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El culto a los elementos en la antigua religión persa

¿Cómo era la religión de los persas en la Antigüedad? ¿A qué dioses adoraban?




Retomando nuestro estudio de la cultura persa a través de las fuentes griegas, continúa Heródoto:


“(…) Los persas ofrecen sacrificios al sol, a la luna, a la tierra, al fuego, al agua y a los vientos.”


Este fragmento hace referencia a un conjunto de creencias que los especialistas han conseguido identificar como pertenecientes al denominado culto iranio antiguo. Es decir, se trataría de los retazos supervivientes del sustrato religioso común que caracterizó la región de Próximo Oriente en el periodo anterior al segundo milenio antes de nuestra era. La religión persa del siglo V a.C. fue, en cambio, una versión muy posterior y modificada de estos credos. Lo que los griegos del periodo clásico conocieron fue una ecléctica mezcla, fruto de sucesivas etapas de evolución, que se había transformando a medida que asimilaba corrientes de creencias de orígenes muy diversos. Así, durante el periodo aqueménida, la espiritualidad persa se había terminado por convertir en un complejo híbrido en que este sencillo animismo natural constituía su fundamento más antiguo.


 

Antes de continuar con nuestro estudio de la religión persa, si estás interesado en profundizar en esta civilización así como en sus relaciones con la cultura griega a lo largo del siglo V a.C. te recomendamos este magnífico curso online en el que podrás explorar las interacciones entre Occidente y Oriente en la Antigüedad:



Puedes ver el curso entero en su web o, directamente, en su canal de Youtube. A continuación te dejamos el link a la lista de reproducción de todos los capítulos:



Como ejemplo, aquí puedes ver una de sus clases dedicada, precisamente a los cultos rituales de la antigua religión persa:



Desde el punto de vista filosófico, resulta marcado el contraste entre la adoración religiosa de los persas por de los cuatro elementos y el tratamiento puramente físico que los presocráticos les ofrecieron. Si bien Empédocles no fue el primero en hablar de los elementos -pues éstos habían sido considerados como los fundamentos primarios de los ciclos naturales desde épocas remotas por diversas civilizaciones- sí es posible atribuirle originalidad en la medida en que los trató en el marco de una teoría física que no les concedía ningún grado de divinidad.

Las diferentes clases de sustratos físicos consideradas por los filósofos arcaicos -elementos, homeomerías y átomos- no tenían nada de sagrado ni se concebía la necesidad de rendirles sacrificios. No había nada de divino en ellos, sólo materia en eterno movimiento.

Ello demuestra que la nueva filosofía ocultaba, entre sus planteamientos, una innovadora manera de entender el mundo: la creencia de que la naturaleza no podía ser controlada por el ser humano por medio de sus lazos espirituales mediados por la divinidad, sino sólo gracias a una intervención directa, física e inmediata. Ningún encantamiento o conjuro podía alterar la dinámica natural -convocando la lluvia o deteniendo la inundación- porque ésta se revelaba ajena al influjo de las palabras, dependiendo exclusivamente de una materia que no podía ser modificada más que por la fuerza bruta, por el fuego, el músculo y el cincel.

La filosofía venía a advertir de que los deseos de los hombres no podrían llegar a hacerse realidad por medio del rezo o el ritual sino sólo a través de un ingente esfuerzo físico e intelectual: su trabajo. Heredero de esta visión filosófica griega será el espíritu de la Modernidad que, movido por los mismos ideales prometeicos, dio lugar a la Revolución Industrial que vendría a forjar, por medio de la técnica, la ciencia y el trabajo, la forma de nuestro mundo contemporáneo.

La deificación de las fuerzas elementales de la naturaleza presente en la cultura persa era, en este sentido, algo ya primitivo a ojos de los filósofos griegos.


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