Aristóteles: las cuatro causas

Actualizado: mar 12

Explicación detallada de la teoría aristotélica de las cuatro causas



LAS CAUSAS


El tercer capítulo del libro II de la Física está dedicado al estudio de las causas entendidas como el segundo elemento que debe ser tratado en el estudio de la ciencia física para poder obtener un conocimiento suficiente sobre el mundo natural. Aristóteles defiende la existencia de cuatro tipos de causas capaces de dar razón de los movimientos y estados experimentados por la naturaleza física ofreciendo, en el libro primero de la Metafísica, una genealogía del origen de las consideraciones acerca de cada una de ellas en el pensamiento de los filósofos que le precedieron.

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Causa material


La primera es la causa material definida como “el constitutivo interno de lo que algo está hecho”. Esta causa fue, según se señala el Estagirita (Met.. I 3, 938b5-30), la primera en ser considerara por los filósofos más antiguos que pensaron, en su mayoría, que los principios de la naturaleza eran exclusivamente materiales. La materia era considerada como lo primero a partir de lo cual se generan las cosas y lo último en lo cual éstas se descomponen, permaneciendo siempre en la entidad a pesar de que esta experimentara cambios en sus cualidades.


Sea lo que sea aquello que pueda ocurrirle a un cuerpo físico –un cambio de temperatura, de coloración, de tamaño o de localización en el espacio– lo que jamás desaparece, mientras dicho cuerpo existe, es su constitución material que actúa como la base de todas sus posibles transformaciones.


Ejemplo de la defensa de un principio material como causa primera de todas las cosas fue la filosofía de Tales para quien la causa primera explicativa del orden subyacente a todas las transformaciones era el agua (D-K11 A 12). Anaxímenes y Diógenes afirmaron que el aire era anterior al agua y que, entre los cuerpos simples o elementos, éste es el principio por antonomasia (D-K13 A 6). Hipaso y Heráclito tomaron el fuego por primera causa, mientras que Empédocles añadió la tierra a los tres mencionados, sosteniendo que los cuatro elementos o raíces eran el aire, el agua, el fuego y la tierra. (D-K31 A 34)


Aristóteles asimila de estos pensadores las consideraciones en torno a la materia tomándola como una de las causas capaces de explicar distintos aspectos de la realidad física tales como el comportamiento dinámico de cada uno de los entes mediante los principios de levedad y gravedad asociados a la misma. Por tanto, la materia es, por un lado, condición de posibilidad de la existencia de todo cuerpo sensible y, por el otro, razón explicativa de la capacidad de dicho ser de poseer propiedades y de desplegar todo tipo de comportamientos de interacción dinámica con el entorno.



Causa eficiente


La causa material no es, sin embargo, suficiente para explicar los procesos de generación y descomposición porque la materia, por sí misma, no es causa de todas sus transformaciones. Ni la madera ni el bronce, por ejemplo, son causa de su transformación en cama o en estatua. No hay nada en la propia materia que venga a explicar algunos de los cambios que se observan entre los compuestos mixtos. Este hecho llevó, según Aristóteles, al descubrimiento de un segundo tipo de causa llamada eficiente o motriz definida como “aquello de donde procede el inicio del movimiento” (Met.I 3, 984a25).


En el ejemplo de la estatua y la cama, la causa eficiente o agente de las modificaciones es el escultor o el carpintero. En cambio, en un tipo de alteración como el aumento de tamaño del cuerpo de un animal, la causa eficiente sería el alimento y, en el del desplazamiento vertical hacia arriba de una roca, el movimiento impreso por la mano que la ha lanzado. La causa eficiente subraya, por tanto, la existencia en el mundo natural de interacciones entre los entes que van más allá de las consecuencias derivadas de su mera condición material.



Causa formal


La maduración del pensamiento filosófico llevó a considerar, en tercer lugar, las entidades en tanto aquello que son, es decir, en cuanto a su esencia o definición (Met.I 3, 983a25). Según el Estagirita, los pitagóricos fueron los primeros en preguntarse por la causa formal, aunque ello de una forma simple e incompleta, al considerar que el número es la entidad de todo lo que hay. No obstante fue Platón quien, influenciado por el pensamiento de Crátilo y la posición heraclítea según la cual todas las cosas están en constante devenir, introdujo la teoría de las formas que sostiene la participación de todos los seres sensibles de una idea común que explica la pertenencia de cada uno a un género y especie determinadas.


Así, la causa formal debe ser entendida como aquello que designa “la forma o el modelo, esto es, la definición de la esencia y sus géneros” (Fís.II 3, 194b25) o, lo que es lo mismo, el arquetipo o razón última que da cuenta de la configuración entitativa de una cosa. La causa formal vendría a señalar que la naturaleza debe ser explicada también en virtud del modo en el que las partes materiales se organizan en cada ente específico según un modelo o patrón que permite su clasificación. Si sólo se tuviera en cuenta el aspecto material de las cosas no se podrían hacer verdaderas distinciones ya que la materia es común a todo lo que hay. Su configuración y disposición específica, esto es la forma, es lo que distingue a unos seres de otros.



Para comprender esta idea en términos contemporáneos imaginemos la diferencia entre un tubo de ensayo que contiene un organismo vivo y otro en el cual estuvieran contenidos todos los elementos químicos que componen el organismo pero de forma separada. Si bien en ambos casos tenemos el mismo tipo y cantidad de materia, en un tubo hay algo vivo y en el otro una mera mezcla inerte. La diferencia que hay entre los dos es, precisamente, la forma en la que se relacionan y se organizan los elementos dando lugar a la vida o a algo completamente inanimado. La forma, por tanto, no es algo despreciable en la organización de lo natural sino que establece distinciones tan radicales como la que acabamos de señalar.



Causa final


En lo que respecta al cuarto tipo de caus