Giordano Bruno: pensamiento

Análisis detallado de los puntos fundamentales del pensamiento de uno de los protagonistas de la ciencia renacentista, Giordano Bruno



LOS FUNDAMENTOS DEL PENSAMIENTO DE

GIORDANO BRUNO



Para comprender adecuadamente el mensaje de un filósofo es necesario captar el núcleo de su pensamiento, el origen de sus concepciones y el espíritu que les infunde vida. En el caso de Giordano Bruno, el rasgo central de sus reflexiones es de carácter mágico-hermético.


Decir simplemente esto podría parecer extraño o esotérico pero nada de eso tiene que ver con el hermetismo renacentista. Esta corriente se desarrolló como fruto de los textos herméticos recuperados y traducidos en la Academia florentina y que en la época eran considerados tan auténticos como los diálogos de Platón o los tratados de Aristóteles. Nada hacía sospechar de que se trataba de simples falsificaciones del siglo II d.C.



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Hermetismo y egipcianismo

renacentista



Bruno siguió las huellas de los magos-filósofos renacentistas y se enmarcó en la línea que Marsilio Ficino había iniciado con cautela intentando mantenerse dentro de los límites de la ortodoxia cristiana. No obstante, Burno, se propuso llegar a las últimas consecuencias y confiando en la primacía de los textos antiguos sobre las Escrituras. Convencido de que las obras de Hermes Trismegisto contenían la verdad más ancestral, se proclamó pagano, egipcio convencido y deploró públicamente la destrucción llevada a cabo por los cristianos del culto a los dioses naturales de Grecia y de la religión de los egipcios a través de la cual éstos habían alcanzado el conocimiento de las cosas divinas: el sol


“No sabes, oh Asclepio, como Egipto es la imagen del cielo (…) nuestra tierra es templo del mundo. No obstante, vendrá un tiempo en el que parecerá que Egipto ha sido en vano un religioso cultivador de la divinidad (…). Oh Egipto, Egipto de tus religiones sólo quedarán las fábulas(…). Las tinieblas ocultarán la luz, se juzgará que la muerte es más útil que la vida, nadie elevará los ojos al cielo, el religioso será considerado como demente, se pensará que el impío es prudente, el furioso, fuerte, y el pésimo bueno.

Y creedme, entonces se le aplicará la pena capital a aquel que se dedique a la religión de la mente; porque aunque se hallarán nuevas justicias y nuevas leyes, no se hallará nada santo ni nada religioso; no se oirá cosa digna del cielo o de lo celestial. Sólo quedarán los ángeles perniciosos, quienes- mezclados con los hombres – forzarán a los miserables a osar todos los males, como si fuese justicia; dando pie a guerras, robos, fraudes y todas las demás cosas contrarias al alma y a la justicia natural; ésta será la vejez, el desorden y la irreligión del mundo. Pero no lo dudes, Asclepio, porque después que hayan acaecido tales cosas, entonces el señor y padre Dios, Gobernador del mundo, providencia omnipotente (…) acabará seguramente con tal inmundicia, devolviendo al mundo su antiguo rostro.”



Para Bruno el egipcianismo fundamentado en los textos de Hermes Trismegisto es la buena religión destruida por el cristianismo a la que hay que regresar y de la cuál él se siente profeta con la misión de hacerla revivir. En este sentido, a nivel religioso Bruno predicó, atentos, una especie de contrarreforma paganaque solucionara los problemas de decadencia y caos en la que había caído en cristianismo.

Para entender esta extrañísima actitud de Bruno, debemos considerar que todos los grandes movimientos progresistas del Renacimiento obtuvieron su vigor y su impulso emocional, paradójicamente, de una mirada retrospectiva hacia el pasado.





La edad de oro




La concepción cíclica del tiempo entendido como un movimiento perpetuo que arranca de la primitiva edad de oro, en la que dominaban la pureza y la vedad, y avanza a través de sucesivas edades de bronce y hierro, era sin duda alguna la dominante en aquella época y por ello, la búsqueda de la verdad era identificada con la búsqueda de aquel oro primitivo, antiguo y originario del cual eran degeneraciones corrompidas los viles metales de la edad presente y las inmediatamente anteriores.


La historia del hombre no era considerada como una evolución desde primitivos orígenes animales hacia formas cada vez más complejas y adelantadas. Por el contrario, para los renacentistas, el pasado siempre fue mejor que el presente y el progreso – al menos en el ámbito moral- significaba retorno, renacimiento de la antigüedad.

A nivel tecnológico y científico los renacentistas miraron, por tanto, hacia el futuro y a nivel moral hacia al pasado, algo que nos ocurre también hoy en día siendo numerosísimas las personas que combinan espiritualidad antiguas orientales con vidas tecnológicas y estresantes.





Tensiones entre el racionalismo y el espiritualismo




El humanista, mientras iba recuperando la literatura y los monumentos de la antigüedad tenía la sensación de estar volviendo a una auténtica y áurea civilización, sin lugar a dudas infinitamente superior a la suya propia. Pensando que regresaba a la cuna de la civilización antigua, en realidad, debido al error cronológico de datación, el renacentista lo que hizo fue regresar al marco pagano de desarrollo del cristianismo primitivo, de ahí que los textos se parezcan tanto a los evangelios.


Los filósofos de este periodo consideraban que la antigüedad era sinónimo de santidad y pureza y que en ella había un conocimiento de los dioses infinitamente superior al que gozaban sus sucesores racionalistas. Es decir si bien en esta época empieza a formarse el racionalismo matemático-científico que caracterizará occidente y que llevará Europa a logros impresionantes, empieza a mostrarse la falta de humanidad, de humanismo de esta tendencia racionalista de la que hablaba por ejemplo Nietzsche. La falta de valores, de belleza, de calidez en el trato con la naturaleza y los demás, que hoy en día padecemos, esta crisis y lucha entre la frialdad racional y el sentimentalismo emotivo, nació ya en el renacimiento. Hoy en día ambos se desbordan sin control, y sin conocer sus raíces. Educación emocional...etc.




Asimismo, los renacentistas tenían la impresión de que todo aquello que fuese antiguo y remoto estaba impregnado de santidad en un grado sumamente elevado de ahí su culto por los “bárbaros”, los gimnosofistas indios, los magos persas, los astrólogos caldeos cuyos conocimientos, creía, estaban en un nivel de religiosidad muy superior al cristianismo. ¿Os suena?

Pero por encima de todos prevalecían en esta época los cultos egipcios y sus templos eran frecuentados por los devotos del mundo grecorromano, anhelantes de alcanzar la verdad y la revelación. La opinión de que Egipto fue la fuente originaria de todo conocimiento y de que los primeros filósofos habían aprendido de sus sacerdotes era generalizada. Se atribuye este hecho a varios presocráticos, lo cual puede ser cierto o puede que sea consecuencia de la manipulación de los textos que se hizo en el periodo renacentisa. Este enorme error histórico, no obstante estaba destinado a ser el causante de resultados sorprendentes.





Cosmología: heliocentrismo



El culto al sol de la mitología egipcia heliopolitana, en la que éste ocupaba el centro de la creación tuvo, como podéis imaginar, un impacto directo en la aceptación por parte de los herméticos del copernicanismo. Sorprendente y maravilloso.


Además, en la lista neoplatónica de filósofos que formaban la cohorte de la priscateología estaban Pitágoras y Filolao autores que habían divulgado las ideas astronómicas de la escuela pitagórica según las cuales la tierra, el sol y los demás cuerpos celestes giran alrededor de un fuego central.


“El sol ilumina a las demás estrellas, no tanto por la fuerza de su luz, sino a causa de su divinidad y santidad, y debes creer, oh Asclepio, que él es el segundo dios, que gobierna todas las coas y difunde su luz sobre todas las criaturas vivas del mundo, ya sea sobre las que tienen un alma, ya sea sobre las que no lo tienen.” Corpus hermeticum, Asclepius, 29.




Bruno creía que la Tierra giraba alrededor del Sol, y que la rotación diurna aparente de los cielos es una ilusión causada por la rotación de la tierra alrededor de su eje. Esta doctrina la impartió sobre todo en la Universidad de Oxford, y el destino ha querido que conservemos un bellísimo texto de George Abbot, impresor de la Universidad de Oxford en la que se narran las clases de Bruno y aparece la reticencia y el desprecio a las nuevas teorías explicadas.



“Cuando aquel pajarraco italiano, que con un nombre ciertamente más largo que su cuerpo se autotitulaba Philotheus Iordanus Brunus Nolanus Theologia Doctor, visitó en 1583 nuestra universidad coincidiendo con la estancia en ella del duque polaco Alasco, ardía en deseos de llevar a cabo una empresa memorable que le proporcionara fama a expensas de aquél célebre ateneo. Cuando poco tiempo después, con más audacia que sabiduría, consiguió ocupar la más alta plaza de nuestra mejor y más famosa escuela, alzando las mangas de su toga lo mismo que haría un juglar nos habló con gran énfasis de los centros, los círculos y las circunferencias e intentó, entre muchas otras cosas, mantener en pie la opinión de Copérnico según la cual la tierra gira mientras los cielos permanecen inmóviles; en realidad, lo cierto es que lo que giraba era su cabeza, provocando el consiguiente movimiento de su cerebro.” George Abbot, The Reasons



¡Qué escena tan increíble! Un mago hermético exponiendo la teoría copernicana en Oxford y sus profesores y académicos rechazándola. En la Cena de las cenizasCopérnico es ensalzado en grado sumo.



“Así pues, ¿quién será tan villano y descortés con los trabajos de este hombre (Copérnico), como para olvidar todas sus realizaciones y el hecho de que los dioses le mandaron a nuestro mundoa modo de aurora que debe precederla salida de este sol que es la antigua y verdadera filosofía, por tanto siglos sepultada en las tenebrosas cavernas de la ciencia y la maligna ignorancia? ¿Quién se atreverá a juzgarlo (…) comparándole con la gregaria multitud que piensa y se guía por la brutal e innoble superstición, en lugar de colocarle entre los que gracias a su feliz talento han sido capaces de enderezarse y ascender con la fiel ayuda del ojo dela divina inteligencia? (…)

He aquí, pues, a aquel que ha atravesado el aire, ha penetrado a través de los cielos, ha caminado por entre las estrellas ha traspasado los márgenes del mundo y ha hecho desvanecer las fantásticas murallas representadas por la primera, octava, nona, décima y demás esferasque hubieran podido imaginarse, construidas a partir de las relaciones que han establecido malos matemáticos y la ciega observación de los filósofos vulgares. Así, con la ayuda de todos los sentidos y de la razón,con la llave que nos proporciona la investigación diligente, nos ha abierto las puertas de la verdad y nos ha dado el poder necesario para rasgar los velos que nos ocultaban la naturaleza, ha dado ojos a los topos, ha iluminado a los que no podían fijar la vista en su propia imagen reproducida en los innumerables espejos que existen a su alrededor, ha devuelto el habla a los mudos que no sabían ni conseguían explicar sus intrincados sentimientos, ha dado fuerzas a los indecisos que no se atrevían a que su espíritu llevara a cabo el avance que le está vedado a la innoble y perecedera materia.” Giordano Bruno, La cena de las cenizas




El movimiento de la tierra




Junto a la tesis heliocéntrica Bruno defendió con entusiasmo la tesis copernicana del movimiento de la tierra que durante tantos años de había visto cubierta de ridículo y escarnio. No obstante, esta idea, en el caso de Bruno que, recordemos jamás cogió un telescopio en su vida ni realizó los cálculos astronómicos de Copérnico casaba perfectamente con textos del Corpus Herméticum como el siguiente. (Nos sorprende saber que hubo acérrimos defensores del copernicanismo pero no desde la vía científica, algo que uno no puede ni creer. Pero, debido al hermetismo, hubo personas que dieron su vida por la teoría de Copérnico y por su defensa no científica, sino desde un punto de vista espiritual)

Nada de lo que vamos a ver nos debe causar maravilla pues todas estas teorías ya habían sido propuestas por los griegos pero, simplemente, no fueron las unánimemente aceptadas.



“-¿Pero acaso no mueren los seres vivos de este mundo, oh padre, a pesar de que forman parte de él?

-Silencio, hijo mío, porque estás en un error en cuanto a la denominación del fenómeno. Los seres vivos no mueren, hijo mío, sino que siendo cuerpos compuestos, se disuelven, y esta disolución no es una muerte sino la disolución de una mezcla. La disolución no es una destrucción sino una renovación. ¿Qué es de hecho la energía de la vida? ¿Acaso no es movimiento? ¿Qué hay en el mundo que sea inmóvil? Nada, hijo mío.

-Pero, al menos, la tierra, oh padre ¿no parece estar inmóvil?

-No, hijo, al contrario.” Corpus hermeticumI





El universo infinito




Dentro de la historia del pensamiento y de la ciencia, Burno es particularmente ensalzado no sólo por su aceptación de la teoría copernicana, sino, y por encima de todo, a causa del admirable salto de su imaginación que le llevó a agregar la idea de la infinitud del universo a la tesis de Copérnico. Tesis que ni siquiera se le había pasado por la cabeza al astrónomo prusiano. Bruno pobló este universo infinito de innumerables mundos en continuo movimiento a través del espacio, enfrentándose así a la idea medieval de un mundo cerrado.

“Afirmo que el universo es infinito y que consta de una inmensa región etérea. Tal universo es un verdadero cielo que recibe el nombre de espacio o seno, y en él se hallan los astros. (…) y también la luna, el sol y otros innumerables cuerpos que habitan esta etérea región lo mismo que lo hace la tierra.” Bruno, La cena de las cenizas


Dos formas de entender la naturaleza: la condena de Aristóteles

Hemos visto como Galileo criticaba la teoría de Aristóteles pero no el método aristotélico basado en la observación, la argumentación lógica, el avance teórico..etc.


Esta actitud de confianza en la capacidad humana y en sus sentidos convirtieron a Galileo en el padre de la ciencia moderna, en uno de los personajes más ilustres de este tipo de pensamiento que caracteriza nuestras vidas. Galileo estaría así en esa línea de la filosofía, física, materialista y experimental iniciada por los presocráticos, seguida por Aristóteles y por todos aquellos pensadores que no incluyen en sus descripciones referencias a la divinidad ni a causas naturales.


Giordano es el ejemplo de la otra rama y la muestra clara de cómo ambas han sobrevivido y mantenido al unísono hasta nuestros días. Giordano defendió tesis idénticas a las de Galileo y consideró, con el mismo fervor que él, la verdad del copernicanismo pero por razones completamente distintas ligadas con elementos místicos y profundamente religiosos. De hecho, para Bruno Aristóteles era la encarnación del individuo de mentalidad limitada que no puede o no quiere ver las verdades ocultas y que es incapaz de comprender la teoría copernicana en su acepción hermética. En una de sus obras compadece al “pobre Aristóteles” por su incapacidad para comprender la profunda magia que hay en la naturaleza.




La conciencia filosófica




Gracias a Giordano hemos visto la importancia de conocer las raíces de nuestras ideas contemporáneas, pero no sólo de las estéticas o científicas que tanto prestigio público han alcanzado sino de otras que, quizá de forma menos evidente, siguen permeando con fuerza el pensamiento de la sociedad: creencias mágicas, astrológicas, combinadas con influencias orientales y, en muchas ocasiones, compatibilizadas con sentimientos cristianos.

Este fenómeno, llamado sincretismo, del cual muchas veces no somos conscientes pues no sabemos de dónde se origina posee una historia tan larga y compleja como la de la ciencia, que comienza con una época en crisis y decadencia, el siglo II y pasa a ser uno de los impulsos del renacimiento.

Cuando hacemos historia hemos de hacer historia de todo, sin miedo, profundizando para comprender un poco mejor a estos pensadores pero, ante todo, para comprendernos a nosotros mismos y a nuestra sociedad. ¿De dónde vienen estos restos de paganismo y esta orientalización? ¿A qué se debe nuestra creencia en la profundidad espiritual de oriente frente al individualismo activo occidental?


Nada nuevo bajo el sol, estas cuestiones no son problemas de “nuestra época” y verlas así es tener unas miras muy limitadas del acervo cultural que compone Europa, mucho más rico, mucho más complejo, un mosaico con miles de colores.

Hay, en Giordano la misma confianza en el hombre y el mismo optimismo, pero enfocado hacia otros horizontes que, lejos de haber perdido la batalla de la historia siguen con nosotros moviendo nuestra economía y nuestras ideas cotidianas con una inmensa fuerza.


“Veo con toda claridad que los hombres nacemos ignorantesy que no es demasiado difícil adquirir plena conciencia de nuestra ignorancia. Crecemos y somos educados según la disciplina y costumbres imperantes en nuestro hogar. (…) Al igual que de un modo natural toma cuerpo en nosotros la necesidad de cuidar con celo las raíces de nuestras concepciones, aparece en los demás idéntica necesidad de hacerlo con las suyas propias. (…)

La empresa que has tomado bajo tu responsabilidad, oh Filoteo, es difícil rara y singular pues pretendes arrancar a los hombres de su ciego abismo de oscuridad y llevarles ante la presencia de la clara y tranquila luz de las estrellas,que con tan bella variedad vemos diseminarse por el cerúleo manto del cielo. A pesar de que tu piadoso celo pretenda tender una mano amiga a los hombres, no por ello dejarán de mostrarte su ingratitudde tan diversas formas como especies de animales engendra y alimenta en su materno seno la tierra. (…)

Verás algunos hombres que, como topos ofuscados, apenas llegados al aire libre se hundirán de nuevo en sus madrigueras para seguir permaneciendo ensu oscuridad natal. Otros, a modo de pájaros nocturnos, tan pronto hayan visto apuntar en el luminoso oriente la rojiza luz que anuncia la próxima llegada del sol, regresarán a sus sombrías moradas porque sus ojos no podrían resistir tal claridad. Todas las criaturas incapaces de contemplar la luz de los cielos y eternamente condenadas a vivir prisioneras (…) abrirán sus alas y emprenderán veloz vuelo hacia sus madrigueras. Pero aquellas criaturas que han nacido para ver el sol, finalmente reunidas después de tan odiosa noche, darán gracias al cielo por su benignidad y se prepararán para recibir en sus ojos los tan largamente esperados rayos con desusada alegría en sus corazones.” Bruno, La cena de las cenizas

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