Aristóteles: el éter

Actualizado: 25 mar 2019

Descripción de la naturaleza y propiedades del quinto elemento de la teoría física aristotélica: el éter



 

EL ÉTER EN LA FÍSICA

DE ARISTÓTELES


 

Según Aristóteles el mundo natural está dividido en dos grandes zonas o regiones que se diferencian una de la otra por el tipo de materia de la que están constituidas.

Mientas que los cuerpos sublunares están configurados por la mezcla de los cuatro elementos simples. (aire, fuego, agua y tierra), la región superior del cosmos está habitada por un conjunto de cuerpos, los astros, cuya principal característica es el movimiento en círculos que deriva, precisamente, de su particular composición elemental: el éter.


 

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“A partir de esto resulta evidente, entonces, que existe por naturaleza alguna otra entidad corporal aparte de las formaciones de aquí, más divina y anterior a todas ellas; [...] si el desplazamiento en círculo es natural en alguna cosa, está claro que habrá algún cuerpo, entre los simples y primarios, en el que sea natural que, así como el fuego se desplaza hacia arriba y la tierra hacia abajo, él lo haga naturalmente en círculo. [...] Por consiguiente, razonando a partir de todas estas consideraciones, uno puede llegar a la convicción de que existe otro cuerpo distinto, aparte de los que aquí nos rodean, y que posee una naturaleza tanto más digna cuanto más distante se halla de los de aquí

Aristóteles, Acerca del cielo.I 2, 269a30-b17


Esta otra entidad corporal, y por tanto física, que recibe el nombre de éter configura cuerpos simples a los cuales les corresponden, necesariamente, movimientos simples y perfectos. Es decir, dado que no hay ningún tipo de composición o heterogeneidad en los astros, ya que en su región es monista desde un punto de vista elemental, tampoco puede haber movimientos irregulares o compuestos porque estos son, en el mundo sublunar, resultado de la mezcla de las propiedades dinámicas de los cuatro elementos en cada uno de los individuos particulares.

A un cuerpo simple, por tanto, le corresponde por naturaleza el movimiento más simple y perfecto que es, según Aristóteles, el desplazamiento en círculos pues “[…] lo perfecto es anterior por naturaleza a lo imperfecto, y el círculo está entre las cosas perfectas, mientras que no lo está ninguna línea recta; en efecto, ni lo está la indefinida pues tendría en ese caso un límite y un final, ni ninguna de las limitadas (pues algo queda fuera de todas ellas: en efecto, es posible alargarlas indefinidamente).” (DC.I 2, 269a20-23).


Los astros, que dibujan en su desplazamiento la trayectoria de una circunferencia en un único plano invariable, no tienen gravedad ni levedad ya que ni por naturaleza y tampoco por algún tipo de violencia les es posible moverse hacia el centro del cosmos ni alejarse de él. Ello se debe a que el movimiento circular no tiene contrario alguno respecto del cual se pueda establecer una oposición que permita a estos cuerpos moverse de otra manera. En el mundo supralunar hay un único modo de desplazamiento que dibuja una única forma, con una única dirección y que mantiene una única velocidad constante y uniforme sin ningún tipo de aceleración.



Las propiedades ontológicas del éter


Respecto al carácter ontológico del éter, Aristóteles sostiene que es ingenerable e incor