El Discurso fúnebre de Pericles

Análisis detallado del Discurso fúnebre de Pericles, recogido por Tucídides, y comparativa con los fundamentos de la política contemporánea




 

Poder, palabra y acción:

Una lectura contemporánea del Discurso fúnebre de Pericles

Dra. Ana María C. Minecan


 

La melancolía que en nuestros días proyectamos sobre el pasado se relaciona indefectiblemente con el deseo de recuperar la solidez de unas ideas que, con el lento decurso del tiempo, parecen haber mostrado una brillante capacidad para elevar al ser humano desde la barbarie hacia el logro de un espacio de libertad en el que puedan desarrollarse los proyectos vitales en una armonía acorde a los deseos y a la razón.


Sin embargo, esta idealización de los tiempos pretéritos en ocasiones no deja de ser un simple reflejo de nuestras propias preocupaciones, las cuales deforman y esconden los aspectos oscuros de nuestros ídolos para encumbrar los ejemplos de virtud que siguen inspirando la búsqueda filosófica en la época contemporánea.



 

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El retorno a los clásicos sigue siendo un camino tentador y una fuente de gran inspiración para la comprensión de los fenómenos sociales y políticos. Sin embargo, es imposible adentrarse en ellos sin reconocer que sus palabras responden a una situación completamente alejada del momento actual.

Es precisamente el Discurso fúnebre de Pericles–conservado en el segundo libro de las Historiasde Tucídides[1]– un ejemplo magistral de esta dualidad seductora y amenazante. La fuerza de sus afirmaciones, la poderosa descripción de la tradición, la claridad de los motivos que se alegan como impulso para la consecución del futuro, esconden, al mismo tiempo, la esencia de un pueblo profundamente marcado por los ideales de la violencia y la agresividad.

El motivo de la elección de este texto como punto de reflexión no es otro que el de explorar la posibilidad de que tales rasgos puedan servir, para los hombres que hoy en día bregan con dificultades y empeños semejantes, a modo señales de advertencia o muestras aleccionadoras de los diversos caminos que se nos presentan abiertos para el desarrollo de la política.

La invitación para recuperar la lectura de una de las obras cumbre de la humanidad viene impulsada por el deseo de mostrar el marcado contraste entre el modo de vivir la acción política de los griegos atenienses del siglo V a.C. y nuestro propio sentir contemporáneo ante esta situación.


¿Habrá en esta mirada lanzada hacia un lugar del cual nos separan más de dos milenios alguna respuesta a las tribulaciones del presente?


La apatía, el descontento, incluso la rabia que experimentamos ante la forma en la que se ejerce el poder en la actualidad no sólo genera entre nosotros un sentimiento de frustración, sino también un desengaño, una desilusión frente al sentido mismo de la política. Casi podríamos decir que hemos perdido, o quizá nos han arrebatado, la conciencia de estar inmersos en una época en la que el sistema que guía y conduce nuestras vidas como individuos sociales es una democracia.


Más bien, los ciudadanos expresan de modo reiterado sentirse oprimidos y dominados por un poder tiránico ante el cual parecen no poder expresar sus deseos ni lograr satisfacer sus necesidades como comunidad. Asimismo aquellos que se encuentran reunidos tras las fronteras de un Estado o nación tienden a preferir, en nuestros días, definirse fundamentalmente como individuos, y no como ciudadanos, movidos por ideales y motivaciones personales