Historia de la ciencia: Francis Bacon y el método científico

Actualizado: mar 12

Estudio detallado de la propuesta científica del pensador moderno Francias Bacon



FRANCIS BACON: LA AMBICIÓN DE UN VISIONARIO



En sus diarios, Bacon se define a sí mismo con esta breve frase que nos servirá de apertura a la modernidad.


“Mi ambición en el campo de la ciencia es tan limitada como modesta en el terreno de la política”


Una frase que, destila modestia y humildad si no fuera porque Francis Bacon está hablando de una forma completamente irónica ya que, al igual que la nueva ciencia europea, la ambición de nuestro filósofo no conocerá límites.



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Nuestro primer autor se distinguió, a nivel personal, por un febril afán de popularidad y una sed insaciables de prestigio, poder y riqueza. Bacon fue, un ser humano extremadamente competitivo, ambicioso, incluso codicioso, que destilaba una confianza en su propia persona que nos sigue sorprendiendo incluso hoy en día. Rasgos, que siguiendo casi una afiliación de sangre, pasarán a la ciencia.


De algún modo, en la personalidad de Bacon vendrá a reflejarse el carácter de las grandes naciones europeas a partir del siglo XVI y, posteriormente, del propio individuo moderno y postmoderno pues si algo caracteriza nuestra época, frente al deseo de disolverse en la nada y el rechazo del deseo y la ambición de otras culturas del que hablábamos en la sesión anterior, es el deseo de fama, poder y dinero. Estos tres valores tan hiperdesarrollados hoy en día son una herencia típicamente moderna y, como siempre ocurre en filosofía, curiosamente nuestro estudio sobre la física también nos ayudará a comprender al ser humano en otras dimensiones.


Los protagonistas modernos de nuestro curso, Bacon, Kepler y sobre todo Newton ansiaron lograr la fama por sus gestas, por sus logros únicos y destacables, propios, insólitos y originales atribuibles al genio y talento se su individual persona frente al gremio y la masa.


Sed de riqueza y gloria que izó las velas de los barcos en busca de nuevas rutas e impulsó la ambición de marineros y exploradores a cumplir el sueño americano sin entrar a valorar demasiado la calidad moral de las acciones que condujeran a ello, como demuestra el caso de Newton. Ni ética, ni moral, ni erudición sino ingenio y pericia serán los valores centrales de la modernidad.

Si bien al final de su vida Bacon cayó en desgracia por acusaciones de corrupción, supo orientar bien su ambición, y logró alcanzar las más altas distinciones en la administración política de la Inglaterra isabelina pasando, además, a la historia como el representante teórico más paradigmático del nacimiento de la ciencia hasta tal punto de que cuando se quiere caracterizar el espíritu de la ciencia moderna se lo denomina espíritu baconiano.

En contra del dogmatismo y de la reivindicación de la ignorancia

Vamos a iniciar el estudio de su obra sin decir ni una sola palabra introductoria más, vamos a zambullirnos de golpe en uno de sus textos perteneciente al Novum organum que enmarcará de forma brillante nuestro camino.



“Aquellos que se han atrevido a hablar dogmáticamentede la naturaleza como de un sujeto explorado, sea que les haya inspirado esta audacia su espíritu excesivamente confiado o su vanidad y el hábito de hablar magistralmente, han ocasionado un perjuicio muy grande a la filosofía y a las ciencias. Obligando a la fe con autoridad, supieron, con no menos poderío, oponerse e impedir toda investigación, y por sus talentos más comprometieron la causa que prestaron servicio a la verdad, ahogando y corrompiendo anticipadamente el genio de los otros.

Los que siguieron el camino opuesto y afirmaron que el hombre absolutamente nada puede saber, ya sea que hayan admitido esta opinión en odio a los antiguos griegos, ya en consecuencia de las incertidumbres de su espíritu, o bien en virtud de alguna doctrina, han presentado en apoyo de su opinión razones que no eran en modo alguno despreciables; pero, sin embargo, no las habían tomado de las verdaderas fuentes, y arrastrados por su celo y cierta especie de afectación, cayeron en una exageración completa.” Ib.



En este brevísimo texto, Bacon resume todas las ideas que hemos visto en la primera clase señalando que la actitud adecuada que ha de mantenerse en filosofía y en las ciencias es un prudente término medio entre la falsa creencia de estar en posesión de toda la verdad y la exagerada posición de negarle al hombre cualquier posibilidad de alcanzarla. Ambos son términos viciosos, inútiles, que conducen a la parálisis y que denotan poco respeto y conocimiento respecto de qué es el verdadero saber.





Instauratio Magna



Impulsado por su profundo deseo de impedir la continuidad de una situación tan precaria Bacon se propuso uno de los objetivos más ambiciosos de la nueva era: nada más y nada menos que llevar a cabo la completa y absoluta reforma de todo el saber humano, tarea que él denominó “instauratio magna” o gran renovación.


La aparición en el contexto histórico europeo de una persona que considerara necesaria una reforma de este tipo, al mismo tiempo que declaraba inaceptable el mantenimiento de los modelos del pasado nos hace ver que estamos en una nueva época en la que la autoridad de lo antiguo, lo “milenario” ya no tiene el prestigio y el respeto mantenido hasta entonces. De hecho, como vimos en la sesión anterior, mientras que los primeros renacentistas todavía veneraban el pasado greco-romano, y los griegos, a su vez, se sentían deudores de Mesopotamia y Egipto, los pensadores propiamente modernos, los verdaderos padres de la ciencia rechazaron con ferocidad incluso las más elevadas aportaciones antiguas porque, en su opinión, finalmente conducían al mismo grado de superstición que el periodo medieval.


El saber, para los modernos, ya no soplaba ni del Este ni del pasado. El saber, ya no se considera terminado ni revelado en su totalidad en los libros sagrados ni implica una ciega obediencia repetitiva del canon. El saber es un proceso dinámico, histórico y constructivo que depende de la capacidad del individuo dispuesto a iniciar la titánica labor de investigar por medio de sus capacidades el vasto mundo que le rodea. Todo está por descubrir…. Mientras que antes estaba ya todo dado. La actitud conservadora ya no tiene sentido.



Finalmente, veréis la ineptitud de ciertos teólogos llevada al extremo de prohibir, o poco menos, toda filosofía, por purgada que esté. Unos temen sencillamente que el estudio demasiado profundo de la naturalezaarrastre al hombre más allá de los límites de moderación que le están prescritos, torturando las palabras de la Santa Escritura, pronunciadas contra los que quieren penetrar los divinos misterios(...). Otros, conmás astucia, piensan que si las leyes de la naturaleza son ignoradas, será mucho más fácil atribuir todos y cada uno de los acontecimientos a la potencia y al castigo de Dios, lo que, según ellos, es de grandísimo interés para la religión; y esto no es en realidad otra cosa más que servirse de Dios para la mentira. Otros temen que por el contagio del ejemplo, los movimientos de las revoluciones filosóficas se comuniquen a la religión, y determinenen ella trastornos de rechazo. Otros parecen temer que por el estudio de la naturaleza se llegue a algún descubrimiento que derribe o cuando menos conmueva la religión, sobre todo en los espíritus ignorantes.”Ib.