El existencialismo

Exposición detallada de los rasgos fundamentales de una de las corrientes principales de la filosofía contemporánea, el existencialismo


En primer lugar el existencialismo supone una actitud socrática, en el sentido de que el objetivo central de esta filosofía es la reflexión en torno al ser humano y su circunstancia. Para los existencialistas, por tanto, el problema fundamental de la filosofía es un problema antropológico-metafísico de tal modo que ésta debe consistir en un discurso sobre cuestiones éticas y políticas y no sobre las estructuras del cosmos.



 

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En segundo lugar, el existencialismo se caracteriza por considerar que a la pregunta por el ser humano no se le puede ofrecer una respuesta esencialista, es decir, basada en la convicción de que existe algo como la “esencia del hombre” Para el existencialismo el ser humano es algo radicalmente indeterminado y, por ello, carece de cualquier tipo de esencia definida. El hombre no es nada sino que puede ser cosas completamente diferentes. En este sentido, la vida humana es aquello que cada individuo quiera hacer con ella, de ahí que el hombre esté caracterizado por una potencialidad casi ilimitada de la cual no disponen, por ejemplo, los animales. Éstos están profundamente determinados por sus impulsos, mientras que el hombre puede sobreponerse a ellos haciendo cosas, tan extrañas, como dejar de comer voluntariamente.


Para los existencialistas todo ser humano es, además, el resultado de sus elecciones hecho que viene a señalar que la vida del hombre es una libertad radical. Por ello, la filosofía no puede pretender estudiar al ser humano “en general” porque no hay nada que responda a dicha definición, sino a cada sujeto particular. En este sentido, cada individuo es una realidad magmática carente de definición que va haciendo su esencia a medida que vive y elige. De hecho, a pesar de que nuestras elecciones hayan orientado una cierta esencia o rumbo determinado en nuestra vida nada impide que el individuo lleve a cabo una ruptura radical de todas su convicciones y elecciones anteriores.


En este marco, ambos autores, distinguen entre dos tipos de existencia o modos de llevar la vida: la existencia auténtica y la inauténtica. La existencia auténtica es aquella en la que el individuo asume que está abocado al ejercicio constante de la libertad. Por ello la autenticidad consiste en no poner falsas barreras a la libertad apelando a determinaciones inventadas: “No puedo hacerlo porque tengo un compromiso familiar, porque la sociedad no lo admite, porque mi condición no lo permite…etc” La existencia inatuéntica es, por tanto, la que limita el espacio de libertad inventando falsas esencias: “mujer, anciano, esposo, trabajador…” La libertad humana es, sin embargo, absoluta de ahí que falsear la existencia es someternos a una vida inauténtica. Para los existencialistas nada está fuera de nuestro ámbito de posibilidades y cualquier intento de negarlo no es más que una cobarde forma de autonegación.




 

Ateísmo


Los existencialistas se caracterizan, también, por un rechazo absoluto de la solución religiosa del problema de la existencia humana. Tanto Sartre como Camus fueron declaradamente ateos. Sin embargo, lo curioso es que existencialismo hunde sus raíces en el contexto cristiano abierto por autores como Pascal y Kierkegaard. Durante gran parte del periodo antiguo y medieval los pensadores estaban convencidos de que la fe era algo que se podía sustentar racionalmente mediante un conjunto de argumentos filosóficos lógicamente válidos. No obstante, cuando la ciencia moderna entra en crisis,

los filósofos comienzan a ver que la explicación racional de Dios no era posible y que la fe no es un ámbito susceptible de demostración. A partir del siglo XVII comenzó a ser cada vez más difícil ver la fe como un conocimiento de la razón.