La filosofía de Martin Heidegger

Explicación detallada de los puntos fundamentales de la propuesta filosófica del pensador alemán Martin Heidegger


Martin Heidegger ha sido uno de los pensadores que de forma más profunda e importante ha influenciado el pensamiento del siglo XX.


Su importancia sólo es comparable, en lo que a la filosofía continental se refiere, a la del Ludwig Wittgenstein en el ámbito anglosajón de la filosofía analítica. Sin embargo, a pesar de su indiscutible presencia en el pensamiento contemporáneo, Heidegger arrastra una fama negativa que se muestra en dos cuestiones principales.



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En primer lugar, Heidegger suele ser considerado como un autor oscuro que redactó escritos herméticos y terriblemente complejos que hacen difícil todo intento de acercarse a su pensamiento. Esta característica, sin duda presente en su modo de hacer filosofía, viene a explicarse por dos razones fundamentales.

Por un lado, parte de la culpa de su hermetismo se la debemos a los propios traductores de la obra de Heidegger en castellano. Si bien la traducción de sus conceptos es difícil -ya que el alemán a veces se presta con dificultad a su transvase al español-, también es cierto que la pericia de los traductores ha sido desigual provocando, en muchas ocasiones, lecturas más complejas de lo necesario.


Por otro lado, la dificultad terminológica del pensamiento de Heidegger responde a una intención voluntaria de alejarse de la tradición filosófica occidental que le precedió en todos los aspectos, incluido el lingüístico. Por ello, hallamos en sus textos el empleo de muchos neologismos y conceptos deformados, es decir, términos que aparentemente son idénticos a los que podrían haber usado Descartes o Kant y que son, sin embargo, reformulados por Heidegger desde el punto de vista de su significado.


Una de las ideas fundamentales de nuestro autor es que la nueva filosofía tiene que procurar desligarse en todo lo posible de las decisiones filosóficas de los sistemas de pensamiento previo que no sólo se reflejan en las teorías sino también en la configuración semántica de los términos filosóficos. Según Heidegger, la filosofía occidental ha estado presa de una metafísica esencialista cargada por Aristóteles y los filósofos medievales que han dado al lenguaje filosófico significados que no se deben aceptar en el nuevo marco propuesto. A ello se suma el hecho de que Heidegger provenía de una zona agraria del sur de Alemania, siendo común en sus escritos el empleo de un lenguaje vulgar o de expresiones propiamente campesinas que tienen una traducción casi imposible al castellano.


Uno de los conceptos de más renombre del pensamiento de Heidegger es la noción de dasein. Este término, que en muchos casos no se traduce, significa inicialmente en alemán “existencia”. Así, es posible referirse a la existencia de una silla, la existencia de una mesa o la existencia de Dios usando el término dasein. Sin embargo, Heidegger dotó a esta palabra de un significado particular y único ya que con ella se refirió a un tipo peculiar de existencia que es la existencia humana. En muchas ocasiones el término dasein se traduce como ser-ahí porque la forma primaria de hablar de la existencia de algo, según Heidegger, es referirse a ello como algo que está ahí delante de nosotros.


El segundo problema fundamental que afecta al pensamiento de Heidegger es su indiscutible relación biográfica con el nazismo. Heidegger se hizo miembro del partido nazi para convertirse en rector de la Universidad de Friburgo y durante una época considerablemente larga estuvo públicamente a favor del régimen de Hitler. Si bien en su filosofía los aspectos fascistas y antisemitas no están presentes – aunque hay historiadores de la filosofía que consideran lo contrario- sólo recientemente se han encontrado, gracias a la labor de edición de su obra completa que concluirá en 2040, unos textos en los que Heidegger defiende de manera clara y patente el nazismo. No obstante, tal como hemos señalado, su orientación política no afectó directamente su filosofía y no tendría sentido, por tanto, despreciar una obra que ha tenido un influjo tan importante sobre el pensamiento occidental.




LA PREGUNTA POR EL SER



La primera tesis defendida por Heidegger en Ser y tiempo es que la filosofía ha tenido y debe tener un solo tema central de investigación: el ser. La importancia de la reflexión en torno al ser, que comenzó con los griegos – fundamentalmente con Parménides, Platón y Aristóteles- ha marcado la historia del pensamiento de forma implícita. Sin embargo, la pregunta por el ser, que había sido evidente en la Metafísica de Aristóteles se abandonó de forma explícita tras su muerte siendo imprescindible, según Heidegger, su recuperación 2000 años después.


Una de las explicaciones que los historiadores de la filosofía ofrecen al interés de Heidegger por la cuestión del ser se centra en la preponderancia que había alcanzado la visión cientificista del mundo a comienzos del siglo XX de la mano de corrientes como el positivismo. Según autores como Auguste Comte o John Stuart Mill la ciencia ha avanzado de tal manera y ha alcanzado un éxito tan grande que a la filosofía no le queda otra tarea, si es que quiere sobrevivir, que dedicarse a estudiar y describir el propio método de la ciencia. Sin embargo, la experiencia de la Primera Guerra Mundial hizo que el entusiasmo cientificista colapsara ante los horrores provocados por los desarrollos tecnológicos. Los soldados y los civiles que habían experimentado la guerra ya no querían oír hablar de las bondades de la ciencia sino que comenzaron a interesarse por otro tipo de cuestiones, no tratadas por ésta, como el sentido de la vida y el carácter ético del ser humano.


En 1924 Heidegger leyó el Sofista de Platón, diálogo en el cual afirmó haber encontrado la pregunta por el ser formulada de forma oscura. Platón define el ente como “cualquier cosa que existe”, sin embargo, según Heidegger esta explicación resulta confusa. ¿Qué queremos decir cuando decimos que algo es? ¿Qué queremos decir cuando usamos el verbo ser? Cuando decimos “esto es blanco” estamos atribuyendo una propiedad a un determinado objeto, pero ¿qué estamos haciendo cuando decimos simplemente “esto es”?


Platón suponía que la existencia de todos los objetos individuales que pueblan nuestro mundo se remitía – participaba- de la idea eterna y trascendente correspondiente a dicho objeto. En este sentido, para Platón, lo que propiamente “es” son las ideas mientras que las cosas, los entes, tienen una existencia meramente derivada. Aristóteles, por su parte, comprendió que el problema del ser no se podía resolver de un modo tan sencillo y, tras refutar la teoría platónica de las ideas, analizó en la Metafísica toda la complejidad de sentido ontológico y categorial que tiene el ser.


Para Aristóteles no hay que mirar a otro mundo, la respuesta de qué es algo está en la cosa misma. El análisis de cualquier objeto nos muestra que su “ser” no es ni su color, ni su forma, ni su tamaño, ni su posición determinada en el espacio sino algo que, a pesar de todos los posibles cambios a los que el ente pueda estar sometido, se mantiene en el tiempo. Aristóteles señala, según Heidegger, de esta forma que el ser de las cosas debe comprenderse necesariamente desde una perspectiva temporal.


Si bien Heidegger consideró que la pregunta por el ser debía ser considerada como la cuestión central de la filosofía, jamás ofreció una respuesta clara a qué es el ser ya que su obra Ser y tiempo quedó inconclusa. Lo que encontramos, por tanto, en Ser y tiempo es todo un conjunto de reflexiones e interpretaciones de la historia de la filosofía y de otras cuestiones de tipo estético y existencial que insisten en la importancia de la pregunta sin ofrecer nunca una respuesta a la misma.

La segunda propuesta de Heidegger – y una de las más criticadas por los historiadores

y expertos en el pensamiento de los distintos autores que componen la tradición filosófica- fue la de sostener que era capaz de demostrar que absolutamente todos los filósofos de la historia, desde Aristóteles hasta el presente, han respondido a la pregunta por el ser aunque no se la hayan planteado explícitamente. En opinión de Heidegger, para un medieval “ser” significaba “ser creado por Dios” mientras que para un filósofo moderno significaba, por un lado “ser creado por Dios” y, por el otro, “ser representado por la conciencia”. De esta forma, Heidegger subsume toda la historia del pensamiento filosófico bajo una perspectiva ontológica y metafísica según la cual la principal preocupación –consciente o no- de todos y cada uno de los filósofos ha sido dar respuesta a la pregunta por el ser.


Si bien Heidegger no ofreció una definición definitiva del ser, es posible encontrar a lo largo de su obra varias caracterizaciones que resultan interesantes. En primer lugar, Heidegger insiste en que el ser es un carácter propio de los entes pero no es un ente más. Es decir, el ser determina al ente en cuanto ente, lo caracteriza y es aquello que permite que el ente sea, pero no es, en sí mismo, un ente de la realidad. El ser es, por tanto, aquello con vistas a lo cual el ente es comprendido como ente.


Si bien el ser es algo de lo cual no podemos decir que es, dado que la frase “el ser es” resulta redundante y carente de sentido, es necesario que, de alguna forma, haya ser porque sin él no podríamos entrar en contacto con los entes ni nos sería posible la comprensión de su carácter existencial.


El punto de partida de Heidegger en esta cuestión es su convicción de que todo el mundo comprende intuitivamente y de forma más o menos precisa lo que es el ser. Es decir, todos los seres humanos son capaces de entender lo que significa “ser”. Esta precomprensión del ser implica, necesariamente, la percepción de que en él hay un componente eminentemente temporal.


Otra idea central de la filosofía heideggeriana es aquella según la cual sólo un tipo de existencia, el dasein, es capaz de comprender el ser. Es decir, sólo el ser humano entendido como ser-ahí puede comprender en qué consiste la temporalidad de su propia existencia.




LOS PREJUICIOS EN TORNO AL SER



Según Heidegger la investigación en torno al problema del ser debe lidiar con tres prejuicios generalizados sobre el ser que contaminan y dificultan su comprensión:


1. El ser es el concepto más universal de todos. Ello implica que el ser está en todo lo que existe, es propiedad de todo lo que hay y por eso mismo no permite hacer ninguna distinción relevante ni nos dice nada importante de la realidad. Por ello, al ser un concepto universal carece de sentido investigarlo ya que está presupuesto en todo lo que es y podemos conocer. Frente a esta visión, Heidegger consideró que el ser, lejos de ser un concepto evidente y universal, es el más oscuro y difícil de captar.


2. El concepto de ser es indefinible. Es más, de hecho no hace falta definirlo porque es máximamente general, pero si se intentara ello sería imposible porque no es un ente y, por tanto, no tiene ninguna propiedad definida que podamos enumerar o analizar. Heidegger propone que esto sí puede ser llevado a cabo.


3. El ser es un concepto evidente por sí mismo. De las dos posiciones anteriores se sigue que la evidencia del ser de las cosas es algo completamente dado y carente de problematicidad. Para Heidegger esto no es así, sino que el

concepto de ser requiere aclaración.


La pregunta por el ser es, según Heidegger, una pregunta peculiar por un objeto peculiar. En toda pregunta es posible hallar tres elementos básicos:


1. Se pregunta por algo

2. Se pregunta a algo

3. Se pregunta tendiendo a algo


Por ejemplo, cuando preguntamos a alguien “¿qué hora es?”, estamos preguntando por la hora, a una persona y con la intención de saber si llegaremos tarde a nuestro destino. En el caso del ser la pregunta se dirige siempre a la existencia humana ya que el dasein es el único capaz de comprender el significado del ser.




SER-EN-EL-MUNDO



La importancia del dasein y de su existencia como temporalidad es fundamental en la filosofía heideggeriana, pero hay un segundo factor que determina al ser humano como tal que es, según Heidegger, su condición de ser-en-el-mundo. Con esta expresión nuestro autor viene a decir que, frente a lo establecido por la filosofía moderna, no hay un abismo entre nuestra conciencia y las cosas externas que hay en el mundo sino que el ser humano está, permanentemente y desde que nace, entre las cosas y en relaciones bidireccionales con ellas. Es decir, no hay una mente y después un mundo separado respecto del cual hemos de preguntarnos si somos realmente capaces de conocerlo sino que la existencia humana está entre las cosas constantemente, sumergida en ellas.


Nuestra relación inicial con el mundo de los objetos no consiste, según Heidegger, primariamente en intentar conocerlos sino que ésta es una actitud secundaria y derivada. La primera relación que tenemos con las cosas es práctica: las usamos, las evitamos, trabajamos con ellas…etc. y sólo a veces las observamos para comprenderlas.


Un rotulador, por ejemplo, no es para nosotros un objeto sólido, brillante, fabricado de plástico, que mide 16 cm. y contiene tinta sino algo que “sirve para escribir”. Sólo cuando el bolígrafo deja de cumplir su función o cuando nos dirigimos a él con una intención distinta a la de emplearlo es cuando se revela a nuestros ojos bajo la mirada epistemológica como un objeto extenso dotado de determinadas propiedades. La primacía que la filosofía moderna había concedido al acceso al mundo a través del conocimiento debe ser abandonada para pasar a comprender que nuestra relación primaria y más natural con los entes es el uso.


Otro elemento derivado del solipsismo moderno es el olvido del hecho de que los seres humanos no sólo están rodeados de cosas u objetos sino también de otros dasein, de otros hombres. Sin embargo, a pesar de que sepamos que hay otros dasein sólo podemos tener conciencia de una existencia humana: la nuestra propia. Por tanto, cuando Heidegger habla en el libro de “existencia humana” no quiere referirse a un concepto universal o abstracto sino que se dirige a la existencia concreta del lector que debe comprobar la validez de las tesis de Heidegger comparándolas con sus propias vivencias. No podemos aprender nada de la existencia observando la de aquellos que nos rodean. No hay comprensión de lo que es la alegría más que en la alegría de uno mismo, así como del dolor, el miedo o la muerte.


Uno de los problemas fundamentales que Heidegger señala como condicionantes de la vida humana es lo que llama inautenticidad. La vida inauténtica es aquella que consiste en obrar según la opinión generalizada, según el “se”. Así, nos vestimos “como se viste”, hablamos “como se habla”, trabajamos “como se trabaja”. La vida en la que el ser humano se limita a actuar de esta forma sin emprender por sí mismo la búsqueda de lo que realmente quiere ser lleva a la imposibilidad de la autenticidad.



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