lo que hoy conocemos como telescopio.

En la primavera de 1609 Galileo recibió la noticia de que un flamenco había inventado un curioso artilugio. Poco después un discípulo suyo que se hallaba en París, Badovere, le confirmó este punto, cosa que llevó a Galileo a construirse uno pasa sí mismo. Galileo preparó un tubo de plomo, en cuyos extremos colocó dos lentes y fue mejorando, poco a poco el invento hasta lograr 60 aumentos.



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Los problemas del telescopio



Es necesario destacar que el telescopio de Galileo no era muy bueno y su uso era muy costoso. No debemos imaginar que Galileo creó en unos años una máquina portentosa de fácil uso para escrutar los cielos. Lejos de lo que podamos pensar no se trataba simplemente de mirar a través de él para descubrir la verdad del sistema copernicano. Su campo de visión era muy pequeño, era muy difícil de enfocar y únicamente podía mostrar alrededor de un cuarto de la superficie lunar al mismo tiempo.

Teniendo en cuenta este hecho, podemos comprender mejor dos cosas importantes: en primer lugar, a aquellos que tuvieron dificultades para ver lo que Galileo decía que había visto. Y también algo que en principio parece extraño: que si hubo otros que antes que Galileo dispusieron de catalejos, ¿cómo es que ninguno se apresurase a manifestar que había visto cosas como las que se describen en Sidereus nuncius? ¿Es que no dirigieron aquellos telescopios, por toscos que fuesen, a los cielos, hacia la vecina Luna al menos? ¿Es que nadie se preguntó jamás por las manchas de la luna?




Galileo el mentiroso



Un ejemplo ilustrativo en este sentido es lo que sucedió en las vacaciones de Pascua de 1610, cuando Galileo, de camino desde Padua a Florencia, se detuvo unos días en Bolonia, hospedándose en casa del astrónomo, astrólogo y geógrafo Giovanni Antonio Magini (1555-1617), catedrático de Matemáticas de la universidad, quien, al igual que otros allí, no estaba convencido de que los descubrimientos que Galileo proclamaba había realizado fuesen reales. Para intentar convencerlos, Galileo realizó observaciones durante dos noches en presencia de un grupo de personas. Todas aceptaron que el telescopio funcionaba muy bien para observaciones terrestres, pero no tanto para las celestes; fueron, por ejemplo, incapaces de ver los satélites de Júpiter.




La innovación de Galileo: la creación de un instrumento científico

Galileo no fue ni mucho menos el primero en jugar con el anteojo. Su innovación no consistió en usarlo sino en introducirlo en la ciencia utilizándolo como instrumento científico concibiéndolo como potenciación de los sentidos, es decir, como un medio para ayudar a la mente.Cosa para nosotros normal y evidente pero inmensamente extraña y exótica para la época.

Para comprender la dimensión de su aportación hemos de entender su medio cultural y no traspasar anacrónicamente nuestras ideas al Renacimiento tardío.

El auténtico, el gran interés de la propuesta galileana respecto al telescopio está en la definición del proceso lógico con el cual modificó la mentalidad de la comunidad científicade su época que al principio no quería saber nada de esa novedad y que lo terminó por reconocer como un verdadero tesoro, transformándolo en uno de los recursos más poderosos para el conocimiento del cosmos. Hasta el día de hoy, cuando nuestros grandísimos telescopios espaciales siguen despertando nuestra curiosidad y asombro.





El telescopio en la Edad Media



Es evidente que la primera vez que apareció una lente de aumento y un tubo con lentes en Europa no fue durante el Renacimiento. El periodo medieval había conocido los anteojos y las lentes pero las consideraba como juguetes para realizar trucos durante las ferias populares.

No se confiaba en las lentes (como hoy no confiamos en la magia, la disfrutamos pero sabemos que tiene truco), porque se pensaba que engañaban. Además estaba muy arraigada la idea de que los ojos que Dios nos dio eran suficientes para ver las cosas que hay en el mundo y que no necesitan perfeccionamientos. Ya podéis imaginar cómo eran tratados los miopes y los ciegos.

A todo ello se unía los prejuicios arraigados en la cultura académica y eclesiástica con respecto a las artes mecánicas. Incluso la expresión “vil mecánico” era usada como insulto. Vimos como Vesalio en el De humani corporis fabricareivindica el uso de la mano, la implicación física y práctica del médico en la curación, preparación de medicamentos y distribución de los mismos. Igualmente pasó en la astronomía, prejuicios respecto a si un astrónomo debía ensuciarse las manos fabricando máquinas detenían todo tipo de actividad que no fuese la lectura de los antiguos tratados.