La filosofía de Walter Benjamin

Análisis detallado de las propuestas estéticas filosóficas de Walter Benjamin con especial interés en su texto La obra de arte en la época de la reproductividad técnica



La sensibilidad poética de Benjamin hizo de él una persona muy interesada en el el fenómeno artístico y en la modernidad, y por consiguiente, en sus consecuencias en la técnica, la política, la historia, la ciencia, la mirada del hombre moderno sobre el progreso...etc.



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La historia


El pasado para Benjamín no es algo terminado, acabado, el pasado es la ruina de la historia. Benjamín llama discontinuidad de la historia a un modo de interrupción. Solemos pensar que la historia es la concatenación de los hechos a través de una linealidad de causas y efectos. Por el contrario para Benjamín en la historia hay momentos de interrupción y estos momentos no sólo abren un nuevo horizonte sino también la posibilidad de interpretar el pasado de una manera determinada. Es decir, el pasado para Benjamín no es algo terminado, acabado, el pasado es la ruina de la historia, de modo que siempre está por rehacer. Una ruina de lo que nunca fue completo, terminado. Así, estas interrupciones son el pase de hilo entre dos bordes bien diferentes pero que él logra unir, por una parte el momento revolucionario. Este momento es un momento de interrupción en la historia que se sale del tiempo continuo y que genera un modo nuevo de tiempo. Una revolución incluso genera su propio calendario, y por ello significa cambiar la noción misma de tiempo. El otro borde es el mesianismo en la historia que no sólo funciona en Benjamín como un momento utópico sino también como un momento revolucionario que rompe la estructura dominante de la historia. Así, para Benjamín la historia es una construcción, no hay hechos como tal sino una interpretación dogmática que es rota, de modo que a partir de ahí la historia aparece con otro horizonte. Estos dos bordes están para Benjamín cosidas en un horizonte de redención. Así, la vida humana para nuestro autor, alienada bajo las fórmulas de un capital que aliena a aquel que no tiene más que la fuerza de su trabajo, espera no obstante una redención que será una redención de libertad, de devolución del sentido y de la dignidad del hombre a través de un proceso tan revolucionario como mesiánico.



La obra de arte en la época de la reproductividad técnica


En este texto Benjamín plantea una tesis que consiste en el problema de la reproductividad técnica que hace de un objeto algo que puede estar en cualquier parte. De modo que la reproductividad técnica afecta directamente a la obra de arte en un afecto que no es tanto cuantitativo como cualitativo. Y esta afección tiene una resonancia política. Benjamín nos dice: La humanidad que antaño era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos se ha convertido ahora en un espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden. Este es el esteticismo de la política que el fascismo propugna, el comunismo le contesta con la politización del arte. Una politización del arte como respuesta del comunismo a una utilización del arte por parte del fascismo que trae como consecuencia el que las masas ordenadas bien jerarquizadas vayan contentas a la guerra. Estamos en 1936, momento en el que el fascismo está en el poder en Alemania y en Italia. En el fondo la cuestión que moviliza todo el ensayo de Benjamín es la pregunta de en qué medida el hecho de multiplicar en principio hasta el infinito una obra de arte, de presentarla simultáneamente a una multitud de espectadores, deslocalizada afecta o no a esa obra de arte. ¿Cambia de algún modo la relación que el hombre mantiene con el arte? Y si esto es así ¿Qué consecuencias políticas se sacan de ahí y se están dando ya de hecho en 1936?. La respuesta es contundente por pare de Benjamín.





La reproducción masiva como reproducción de masas


Una circunstancia técnica resulta aquí importante ,sobre todo respecto a los noticiarios y la significación propagandística apenas podrá ser valorada sin ellos. A la reproducción masiva corresponde en efecto la reproducción de masas. No sólo el medio sino que también el objeto de la representación es masivo. La masa ahora se mira a sí misma a la cara en los grandes desfiles, en las asambleas, en las enormes celebraciones deportivas, fenómenos que pasan ante la pantalla. Este proceso cuyo alcance no debe ser subrayado, está en relación estricta con el desarrollo de la técnica reproductiva. Es decir, cuando una obra de arte se proyecta al mismo tiempo en muchos lugares, quiere decir que al mismo tiempo tiene muchos espectadores. Cuando el arte ha llegado ahí también su objeto de representación son las masas organizadas en desfiles, celebraciones. Y así mismo, hay una relación entre las masas que son observadoras con las masas que son observadas, que consiste en una autorepresentación. La humanidad ha dejado de ser espectáculo para los dioses para ser ahora espectáculo de sí misma. La humanidad se ve a sí misma y se cierra un círculo de la representación y de ello, de la unificación y la globalización hay alguien que saca su ventaja, el fascismo.


La neutralización de la crítica


Esta indifernciación trae como consecuencia la neutralización de la singularidad, de la diferencia y a esto Benjamín lo llama la neutralización de la crítica. En su tesis doctoral trató la noción de crítica de arte en el Romanticismo. Para Benjamín la obra de arte tiene un cierto carácter ruinoso. Es decir, algo que se refiere al pasado, que es un pasado no acabado, hecho de modo que podemos decir que es una ruina. Esta ruina no tiene para B un carácter meramente negativo, sino que tiene el carácter de un porvenir. Esta exigencia que toda obra de arte tiene de ser reconstruida está en la crítica. Pero ello no quiere decir que una obra esté ya acabada sino que toda obra de arte exige la complicidad con su medio social. De modo que ello hace que toda obra de arte nazca ya con una ruina originaria, la ruina en el origen. Esta ruina es la palanca que moviliza la crítica, es decir, la obra de arte no pertenece al autor, ni siquiera a un tiempo concreto sino que en la obra de arte hay una demanda de sentido que es la que Benjamín está ya asociando a la crítica. Así entonces el crítico construye la obra tanto como el autor. Bien, si ya no hay crítica ni singularidad ya no hay proceso constructivo de la obra, de modo que ahora la obra se arruina en el sentido más literal y ya no es nuevo sentido. Ante esta ruina la obra deja de ser recogimiento, ya no nos demanda ni nos pide su sentido. En la época de la reproductividad técnica la obra de arte viene masticada, dominada, consumida como un producto más. Así, Benjamín está retratando el que la reproductividad técnica nos deja indefensos para buscar sentido nosotros mismos y ello porque la obra es algo hecho, terminado, lo más familiar y por tanto deja de producir inquietud, se nos hace cotidiana. Así, este arte deja vacante algo y esta vacancia está siendo usada por el fascismo para dirigir hacia un líder la experiencia estética, un líder que no obstante que le lanza a la autodestrucción, dejando sin tocar las condiciones de producción del sistema económico.




Hemos situado una esquemática que parece metida dentro de un impás, y así fueron los primeros años, que fue la indecidibildad entre el original y la copia. A esta situación nos han llevado muchas formas de pensamiento, no sólo desde una estética sino también la filosofía. Una filosofía trascendental que expone que todo cuanto pasa y ocurre está dado en unas condiciones de posibilidad que hace que ese acontecimiento que es el ser de las cosas, no sea jamás un acontecimiento cerrado. Por ejemplo para el cristianismo ya está dado en cuanto hay una mente de Dios que todo lo sabe. Los acontecimientos en este sentido, no son hechos nuestros. Todo lo que esté ceñido a unas condiciones de posibilidad no deja resquicio a la posibilidad de algo nuevo. A partir de ahí se podría pensar en que nuestra existencia está ya dada, clausura de al representación. Benjamín abandera este pensamiento en la medida en que está exponiendo que el ser son las apariencias. No hay más que apariencia. Ahora ya sabemos que la distinción realidad apariencia, original copia es una distinción que ha salido de una ley que generó estas valoraciones y que esta ley ha construido la forma en que el hombre accede y constituye la realidad. El nihilismo, no es simplemente algo psicológico o antropológico, es algo ontológico, un modo de acontecer, de devenir. Si esto es verdad, es decir, que el nihilismo es un modo de acontecer, entonces cada uno de nosotros estamos condenados a no ver más realidad, a no experimentar más realidad que en el marco cerrado de esta construcción del ser que llamamos nihilismo. Éste es el pensamiento de Nietzsche. Así, el nihilismo acompaña a una concepción del tiempo lineal que tiene un origen y un telos, y a un pensamiento cerrado en el que la humanidad tiene un destino. Esto nos lleva claramente a Benjamín. Los esfuerzos que está haciendo la izquierda hegeliana dice que los esfuerzos del ser humano recaen en un telos y un fin último. Así, lo que se está produciendo es una industrialización del pensamiento. A partir de este caldo de cultivo podemos pensar a Benjamín. Él ofrece, de algún modo una salida a esto, que nos da la referencia a una tradición que nuestro autor ahora está intentando inyectar a un acontecer de la historia materialista. Esta inyección es lo que él llama mesianismo que curiosamente trae una serie de contradicciones internas terribles. En estas contradicciones vive el pensamiento de Benjamín.



Las contradicciones

Las contradicciones están en el hecho de que el mesianismo no puede ser la conclusión de un proceso. Para Benjamín mesianismo es la liberación de la humanidad en su propio destino, frente a alienación. Esta liberación para Benjamín es un momento mesiánico. Pero no como fin de algo sino porque juega como fin, es decir, corte con algo. Llevado a sus útlimas consecuencias el pensamiento de Benjamín es un pensamiento de la revolución permanente. A partir de esta interrupción del tiempo, de este corte que no es una conclusión causal de nada, de esta revolución, se rompe con la noción misma de materialismo histórico. Sin embargo tiene unas condiciones que lo hacen posible según las cuales sólo puede haber irrupción cuando hay conciencia de la revolución?. Benjamín está tratando de abrir un horizonte y su contradicción interna está en que el mesianismo nunca es planificado pero las condiciones que lo hacen posible.Esta contradicción que lo hace posible se ve en Benjamín.





Dos problemas

A partir de aquí se da cuenta de un hecho muy concreto, a saber, que algo ha ocurrido en las artes y a la vez se da cuenta de que las artes están siendo utilizadas por un poder emergente que para él es un poder claramente mentiroso y claramente a favor de la continuidad de la estructura productiva que es el fascismo. Así, lo que hará será conectar ambas cosas de un modo brillante. Así, la tesis de Benjamín es la siguiente: en el arte se ha producido un ahuecamiento, un vaciamiento fruto de una reproducción masiva de sus productos. Esta reproducción masiva no es sólo cuantitativa sino cualitativa. Y a la vez el fascismo tiene un éxito inaudito porque está usando el arte. Recordemos en este punto que el nazismo instaura un ministerio de propaganda que es el más activo y está haciendo un uso inusitado de una gran cantidad de elementos estéticos para favorecer su propagación. A esto lo llama Benjamín una estetización de la política. Recordemos las grandes manifestaciones, desfiles de antorchas, los uniformes del partido, el uso de elementos retóricos que tienen que ver con una inventada mitología alemana, que realiza una hipertrofia de los símbolos estéticamente y escenográficamente trabajados a su servicio. ¿Tendrá que ver una cosa con la otra? Esta estatización tendrá que ver con ese vaciamiento que se produce en el arte, con la reproductividad técnica. Tendrá que ver esta misma técnica que ha reducido al ser humano a ser un proletario que ha usurpado el poder del trabajo y lo ha puesto en manos del capital, con la técnica de la reproductividad de las obras de arte y con la estatización de la política que tan buenos resultados le está dando al fascismo. Si esto tiene algo que ver, la opinión de Benjamín es que hay que reaccionar. Y el modo de reacción consiste en la politización del arte.




¿Qué significa el vaciamiento del arte?


La primera pregunta tiene que ver con que es un hecho que hay una reproductividad casi infinita de las obras de arte. E incluso basándose en las técnicas de reproductivad hay un arte que es justamente eso, por ejemplo el cine y la fotografía. Entonces lo que Benjamín va a decir es que esta reproductividad técnica trae dos consecuencias. La primera de ellas es la pérdida del valor cultural del arte. Por tanto, la reproductividad no traes solamente efectos cuantitativos sino también cualitativos, porque se neutraliza la potencia estética del arte. Hay una desvalorización. En segundo lugar se pierde el aura de la obra de arte. Para entenderlo, hemos de analizar este concepto de aura. Benjamín nos dice que en la época de la reproductividad técnica lo que se expropia es el aura de la obra de arte. El proceso es sintomático, hay un síntoma en él y su significación señala por encima del ámbito artístico. La técnica reproductiva desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar las representaciones pone su presencia masiva en lugar de una presencia irrepetible y confiere actualidad a lo reproducido al permitirle salir de su situación reproductiva al encuentro de cada ciudadano. Por tanto, cuando esto ocurre se saca a la obra de arte de la tradición. Pero también ocurre otra cosa y es que el aura desaparece, es lo mismo que desconectar con la tradición. El aura es definida como la manifestación irrepetible de una lejanía ( por cercana que pueda ser). De hecho, la definición de aura como la manifestación irrepetible de una lejanía no representa otra cosa que la acumulación del valor cultural de la obra de arte, en categorías de perfección. Lo esencialmente lejano es lo inaproximable y esto es una cualidad fundamental de la imagen cultura, su propia naturaleza es lejanía. Una vez aparecida conserva su lejanía.



La función de la obra de arte para Benjamin


Para poder comprender, no sólo el significado de aura sino su función en el pensamiento benjaminiano y en la conclusión, hemos de comprender cuál es la función que tiene el arte para Benjamín. La obra de arte nos acoge, nos pone en una tradición. Una obra de arte no es sino la manifestación de una cultura como un culto. Pero una cultura es una factor de realización del ser humano, de manera que todos nosotros estamos realizados, operados y producidos por una cultura. Esta cultura que nos hace ver cómo alienígenas a las personas de otras culturas. La cultura produce nuestro horizonte de realidad. Y este horizonte que se expone en el lenguaje, en nuestros modos de vestir, esto que hace que no podamos comprender otras culturas, es el cultivarse, la realización del ser humano. Esto para Benjamín está incluido en una tradición, que tiene manifestaciones culturales y una manifestación cultural muy concreta es el ritual. El ritual lo que hace es introducir, meter, acoger en esta cultura y en esta tradición a un ser humano. El ritual es un modo como la cultura afecta a un individuo, se inyecta en él y finalmente viene a decir que este individuo está ya culturizado. Por tanto, el arte es una función ritual como manifestación de una cultura que nos encaja en una tradición. Esta tradición determinada no sólo aparece en una obra como el sacrificio de Isaac, sino también las Meninas cuando las comprendemos nos meten dentro de un ritual en el que vemos cómo son tratados los niños, las personas anormales, cómo hay un telón de fondo religioso detrás, hasta qué punto el arte juega un papel dominante en la cultura que se codea con los mismos reyes. Vemos como un poder está siempre en la sombra… Todo esto lo procura la obra de arte pues entra dentro de un ritual como manifestación de una cultura que así mismo nos mete, nos acoge en una tradición. Nos sentimos en una tradición pero gracias a un mecanismo, a una cualidad específica que tiene la obra de arte que es una singularidad, o excepcionalidad. Esta singularidad consiste en el aura. Aura ahora, es la manifestación irrepetible de una lejanía, por cercana que ésta pueda ser.




La lejanía

Una lejanía sería lo contrario a una cercanía, a algo que nos viene, es algo que siempre se nos va. A una lejanía si es lejanía nunca llegamos. Se trata de una lejanía absoluta, no reductible. Una lejanía que siempre es lejanía, que siempre está distante. Pero, a su vez, porque siempre está lejos tiene un foco de atracción. Para Benjamín, ese aura podría ser la belleza de la obra, tan atractiva como imposible de alcanzar. Benjamín lo quiere ver en las obras de arte diciendo que éstas nunca son consumibles. En una obra de arte siempre hay una extraña lejanía que no se deja alcanzar. Esta lejanía se la da su condición excepcional de espacio y tiempo. Estamos en un espacio que no es el nuestro pero a la vez lo es (las Meninas) todo es a la vez familiar y distante. De manera que se trata de categorías espacio temporales pues vemos que ese tiempo es y no es nuestro tiempo, que ese espacio es y no es ese espacio. Pertenecemos a esa herencia, a esa tradición pero así mismo nos resulta distante y ello nos seduce y nos fascina. La cuestión es que cuando ocurre la pérdida del aura, la reproductividad técnica neutraliza ya atrofia esto, cambiando las condiciones espacio-temporales de la obra. Estas condiciones cambian invirtiendo el tiempo de la obra, si el tiempo de la obra era nuestro tiempo cultural ahora el tiempo de la obra es nuestro tiempo actual. Y podemos ver la obra, no importa cuándo, no importa dónde, incluso más bien la obra nos viene a nosotros más que nosotros a ella. La obra de arte nos asalta, entra en nuestros lugares más íntimos. Entonces la obra sale fuera de sí, rompe su urna de aislamiento, de fascinación y se convierte en trivialidad. La obra ya no nos conecta con la tradición.



Curiosamente, la obra pasa a ser reproducción y ha dejado de ser imagen. La imagen estaba vinculada con una singularidad y con una perduración, con una no temporalidad, algo que rompe el tiempo actual, que no es para aquí y ahora sino para las generaciones. Mientras que una reproducción es simplemente algo fugaz, está en lo controlable. Es decir, hay una fugacidad y la posibilidad de restitución, siempre se puede comprar otro posavasos. A parir de aquí, podemos decir que la obra de arte al perder su aura se convierte ahora por medio de la reproductividad técnica en un evacuador de la tradición. Es decir, en vez de ser algo que acoge, que nos mete en una tradición, algo que tiene un efecto ritual, tiene ahora un efecto contra-ritual, contra-cultural. Este efecto, Benjamín lo llama liquidación general. La liquidación del valor cultura, es la importancia cultural que tiene la obra de arte cuando reproducida de una manera masiva ha perdido ya su aura o la ha atrofiado de tal manera que se convierte en un aniquilador.


Entonces, Benjamín nos dice lo siguiente: este fenómeno es sobre todo perceptible en las grandes películas de Holywood. Es éste un terreno en el que constantemente toma posición, todos los mitos, todas las religiones, harán cine, esperan su resurrección luminosa y los héroes se apelotonan para entrar ante nuestras puertas. Entonces, según Benjamín, estamos entrando sin saberlo a una liquidación general de una culura. Esto ha producido una inversión, la obra de arte ya no nos acoge sino la herramienta de la liquidación.

La pregunta ahora es qué ejemplo pone Benjamín: el cine. Lo que dice Benjamín es que hay dos factores en la obra de arte que son su factor cultural y su factor exhibitivo.




Lo que ocurre es que el aura se ha neutralizado porque el factor cultural ha sido desencajado del factor exhibitivo, de tal forma que las obras de arte son meramente exhibición y dejan de ser factor cultural. No sólo ya no nos introducen en la tradición sino que neutralizan la tradición, la niegan. Y ello porque han modificado sus condiciones espacio temporales, el aura. Benjamín es un buen conocedor del cine, se ha fijado en estas artes fuertemente exhibitivas. Así, nos dirá que cuando aparece la fotografía se conmociona el horizonte artístico general del XX. Y ello porque la fotografía tiene un carácter fuertemente exhibitivo. Las primeras fotografías se hacen en feria y por fin se puede ver su rostro y el rostro de un ser querido. Hasta tal punto que no obstante se guarda algo de ese factor cultural en la fotografía que consiste en guardar la imagen de alguien. En el rostro humano la fotografía guardó ese rescoldo de factor cultural de la obra de arte. Pero, poco a poco se fue neutralizando.


Cuando ya no tenemos una sola fotografía, la única fotografía sino la colección completa en álbumes y en formatos digitales. Así, esto para Benjamín esto es un mero juego de niños al lado de lo que pasa en el cine. El cine, es un arte que ha podido ser manipulado y manipulador porque el cine pone en su prima facie este factor exhibitivo al máximo y la neutralización del aura. Ahora Benjamín hace un análisis muy fino. Por ejemplo, comparemos un actor de teatro con uno de cine. El actor de teatro se presenta él mismo en persona en un escenario ya actúa ante un público, interactúa con el público, provoca emociones que a su vez generan en él nerviosismo, excitación. Esto se rompe en el cine, el actor de cine no actúa ante un público sino ante una cámara y ello significa que actúa ante un mecanismo, un mecanismo muy curioso porque no capta la actuación integral. A un actor de teatro se le ve desde todas las perspectivas. Un gesto del actor es un gesto que está siendo integralmente visto. Sin embargo no ocurre esto con el actor de cine puesto que él está siendo seleccionado en plano por la cámara. El actor de cine actúa delante de un mecanismo que no interactúa con él, como si delante tuviera unos expertos que neutralizan todas las afecciones.


No contamina en absoluto la actuación del artista, Así la cámara actúa desde la posición del experto y además este cine nos aproxima tanto que difícilmente podemos no caer en la tentación de unir personaje ya actor. En el cine se produce la representación de un actor, que si bien es cierto que es parcializado por la cámara, y por primera vez llega el hombre a la situción de tener que actuar con toda su persona viva incluso con su personalidad pero renunciado a su aura, a su tiempo, a su espacio. La ausencia del aura quiere decir que el extrañamiento, el espejo que el actor hace con sus propios espectadores ahora está mediatizado de tal manera que se necesita poner la personalidad del autor, consumirlo y así el actor se convierte en un producto de consumo de la técnica cinematográfica. El cine usa esta técnica, según Benjamín, que es la técnica de dispersión. Difícilmente un plano puede aguantar varios minutos. El cine está hecho para que nuestra atención esté siendo continuamente desviada, no nos deja pensar sino simplemente recibir lo que viene. Y no nos deja pensar porque los espacios del plano son limitados. Es decir, el cine siempre nos coge con la guardia baja, desde la falta de atención. Estas condiciones tendrán como resultado la neutralización del aura. Por todo esto ahora el cine es capturado por la política. Por otra parte, es capaz de mandar un mensaje que no habíamos pensado. El cine, tiene algo parecido al psicoanálisis, para este hay una serie de elementos que pasan desapercibidos y que el cine ahora nos hace focalizar. El cine nos dispersa el pensamiento y es capaz de focalizar nuestra atención en una colilla en un cenicero, en un cartón… En él se dan con claridad las posibilidades de romper el aura y en ese sentido romper la concatenacón de una tradición. Así el cine es usado en la liquidación general que ahora es aprovechada por el fascismo.


Al cine se le ha quitado el valor cultural, y se usa incluso para neutralizar el valor cultural y cuando las masas han perdido su valor de proletariado, cuando el hombre es un mero objeto del capital, entonces el fascismo le da mediante el cine la oportunidad de organizar a las masas, darle un sentido y una forma, una realidad comunitaria a lo que no la tiene. Y todo ello se produce por una inversión, las masas se ven a sí mismas reflejadas en el cine. En la reproductividad técnica se produce una inversión y es que una obra de arte que se reproduce indefinidamente es idónea para que las masas se resproduzcan a sí mismas. La masa se ve a sí misma ordenada hacia un fin. Este enorme placer que produce la obra de arte, ahora este placer estético de una obra de arte ahuecada puede ser transportada hacia el mensaje de la autorreflexión, nosotros somos esos grupos heróicos que van a la guerra alegres. Según Benjamín sólo así se puede comprender que alguien vaya a la guerra alegremente a morir alegremente por un capital que le ha convertido en un proletario y que a sí mismo no hace nada por él. El único modo de llevar a las masas a la guerra sin mover nada de las condiciones de producción económica es el fascismo por medio del cine. Lo curioso entonces es que a eso hay que contestar y la respuesta del comunismo dirá que si el arte se ha convertido en una forma de estatización de la política tendremos ahora que politizar el arte.



Reflexiones finales sobre la filosofía de Bejamin

Cuando el arte ha perdido su funciónque para Benjamín es una función cultural pues el arte sirve para acoger al hombre en la tradición cultural donde el hombre se construye, el arte queda a propuesta de un mero placer por el placer. A partir de ahí el potencial estéticoqueda vacante para su utilización por parte del fascismo que intenta formar una masa desorganizada. La reproductividad técnica ha tenido también, como sabemos, como consecuencia la representación masiva de las masas, una representación ante sí mismas. La réplica a esta situación, será según Benjamín, el comunismo que opta por la politización del arte.

En primer lugar podemos decir, a modo de conclusión que el arte ha sido alienado, ha sido sacado de su espacio de realización esencial. Ante esto el arte toma su sentido desde la hipertrofia de la multiplicación excesiva de su poder exhibitivo y el arte es fundamentalmente exhibición, es decir, espectáculo, por tanto el arte se convierte así en algo hecho para obtener en el espectáculo el aplauso de los espectadores. Esta es una reflexión que se desprende del pensamiento de Benjamín y su consecuencia es algo que todavía se está produciendo, a saber, que el acceso a esta exhibición masiva no sólo hace que las masas se vean a sí mismas sino que hace también un extraño fenómenoque consiste en identificarnos no con los modelos que salen en pantalla sino más bien una dialéctica que produce inversiones continuaspues nuestra vida cotidiana aparece ahora reflejada en ese gran generador de modelos que son las pantallas. Lo que se pone en la representación es justamente nuestra propia vida, y entonces cuando nos vemos a nosotros mismos reflejados aquello adquiere un sentido de autoidentificación. Lo que la época de la representación técnica nos enseña es que se ha producido un cierre de la representacióny además ha ocurrido algo interesante y es que el arte cada vez más se contempla desde el punto de vista de un placer inocuo. Ahora el arte además está politizado, y la fuerza escenográfica de la política es cada vez mayor. Así el arte ahora es un placer neutro pues ha sido neutralizado su poder de subversión, canalizado y formalizado su espacio de libertadal igual que su espacio de perfección. Pero a su vez la política se ha estetizado como nunca, donde un político se la juega no es en el congreso sino ante las masas, ante la llamada opinión pública que es un parlamento paralelo. Y el modo de acceder a esto es mediante una estatización de la política. Cuando hablamos de politización del arte la cuestión está en esa reflexión final de Benjamín, pues él hace una definición muy lúcida de lo que ocurre y toma la decisión de la politización del arte que consiste en poner el arte a disposición de un mensaje político. Benjamín piensa que dado que el arte ya no cumple su función el arte puede estar a disposición de cualquiera. La politización del arte es en cierta medida el acta de defunción del arte pues ya no funciona como debe, que es la transmisión de una tradición. Vemos por tanto como los discursos de esta época ponen en marcha lógicas que aceleran cada vez más la clausura de la representación. Así, Heidegger intentará explicar lo que de originario tiene la obra de arte, y para ello se introduce en una reflexión potente sobre la cuestión del origenque había quedado fuertemente cuestionada en Nietzsche.