El amor y el odio en la filosofía de Empédocles

Análisis detallado de los fundamentos de la filosofía de la naturaleza de Empédocles con especial atención en los rasgos de las dos fuerzas que rigen el cosmos

Hasta ahora hemos visto introducir a Empédocles la capital noción de "elemento material" con las cualidades básicas que éste conservará durante siglos en la física occidental. Pero su física necesitaba algo más para explicar la naturaleza y ello porque los cuatro elementos de Empédocles eran inertes. Es decir, por sí mismos, los elementos no son capaces de interactuar unos con otros. Las propiedades intrínsecas de las que nuestro filósofo los había dotado no bastaban para explicar por qué los elementos en unen entre ellos para dar lugar al mundo que captamos a través de nuestros sentidos.

¿Por qué se separan? ¿Por qué forman estructuras moleculares?

¿A qué se debe su continuidad temporal?


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Empédocles se dio rápidamente cuenta de que no basta simplemente con la materia inerte para explicar la naturaleza vibrante que hay a nuestro alrededor. Para explicar el cambio es necesario introducir algo más dentro del nuevo juego de la física. Y aquí, por primera vez en la historia,hacen su aparición las fuerzas.

Empédocles introdujo en su teoría nada más y nada menos que un inédito conjunto de fuerzas dinámicas de atracción y repulsión, gracias a las cuales era posible explicar por qué los elementos inertes interactúan unos con otros. Por qué se ligan y por qué se separan.


Estas fuerzas son el amor y la discordia. Sin volver realmente al misticismo Empédocles siempre fue un poeta y un enamorado de los versos y le resultaba absolutamente inevitable usar términos metafóricos para referirse, sin embargo, a algo mucho más importante de lo que podría parecer a primera vista.

El amor de Empédocles es una fuerza de atracción, una fuerza existente en la naturaleza que hace que los elementos inertes, físicos se peguen, que se unan entre sí y que formen las estructuras complejas que podemos ver a nuestro alrededor. El odio, en cambio, nacos, es la fuerza de repulsión que hace que los elementos se separen, se alejen unos de otros, rompiendo como consecuencia los cuerpos y los objetos que conforman.

Por tanto, según Empédocles, toda la materia inerte que compone el cosmos está animada, está movilizada por dos fuerzas antagónicas, siempre activas, que jamás descansan y que en su incansable acción ordenan todo lo existente bajo los efectos de la atracción y la repulsión.

Por primera vez en la historia de la filosofía tenemos una física en la que se combinanestas dos ideas básicas. La naturaleza es el resultado de la combinación entre elementos físicos y fuerzas. Algo brillante, algo increíble, algo novedoso y algo que mantendrá la física hasta nuestros días. Los elementos y las fuerzas se mantendrían quietos, inertes, no podrían interactuar entre sí y las fuerzas y los elementos materiales y la materia no tendrían sobre que actuar. La naturaleza tiene que ser una combinación de ambas.

Estamos ante un momento crucial, ante un momento cumbre para el futuro desarrollo de la comprensión del universo por parte del pensamiento occidental. Empédocles va a aclarar que uno de los pilotes va a poner uno de los cimientos en los que se sostendrá toda la física de los siglos posteriores. Pero si bien nuestro filósofo nos ha aclarado hace poco cuántos eran los elementos, cuáles eran exactamente aire, fuego, agua y tierra, cuáles eran sus propiedades, cuáles eran sus rasgos distintivos.

En ningún momento, sin embargo, nos va a ofrecer una explicación tan detallada, tan concienzuda, de qué son las fuerzas. Lamentablemente, Empédocles jamás, nunca nos va a dar ninguna pista de las entrañas de las fuerzas. Y sin embargo, esto es algo que en realidad no debería resultarnos demasiado sorprendente.

Crear una teoría sin tener exactamente claro el significado de todos y cada uno de los conceptos, porque es algo que ha ocurrido más de una vez en la historia de la física occidental. De hecho, la noción de fuerza es una idea muy especial en la historia de la física. Se trata de un término que ha sido usado insistentemente a lo largo de la historia de la filosofía de la naturaleza, aunque sin que se supiera durante la mayor parte del tiempo qué era exactamente una fuerza por todos conocido. Por supuesto, es el caso de Newton, que es el mejor y más paradójico ejemplo de esta situación.

Newton, el gran Newton, que fue el físico que definió matemáticamente una de las fuerzas más famosas de la historia. Por supuesto, la fuerza de la gravitación. Ante la pregunta de qué era exactamente esta fuerza, jamás supo decir nada. Newton reconocía que era muy capaz de calcular los efectos de esta fuerza de la gravedad. Era capaz de atraparlo en una forma matemática, de precisar sus efectos sobre la materia.

Pero jamás se atrevió a decir qué era exactamente esa fuerza, de dónde provenía que la provocaba. Y cuál era su constitución interna. Normalmente la define como un agente capaz de modificar el movimiento o la forma de los materiales, pero sobre quién es ese agente y cuáles son sus propiedades? Jamás. Nunca dijo nada. Del mismo modo, Empédocles nos habla de estos efectos de las fuerzas, la atracción y la repulsión, aunque nunca nos diga exactamente qué es una fuerza.

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