Historia de la ciencia: Francis Bacon y el método científico

Actualizado: 21 de mar de 2019

Estudio detallado de la propuesta científica del pensador moderno Francias Bacon



FRANCIS BACON: LA AMBICIÓN DE UN VISIONARIO



En sus diarios, Bacon se define a sí mismo con esta breve frase que nos servirá de apertura a la modernidad.


“Mi ambición en el campo de la ciencia es tan limitada como modesta en el terreno de la política”


Una frase que, destila modestia y humildad si no fuera porque Francis Bacon está hablando de una forma completamente irónica ya que, al igual que la nueva ciencia europea, la ambición de nuestro filósofo no conocerá límites.



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Nuestro primer autor se distinguió, a nivel personal, por un febril afán de popularidad y una sed insaciables de prestigio, poder y riqueza. Bacon fue, un ser humano extremadamente competitivo, ambicioso, incluso codicioso, que destilaba una confianza en su propia persona que nos sigue sorprendiendo incluso hoy en día. Rasgos, que siguiendo casi una afiliación de sangre, pasarán a la ciencia.


De algún modo, en la personalidad de Bacon vendrá a reflejarse el carácter de las grandes naciones europeas a partir del siglo XVI y, posteriormente, del propio individuo moderno y postmoderno pues si algo caracteriza nuestra época, frente al deseo de disolverse en la nada y el rechazo del deseo y la ambición de otras culturas del que hablábamos en la sesión anterior, es el deseo de fama, poder y dinero. Estos tres valores tan hiperdesarrollados hoy en día son una herencia típicamente moderna y, como siempre ocurre en filosofía, curiosamente nuestro estudio sobre la física también nos ayudará a comprender al ser humano en otras dimensiones.


Los protagonistas modernos de nuestro curso, Bacon, Kepler y sobre todo Newton ansiaron lograr la fama por sus gestas, por sus logros únicos y destacables, propios, insólitos y originales atribuibles al genio y talento se su individual persona frente al gremio y la masa.


Sed de riqueza y gloria que izó las velas de los barcos en busca de nuevas rutas e impulsó la ambición de marineros y exploradores a cumplir el sueño americano sin entrar a valorar demasiado la calidad moral de las acciones que condujeran a ello, como demuestra el caso de Newton. Ni ética, ni moral, ni erudición sino ingenio y pericia serán los valores centrales de la modernidad.

Si bien al final de su vida Bacon cayó en desgracia por acusaciones de corrupción, supo orientar bien su ambición, y logró alcanzar las más altas distinciones en la administración política de la Inglaterra isabelina pasando, además, a la historia como el representante teórico más paradigmático del nacimiento de la ciencia hasta tal punto de que cuando se quiere caracterizar el espíritu de la ciencia moderna se lo denomina espíritu baconiano.

En contra del dogmatismo y de la reivindicación de la ignorancia

Vamos a iniciar el estudio de su obra sin decir ni una sola palabra introductoria más, vamos a zambullirnos de golpe en uno de sus textos perteneciente al Novum organum que enmarcará de forma brillante nuestro camino.



“Aquellos que se han atrevido a hablar dogmáticamentede la naturaleza como de un sujeto explorado, sea que les haya inspirado esta audacia su espíritu excesivamente confiado o su vanidad y el hábito de hablar magistralmente, han ocasionado un perjuicio muy grande a la filosofía y a las ciencias. Obligando a la fe con autoridad, supieron, con no menos poderío, oponerse e impedir toda investigación, y por sus talentos más comprometieron la causa que prestaron servicio a la verdad, ahogando y corrompiendo anticipadamente el genio de los otros.

Los que siguieron el camino opuesto y afirmaron que el hombre absolutamente nada puede saber, ya sea que hayan admitido esta opinión en odio a los antiguos griegos, ya en consecuencia de las incertidumbres de su espíritu, o bien en virtud de alguna doctrina, han presentado en apoyo de su opinión razones que no eran en modo alguno despreciables; pero, sin embargo, no las habían tomado de las verdaderas fuentes, y arrastrados por su celo y cierta especie de afectación, cayeron en una exageración completa.” Ib.



En este brevísimo texto, Bacon resume todas las ideas que hemos visto en la primera clase señalando que la actitud adecuada que ha de mantenerse en filosofía y en las ciencias es un prudente término medio entre la falsa creencia de estar en posesión de toda la verdad y la exagerada posición de negarle al hombre cualquier posibilidad de alcanzarla. Ambos son términos viciosos, inútiles, que conducen a la parálisis y que denotan poco respeto y conocimiento respecto de qué es el verdadero saber.





Instauratio Magna



Impulsado por su profundo deseo de impedir la continuidad de una situación tan precaria Bacon se propuso uno de los objetivos más ambiciosos de la nueva era: nada más y nada menos que llevar a cabo la completa y absoluta reforma de todo el saber humano, tarea que él denominó “instauratio magna” o gran renovación.


La aparición en el contexto histórico europeo de una persona que considerara necesaria una reforma de este tipo, al mismo tiempo que declaraba inaceptable el mantenimiento de los modelos del pasado nos hace ver que estamos en una nueva época en la que la autoridad de lo antiguo, lo “milenario” ya no tiene el prestigio y el respeto mantenido hasta entonces. De hecho, como vimos en la sesión anterior, mientras que los primeros renacentistas todavía veneraban el pasado greco-romano, y los griegos, a su vez, se sentían deudores de Mesopotamia y Egipto, los pensadores propiamente modernos, los verdaderos padres de la ciencia rechazaron con ferocidad incluso las más elevadas aportaciones antiguas porque, en su opinión, finalmente conducían al mismo grado de superstición que el periodo medieval.


El saber, para los modernos, ya no soplaba ni del Este ni del pasado. El saber, ya no se considera terminado ni revelado en su totalidad en los libros sagrados ni implica una ciega obediencia repetitiva del canon. El saber es un proceso dinámico, histórico y constructivo que depende de la capacidad del individuo dispuesto a iniciar la titánica labor de investigar por medio de sus capacidades el vasto mundo que le rodea. Todo está por descubrir…. Mientras que antes estaba ya todo dado. La actitud conservadora ya no tiene sentido.



Finalmente, veréis la ineptitud de ciertos teólogos llevada al extremo de prohibir, o poco menos, toda filosofía, por purgada que esté. Unos temen sencillamente que el estudio demasiado profundo de la naturalezaarrastre al hombre más allá de los límites de moderación que le están prescritos, torturando las palabras de la Santa Escritura, pronunciadas contra los que quieren penetrar los divinos misterios(...). Otros, conmás astucia, piensan que si las leyes de la naturaleza son ignoradas, será mucho más fácil atribuir todos y cada uno de los acontecimientos a la potencia y al castigo de Dios, lo que, según ellos, es de grandísimo interés para la religión; y esto no es en realidad otra cosa más que servirse de Dios para la mentira. Otros temen que por el contagio del ejemplo, los movimientos de las revoluciones filosóficas se comuniquen a la religión, y determinenen ella trastornos de rechazo. Otros parecen temer que por el estudio de la naturaleza se llegue a algún descubrimiento que derribe o cuando menos conmueva la religión, sobre todo en los espíritus ignorantes.”Ib.



Bacon no pudo terminar su gran proyecto dejando su gran obra inconclusa, los siglos venideros vendían a construir su sueño. Sin embargo, la parte terminada de la Instauratio magnaque conservamos resultó capital para el futuro de la ciencia. Su título es Novum Organumo nuevo instrumento, nombre cargado de simbolismo ya que hace clara referencia al libro, o conjunto de libros, más canónico en ciencias hasta entonces que es el Organonde Aristóteles. El Novum organumde Bacon, tenía, por tanto, un carácter polémico pues aspiraba a mostrar errores y a remover los cimientos de la teoría física del autor más renombrado en este campo de la Antguedad: Aristóteles.



“(...) Cuando los hombres de esta clase se inclinan hacia la filosofía y las teorías generales, las corrompen y alteran a consecuencia de sus estudios favoritos; se observa esto claramente en Aristóteles, que esclavizó de tal suerte la filosofía natural a su lógica, que hizo de la primera una ciencia poco menos que vana y un campo de discusiones. (...) La filosofía corrompida por la superstición e invadida por la teología, es el peor de todos los azotes, y el más temible (...) La filosofía aristotélica es batalladora, aprisiona el espíritu en sus lazos; pero esa otra filosofía, hinchada de imaginación, y que se asemeja a la poesía, engaña mucho más al espíritu. (...) Se encuentran en Grecia ejemplos palpables de ese género de filosofías, particularmente en Pitágoras, en el que la superstición es de las más grandes y groseras; en Platón y en su escuela, en que es a la vez más manifiesta y peligrosa. Se encuentra también la superstición en ciertas partes de los otros filósofos, en las que se han introducido las formas abstractas, las causas finales y las causas primeras, y en las que se omiten (...) otras cosas importantes. Toda precaución para huir de tal peligro es poca; pues la peor cosa del mundo, es la apoteosis de los errores, y debe considerarse como el primer azote del espíritu, la autoridad sagrada concedida a vanas ficciones. Algunos modernos han incurrido en ese defecto con tal ligereza, que han intentado fundar la filosofía naturalsobre el primer capítulo del Génesis, el Libro de Job, y otros tratados de la Santa Escritura. Es tanto más necesario que de la mezcla impura de las cosas divinas y las humanas, salga no sólo una filosofía quimérica sino también una religión herética. Es, pues, un precepto muy saludable, contener la intemperancia del espíritu, no dando a la fe sino lo que es materia de fe.” Ib.





Los ataques a la ciencia pasada



Los primeros ataques de Bacon se dirigen contra toda la ciencia pasada, incluyendo a los griegos. En referencia a ellos insiste en que son dignos de un determinado respeto pero considera que iniciaron un camino completamente erróneo. Su análisis del pensamiento griego nos permite ver, además, el estado del saber de su época, antes de que comenzara la Revolución científica. El saber europeo estaba a finales del siglo XIV estaba compuesto fundamentalmente por las aportaciones griegas que, como hemos visto, poseían un núcleo muy nutrido de ideas provenientes de las civilizaciones fluviales. Es decir, Europa poseía uncorpusantiquísimo, viejo, ajado y muy poco desarrollado de conocimientos científicos.



“Las ciencias que poseemos proceden en su mayor parte de los griegos. Pues las cosas que han añadido los escritores romanos, los árabes o los modernos no son ni muchas ni de gran importancia. (…) Ahora bien, la ciencia de los griegos era autoritaria, magistral y profusa en discusiones: género que es el más contrario a la adquisición de la verdad. (…) Ved pues que vuestras riquezas son posesión de muy pocos y que las esperanzas de todos los hombres se hallan confiadas a sólo seis cerebros. Dios no os ha concedido almas racionales para que rindáis a hombres el tributo que le debéis a vuestro Autor, ni os ha otorgado firmes y válidos sentidos para estudiar los escritos de unos cuando hombres, sino para estudiar el cielo y la tierra.” Ib.


Así, para Bacon, la ciencia moderna no podía cometer el error de progresar por el camino equivocado iniciado por los griegos. ¿Pero en qué consistía el error de la ciencia griega? En la ineficiencia y en la lentitud para producir nuevos descubrimientos y técnicas de modificación de la realidad. Como vimos en la clase anterior, la competitividad es un rasgo muy propio de la ciencia moderna que hizo -junto a otros factores- que se acelerara exponencialmente la velocidad del desarrollo científico


Los resultados alcanzados en dos milenios y medio de pensamiento, son, para Bacon, ridículamente escasos, imprecisos y decepcionantes. De ahí que, más allá de su gran aura y fama, seguir su ejemplo es sólo seguir manteniendo la ciencia estancada. La contante y acelerada carrera por proponer nuevas ideas y soluciones, que creemos propia de nuestra era, es un concepto no obstante ya presente en la obra de Bacon.




Toda la cultura en torno a unos pocos nombres



Otro problema que Bacon detecta en la ciencia antigua es el hecho de que casi toda la cultura tradicional giraba alrededor de unos pocos nombres cuyas afirmaciones eran tomadas casi como palabras sagradas: Aristóteles, Platón, Hipócrates, Galeno, Euclides y Ptolomeo.



“Ahora bien, de toda la filosofía de los griegos y de las ciencias particulares que derivaron de ella, apenas se puede, después de un largo lapso de tantos años, aducir un solo experimento realmente aceptable que haya contribuido a aliviar y mejorar el estado del hombre.” Ib.




Las ciencias sirven para mejorar nuestra vida aquí y ahora



Una cuarta idea, absolutamente capital que aparece también claramente presentada en la obra de Bacon es la concepción de la ciencia como una actividad cuyo objetivo fundamental es ayudar a mejorar la vida del ser humano.


Así, un rasgo que va a distinguir el objetivo más íntimo de la ciencia moderna del pensamiento griego y, sobre todo, de las formas de pensamiento religioso oriental es la idea de que las ciencias, productos del esfuerzo intelectual humano, tienen como principal y más importante objetivo mejorar la vida materialde los hombres. Ninguna condición natural, ninguna agresión externa debe ser considerada como algo enviado por los dioses, como algo inevitable.


La enfermedad, el frío, el calor, la falta de agua, la falta de alimentos, todas estas desgracias no deben ser aceptadas sin más sino que el hombre debe asumir su resolución como una tarea principal que sólo podrá llevar a cabo si introduce una reforma radical en los métodos y en la forma de hacer ciencia. Para Bacon, la aceptación de este tipo de catástrofes como algo inevitable, vedadas al control humano, es, literalmente de cobardía y estupidez. Aceptar esto es creer que el hombre no puede elevarse por encima de sus circunstancias gracias a su razón, que sus capacidades son limitadas e inútiles, pero un tipo de idea como esta era ya algo pasado de moda. La modernidad, ante todo, confía en el hombre y en su razón.



“Ante todo, es un artificiofamiliar a todas las artes, calumniar a la naturaleza en nombre de su debilidad, y de hacer de una imposibilidad que les es propia, una imposibilidad natural. (...) La filosofía que en la actualidad impera alimenta en su seno ciertos principios que tienden nada menos, si no nos ponemos sobre aviso, que a persuadir a los hombres de que nada debe esperarse de las artes y de la industria(...) con las cuales la naturaleza sea sometida y atrevidamente domada. (...) Juzgándolo bien, esas ideas equivalen a limitar injustamente el poder humano, a producir una desesperación falsa, e imaginaria, que no sólo destruye todo buen augurio, si que también arrebata a la industria del hombre todos sus estímulos y todos sus alientos, y corta a la experimentación sus alas.” Ib.



El hombre, con talento se puede elevar por encima de los retos de su entorno y hacer que su vida sea más digna, cómoda, larga, fértil e interesante. El objetivo de las ciencias no es ni moral, ni religioso, ni artístico ni puramente contemplativo sino puramente práctico: la mejora a gran escala de las condiciones de vida de la población. Como vimos en la sesión anterior, el desarrollo de las primeras formas de capitalismo permitió empezar a jugar con las leyes de oferta y demanda aumentando la cantidad de población capaz de acceder a un número cada vez mayor de productos. El bienestar deja de ser algo alcanzable sólo por los reyes.


Estas ideas influirán directamente en la política moderna que dará lugar la modernidad. La idea de aplicación y mejora de la vida humana aparece también en uno de los textos más famosos de Bacon titulado Nueva Atlántidaen el que plantea la construcción de una sociedad superior basada en el desarrollo tecnológico.


“Sueño con una constitución en la que el favor más ilimitado y el interés más pródigo se concedan a los nuevos métodos de la investigación científica y de la experimentación aplicada a todas las ramas de lo cognoscible que permitan un estado tan elevado de florecimiento y de bienestar, que no carezca ya ningún dolor de su remedio adecuado, ni haya deseo humano que no se vea satisfecho de la forma oportuna.” Ib.





La crítica a la magia y la alquimia



Bacon analizó también el problema de las pseudociencias, formulando una ética de la investigación científica que se contraponía de manera tajante a la mentalidad de carácter mágicoque, todavía en su época, dominaba ampliamente la sociedad.


Frente a la magia, Bacon consideraba la ciencia poseía un conjunto de características que la convertían en una actividad de carácter superior:


1. La ciencia es un saber progresivo, es hija del tiempo. La magia es un saber arcano e inmóvil.


2. La magia es un saber de iniciados, la ciencia es un saber públicamente expuesto y desarrollado.


3. No hay procesos de análisis crítico en la magia, no hay modelos de refutación ni exigencias de pruebas más allá de la autoridad del gurú que, generalmente, apuntala su conocimiento en alguna otra autoridad más antigua. La cadena, casi siempre, se remonta a un inicio teológico que sustenta la veracidad del conocimiento: revelaciones divinas. El hombre, el ser humano es visto de forma pesimista, no es el protagonista de su saber ni de su historia.



“Los magos y alquimistas van de acuerdo entre sí. Basándose en una serie de mentiras recíprocas, hacen ostentación siempre de las esperanzas más vastas; y si al vagar por azar a lo largo del camino de la experiencia, se topan en alguna ocasión con algo útil, esto sucede de manera fortuita y no por el métodoque emplean. (…) Son una clase de hombres perversos y malditos, formada por aquellos que piden a todas partes que aplaudan sus teorías y que andan mendigando la aprobación, apelado a la esperanza y la impostura.” Ib.




La imagen del nuevo científico



Frente a teólogos, magos y demás actores de la superstición, en la obra de Bacon, hallamos la construcción de la imagen de un nuevo tipo humano, de un nuevo actor social, que no había existido en occidente hasta entonces: el científico. Y para su descripción se usa a sí mismo.



“Poseo una mente lo bastante ágil para captar las semejanzas de las cosas y lo bastante sólida y capaz de concentrarse como para observar las sutiles diferencias entre ellas, estoy dotado del deseo de indagar, la paciencia de dudar, la pasión de meditar, la prudencia en el afirmar, la prontitud en el cambiar de opinióny la diligencia en el ordenar. No estoy enamorado de las novedades, ni soy admirador de las antigüedades en tanto tales, y odio cualquier forma de impostura. Por estas razones, considero que mi naturaleza posee una cierta familiaridad y una cierta consonancia con la verdad.” Ib.




Hay que partir de cero



A parir de lo visto hasta ahora se vuelve evidente que, para Bacon, el progreso requiere un borrón y cuenta nueva, la ruptura radical con los saberes de la tradición y la instauración de algo nuestro, propio. Esta labor radical debe estructurarse, según nuestro autor, en dos fases: la primera o pars destruensque consiste en desembarazar a la mente de las falsas nociones que han invadido el intelecto humano desde la antigüedad y que la siguen contaminando desde diversos focos. La segunda, la pars constuensconsiste en la exposición y la justificación de las reglas un nuevo método capaz de garantizar el avance correcto, provechoso y eficaz de la ciencia.


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