La ética de Wittgenstein

Análisis detallado de la concepción ética de filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein esbozada en su Conferencia sobre ética de 1930


El objetivo central de la Conferencia sobre ética pronunciada por Witggenstein en 1930 es el de determinar cuál es el objeto de investigación de la ética.


Para ello, Wittgenstein comienza aceptando una idea de Moore según la cual la ética es “la investigación general sobre lo bueno”. Sin embargo, esta descripción resulta demasiado vaga, por lo que Wittgenstein decide realizar una

aproximación al objeto de la ética mediante un método consistente en la enumeración de varias expresiones o proposiciones sinónimas, de tal forma que cuando nos enfrentemos a ellas se nos pueda mostrar que todos poseemos una especie de idea genérica de la ética. Así, al enumerar los rasgos típicos que comparten las diversas definiciones de ética, podremos alcanzar un retrato prototípico de su objeto.



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Las proposiciones sinónimas propuestas por Wittgenstein son las siguientes:


- La ética es una investigación sobre lo valioso

- La ética es una investigación sobre lo que realmente importa

- La ética es una investigación sobre el significado de la vida

- La ética es una investigación sobre aquello que hace que la vida merezca la

pena ser vivida

- La ética es una investigación sobre la manera correcta de vivir



Para Wittgenstein, por tanto, la ética no es un objeto meramente intelectual o

relacionado puramente con el interés teórico sino algo íntimamente vinculado con la vida de uno mismo y de los demás. Respecto a estas proporciones nuestro autor añade que cada una de ellas se puede usar de dos formas distintas:



a) En un sentido trivial y relativo

b) En un sentido ético y absoluto


Los términos en los que se tratan cuestiones éticas – tales como “bueno” o “valioso”- pueden ser empleados en un sentido trivial, tal como se hace en el lenguaje cotidiano.


Así, podemos decir “esta silla es buena” o “este es un buen reloj”. Sin embargo, este tipo de expresiones no tienen ningún sentido ético. Los términos “silla” y “reloj” son términos funcionales que se refieren a objetos cotidianos respecto de los cuales se dice si realizan adecuadamente o no su función. Un buen reloj, por tanto, es aquel que no se retrasa y una buena silla es, simplemente, una silla cómoda. Este tipo de discursos funcionan mediante el establecimiento de un cierto estándar respecto del cual se determina si un objeto es bueno o malo. Para Wittgenstein estos juicios de valor relativo son meros enunciados de hechos, es decir, se refieren a objetos del mundo y, por tanto, carecen de todo tipo de valor absoluto.



A fin de comprender a qué se refiere Wittgenstein con ello hemos de tener en cuenta el inicio del Tractatus en el cual se expone una ontología formal, es decir, una teoría sobre qué tipos de cosas hay en el mundo y cuáles son las relaciones entre ellas.


Para Wittgenstein el mundo es la totalidad de los hechos que han sido, son y serán. Estos hechos determinan qué es mundo y qué no es mundo. Los hechos, a su vez, están formados por estados de cosas y éstos por cosas. Las cosas son los componentes mínimos de los hechos, los ladrillos mínimos de la realidad denominados por Wittgenstein “la sustancia del mundo”.


Las cosas entran en relaciones simples entre sí dando lugar a estados de cosas (relaciones del tipo “la botella está encima de la mesa).


A su vez, los hechos reflejan una mayor complejidad ya que se refieren a estados de cosas más ricos como todas las relaciones que hay entre todos los objetos que se encuentran en una habitación.


Establecido esto, Wittgenstein sostiene que tanto lo que entendemos como sujeto como todo lo que se relaciona con el valor ético o absoluto no forma parte del mundo ni es posible expresarlo a través del lenguaje. Es decir, el lenguaje humano tiene unos límites claros más allá de los cuales se sitúan cosas como los valores éticos y estéticos que son absolutamente inefables.


El lenguaje, por tanto, vendría a ser una taza de té que tiene una capacidad determinada para contener líquido. Por mucho que sigamos

vertiendo agua en ella, hay unos límites que no puede superar ni abarcar. Todo lo que queda fuera de la taza no puede ser aprehendido por nuestra capacidad de comunicación lingüística; todo ello constituye el ámbito de los valores absolutos.