Filosofía medieval: la patrística

Actualizado: mar 17

Exposición detallada de los puntos fundamentales que caracterizan la filosofía de los Padres de la Iglesia durante la Edad Media




Se denomina patrística al movimiento filosófico de los primeros siglos del cristianismo, desarrollado por los llamados Padres de la Iglesia.

Los Padres de la Iglesia se dividen en latinos y griegos. Esta división es correlativa a la división geográfica Imperio Romano hace referencia principalmente a la lengua empleada en sus escritos. La gran mayoría de ellos fueron paganos cultos conversos que, basándose en su conocimiento de la filosofía griega, pudieron comenzar a desarrollar una base filosófica para la recién nacida religión cristiana.



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Clemente de Alejandría


Clemente nació hacia el año 150 y murió hacia el 215, y se convirtió tempranamente al cristianismo. Sus obras son: Protréptico, Strómata y Pedagogo.

La primera de ellas es una exhortación al estudio de la filosofía dirigida a los paganos, para que abandonen los falsos ídolos y se vuelvan al verdadero Dios. Una vez convertido el pagano, será preciso reformar sus costumbres, y por ello se hace necesaria la tarea de un maestro o pedagogo. En el Pedagogo aparece el Verbo divino desempeñando esta función, como el logos que enseña a todos los hombres sin distinción.


Todos los cristianos son iguales ante la salvación, desde el momento en que han recibido el bautismo, sin importar que se encuentren entre los más instruidos o entre los más humildes. El Pedagogo enseña, pero también usa la justicia cuando sea necesario. El verdadero saber consiste en conocerse a uno mismo - idea directamente heredada de la filosofía griega scorática- porque así se conocerá a Dios.

El espíritu de la moral cristiana es, según Clemente, la renuncia al mundo por amor de Dios. El Verbo es quien ha convertido al individuo al cristiano, lo ha educado y puede instruirle ahora según su capacidad intelectual. Algunos podrán profundizar en la complejidad de la filosofía mientras que otros se quedarán en los meros relatos.


La figura de Cristo es presentada en la obra de Clemente como una figura filosófica que muestra la nueva verdad, de forma que la Biblia se convierte en la base de una nueva filosofía.


Los Strómata nos invitan a escuchar al "Doctor de la inteligencia". El principal objeto de esta obra es hacer ver que la filosofía es de suyo cosa buena, porque ha sido querida por Dios. El adversario respondería que ha sido sustituida por la fe, pero esto equivale a entender mal el papel de la filosofía en la historia.

En la razón griega, aunque no había fe, sí hubo profetas, según Clemente de Alejandría: los filósofos.


Si Dios ha querido la razón, es que es buena para algo. Así habría dos Antiguos Testamentos y uno Nuevo. La ley es para los judíos, la filosofía para los griegos, la ley, la filosofía y la fe para los cristianos. Luego la fe en Cristo no ha eliminado la filosofía. La Sabiduría será la señora de la filosofía, del mismo modo que la filosofía lo es de las ciencias que la preceden.


Para Clemente, la filosofía consiste en la búsqueda de la verdad y en el estudio de la naturaleza.. Si la fe y la filosofía fuesen datos heterogéneos, sin raíz común, sería imposible asociarlas, pero no sucede así. La unidad de la sabiduría engloba todas las actividades, y por ser una, podrá poner orden en la filosofía.


Para Clemente los dos maestros de la filosofía cristiana serán Platón y Pitágoras, mientras que rechazará la teología estoica, porque consideran a Dios como corporal e inmanente al mundo. El Dios de Clemente será incognoscible, y sólo es posible tener noción de él a través de su Hijo. El estado de los textos no permite precisar la psicología de Clemente, ni su concepción de la inmortalidad o de la espiritualidad del alma.





Orígenes


Orígenes nació hacia el año 184, muy probablemente en Alejandría. Primero se instruyó con Clemente y luego con Amonio Sacas, maestro también de Plotino. Comenzó a escribir en 218.


Tras un viaje a Roma por el 221, salió para Grecia en el 230. Durante este último viaje fue ordenado sacerdote. Se retiró enseguida a Cesarea y allí fundó una escuela y una biblioteca. Detenido y atormentado en 250, en la persecución de Decio, parece que murió en Tiro en 253, como consecuencia de los sufrimientos padecidos.


Orígenes es un dialéctico, que busca la verdad. De su extensa obra solo nos queda la Refutación contra Celso, y el tratado De los principios. En este último se dirige a aquellos que desean profundizar en el estudio de las Escrituras, poseyendo ya la fe, y por otro lado a los simples filósofos, los herejes y hasta los enemigos declarados de la fe para enseñarles los principios de la verdad cristiana: Dios, el mundo, el hombre y la revelación.


Todos están de acuerdo en que la palabra de Cristo es fuente de la verdad salvadora, pero no en el sentido que debe darse a esa palabra. Para superar esas diferencias hay que apelar a la tradición. Orígenes se convertirá al Cristianismo, y tratará de conciliar Neoplatonismo con el pensamiento y la doctrina cristianos. No está santificado por no respetar el propio cuerpo y porque en su escuela había hombres y mujeres. A pesar de ello, a Orígenes se le considera el verdadero fundador de la teología cristiana como un estudio racional de Dios. La base de la teología está en la distinción entre tres tipos de lecturas de las Escrituras, que a su vez corresponderán con las tres partes del cuerpo, y con los tipos de cristianos: histórica, sóma y fieles, alegórica, psyché y cristianos perfectos, y por último, teórica, pneuma y sabios. Todos pueden hallar la salvación por medio de la fe, hasta los cristianos más bajos. Los cristianos perfectos, buscan además conocer, y los sabios buscan teorizar, además de conocer y poseer la fe. Los fieles realizan una lectura histórica, esto es, con un asentimiento a la verdad de los hechos que se narran. Los cristianos perfectos hacen una lectura alegórica, que es una búsqueda del sentido oculto detrás de los enunciados de los textos sagrados, y alcanzarán el conocimiento necesario para unirse con Dios. La lectura teórica la realizan los sabios, analizando teorías sobre las Escrituras y alcanzando su sentido espiritual. Dios es uno, simple, inefable y perfecto. Su naturaleza es inmaterial, porque lo perfecto es inmutable y lo inmutable es por definición lo inmaterial. El hecho de que Dios sea Padre,


Hijo y Espíritu Santo no impide que sea uno, aunque Orígenes tiende a subordinar el Verbo al Padre. Dios ha creado el mundo de la nada por su Verbo. Su bondad ha querido producir el mundo según su sabiduría, y su poder lo ha producido hasta en la materia. El mundo es eterno en duración y limitado en el espacio. Nuestro mundo no es el primero ni el último. Ha habido otros antes que él y habrá otros después de su destrucción final, y así indefinidamente. Este mundo es como una manifestación del Verbo. Pero había otros verbos, que fueron creados iguales entre sí. Usando su libre albedrío, algunos se adhirieron a Dios y se apartaron más o menos de él. El grado de separación determinará su lugar en la jerarquía del universo. Las almas humanas están, pues, aprisionadas en sus cuerpos a consecuencia de su deserción inicial. Las almas no son, sino “espíritus enfriados”. Su historia personal es la de sus esfuerzos para recuperar su calor y su luz primitivos. Pero el problema del origen del alma es complicado. Hay dos hipótesis, la de transmisión por los padres o la de su introducción en el cuerpo desde fuera.


El hombre es un ser libre, por estar dotado de una razón cuyos principios le permiten juzgar sus imágenes y sus sensaciones. En cualquier caso es la causa de su propia decisión. Esta libertad fue la primera ocasión del mal, pero también era y es la condición necesaria del bien. La probabilidad de no elegir a Dios es correlativa a la de elegirle. Es, por naturaleza, un espíritu hecho a imagen y semejanza de Dios, capaz, por consiguiente, de conocerle al conocerse a sí mismo. En esta tarea recibe la ayuda de Cristo, cuya alma es la única que no perdió nada de la semejanza divina al encarnarse. El sacrificio de Cristo es el punto de partida para la salvación de todo el universo, incluidos los hombres y los ángeles. Vueltos puros espíritus, los justos serán elevados al rango de los ángeles, y los malos descenderán al de los demonios. Todo será entonces sometido a Cristo, y por Él, a Dios, restableciéndose el orden primitivo de la creación. De los fragmentos de nuestro mundo destruido Dios hará otro, y así infinitamente. Así, los mundos irán progresando, y el mal desaparecerá algún día, eliminado por el bien. El verdadero fin de los tiempos será aquel en que todo sea bien.





LA ESCUELA DE LOS CAPADOCIOS




Gregorio Naciaceno


La segunda escuela es la de los Capadocios. Estamos en un periodo en el que se han realizado los primeros concilios, donde se solucionan de forma canónica problemas teológicos. El primer pensador es Basilio el Grande (330-379), condiscípulo de Gregorio Nacianceno. El hecho de que estudiara medicina explica su espíritu positivo y los conocimientos científicos de que hace uso. Compuso la regla que lleva su nombre. Fue ordenado sacerdote, sucediendo más tarde a Eusebio como obispo de Cesarea, cargo que ocupó hasta su muerte.


Entre sus obras se encuentra un breve tratado, A los jóvenes sobre la manera de sacar provecho de las letras helénicas. En él se plantea cómo instruir a los jóvenes cristianos en un momento en que toda la literatura, la moral y la filosofía era obra de autores paganos. Basilio subraya que en ellos pueden encontrarse enseñanzas útiles para la formación del gusto y el cultivo de la virtud. Los ejemplos que los filósofos nos han dejado merecen a menudo ser imitados, a condición de que nos ayuden a cultivar nuestra alma y a librarnos del cuerpo, deber de todo cristiano. En su obra de teólogo se opone fervientemente a Eunomio en su tratado Adversus Eunomium. En su contra dice que, aunque ningún nombre designe suficientemente a Dios, cada uno de los que se le atribuye significa, o bien que Dios no es una cosa determinada, o bien que es positivamente otra. El mejor nombre para él es el de ousía.


Trató de solucionar los problemas trinitarios. Su solución es canónica y ortodoxa: Dios es uno y trino. Tiene unidad (monas) por tener una sola ousía (sustancia o naturaleza), pero también tiene trinidad, porque su ousía se manifiesta en forma de tres hipóstasis (emanaciones neoplatónicas) o personas. El otro problema es el de la filiación del Espiritu Santo. Dios Padre se identifica con el Dios del Antiguo Testamento y Dios Hijo es Cristo. Pero entonces, ¿qué pasa con el Espíritu Santo? Era muy importante para garantizar la santidad de la iglesia después de la redención. Ilumina a todos los fieles cristianos. Dirá que es Dios en la actualidad, Filioque, la solución final, que se expresa así: Dios (Uno), engendra al Hijo y este al Espíritu Santo, frente a la solución de Dios (Uno) engendra al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Una vez definido el Espíritu Santo se ocupa de la naturaleza del Hijo, representado como Dios y como hombre. El Maniqueísmo separaba ambas sustancias. La corriente que determinará la solución dogmática es el Docetismo, que dice que Cristo es una mera apariencia. La iglesia concluirá en que Cristo tiene una naturaleza humana y divina, que son inseparables (Gregorio Nacianceno). También aparece por primera vez el tema de la demostración racional de la existencia de Dios, que se resuelve por medio de una jerarquía de perfección, en la que Dios ocupa el puesto más alto. También se conservan nueve Homilías sobre el Hexamerón, prototipo de toda una familia de escritos que se compondrán en toda la Edad Media, el primero de ellos de Ambrosio de Milán. Esencialmente es un comentario a los capítulos del Génesisque narran la creación del mundo.


No contienen una filosofía propiamente dicha, aunque en ellas podemos descubrir muchas nociones acerca del origen del mundo y la estructura de los seres que en él se encuentran. La naturaleza es obra de Dios, quien además ha creado el tiempo al crearla. No se puede buscar cosa alguna que, tomada en sí misma, pueda existir sin naturaleza y sin propiedades. Todo lo que se puede observar en una cosa contribuye a construir su esencia y a conferirle su perfección. Si eliminamos de un ser todas sus propiedades, acabaremos en la nada. Al principio, los cuatro elementos estaban mezclados, pero cada uno de ellos fue ganando su lugar natural: arriba el fuego, luego el aire, el agua y la tierra. Cada elemento posee una cualidad característica, pero jamás se nos ofrecen en toda su pureza original, y cada uno de ellos puede mezclarse con los demás, adquiriendo alguna de sus cualidades. Esta concordia y armonía de los elementos hace posibles sus combinaciones, que constituyen el tejido mismo del orden universal.




Gregorio de Nisa



Otro autor de los Padres Capadocios es Gregorio de Nisa (nacido hacia 335 y muerto después del 394), hermano de Basilio. Entre sus obras destacan el tratado Sobre la formación del hombre, el Comentario sobre el Cantar de los cantares y sobre las ocho bienaventuranzasy el Diálogo con Macrina sobre el alma y la inmortalidad. Para él, el universo se divide en dos zonas: la del mundo visible y la del mundo invisible. El hombre pertenece a este último por su alma y a la del mundo visible por su cuerpo, y sirve como lazo entre ambos. En virtud de esta posición ocupa la cima del mundo visible en cuanto animal dotado de razón. Bajo él se escalonan, siguiendo este orden, los animales, los vegetales y los cuerpos inanimados. Trata de aclarar la dificultad de la unión de alma y cuerpo. El alma es el principio que anima al cuerpo. Este alma es una sustancia creada, viviente y racional que confiere vida y sensibilidad a un cuerpo organizado y capaz de sentir. Gregorio rechaza que el alma preexista al cuerpo, así como la trasmigración. El alma tampoco puede ser creada después que el cuerpo porque un cuerpo inanimado es un cadáver. El alma despliega progresivamente sus facultades a medida que se proporciona los órganos necesarios para su ejercicio. Puesto que el cuerpo es viviente en todas sus partes, el alma está presente en todas ellas a la vez, y no se separa nunca de él, ni siquiera con la muerte. El hombre es un animal racional porque posee un pensamiento (nous) que se expresa mediante un verbo (logos).


La existencia de este pensamiento se manifiesta en el modo según el cual el hombre se conduce y crea el orden a su alrededor. Ahora bien, el mundo también tiene su propio orden. De esta forma, Dios debe ser concebido como un pensamiento supremo, que engendra un Verbo en que aquel se expresa. Puesto que vive, el Verbo está también dotado de voluntad, y por ser divina, es también todopoderosa y absolutamente buena. Dios lo ha producido todo de la nada por un acto libre de su bondad. Capaz de decidirse, en base a su libre albedrío por el bien o por el mal, el hombre ha elegido “mal el mal”. Así, el alma lleva consigo una mancha que ha contaminado al cuerpo, haciéndolo mortal. Pero Dios preveía esta falta, y para asegurar la perpetuidad del género humano ha creado al hombre macho y hembra. Así, la división de sexos es una reacción divina ante el pecado original, que, de no haberse producido, los hombres se habrían multiplicado de manera espiritual, como los ángeles. El análisis de la materia por el pensamiento la resuelve así en elementos que, por separado, son objetos de conocimiento inteligible, pero cuya combinación o mezcla produce la confusión que llamamos materia.


La salvación afecta al hombre entero, no solo al alma. Para llegar a ella se precisa la gracia. El hombre se salva recobrando la semejanza con Dios, que el pecado no ha destruido por completo, pero sí ha borrado. La fe es el primer momento de esa reunión del hombre con Dios. Gregorio también trata el tema de la apocatástasis o restauración universal, que es significativa en la lucha que llevan a cabo estos primeros filósofos por tratar de integrar los conceptos cristianos en un esquema griego. Pero así se consiguió que no hubiera choque entre las filosofías griega y cristiana, porque hubo dos elementos que explicaron la continuidad: el Neoplatonismo, por ser sincrético de muchas doctrinas (entre ellas el Cristianismo), y el hecho de que se continúe con el comentario de textos (añadiéndose las Escrituras a los textos a comentar en las escuelas). Además de un modo de vida, los maestros de las escuelas filosóficas paganas también ofrecían una búsqueda de la salvación. La apocatástasis es una manera de explicar el misterio religioso de la eternidad, la resurrección, la restauración y la purificación. La explicación se hace en un esquema neoplatónico: próodos y epistrophé, que hacían referencia al movimiento de las hipóstasis y la materia. Proódos indica el camino de descenso de la espiritualidad a la materia, y epistrophé era el movimiento ascendente para la búsqueda de la unidad. El descenso se habría producido debido al pecado original.


Según Orígenes, purificar es aproximarse a la unidad, y el movimiento de aproximación es llevado a cabo por la materia, que es pluralidad (influencia pitagórica).

El último autor de los Padres Capadocios es Gregorio Nacianceno, también llamado Gregorio el Teólogo (329-389). Estudió en Atenas con Basilio, del que luego sería maestro. Se cree que allí enseñó elocuencia. Recibió el bautismo hacia 367, fue ordenado sacerdote, y más tarde obispo. Fue escritor, poeta y orador. En uno de sus sermones se dedica a exponer punto por punto la noción cristiana de Dios. Otros personajes importantes dentro de este periodo son Nemesio, Macario de Egipto, Teodoreto, Sinesio y Teófilo, patriarca de Alejandría.




LOS PADRES DE LA IGLESIA LATINOS



Tertuliano


El movimiento de los Padres Latinos incluye a multitud de pensadores, como Tertuliano, el primero y el más grande de ellos en cuanto teólogo, aunque no veía con buenos ojos la filosofía. Por el contrario, Minucio Félix, a pesar de que sigue a Tertuliano en algunas de sus ideas, es más cercano a la filosofía. Otros autores dentro de esta corriente son Arnobio y Lactancio.

Entre los Padres Latinos destacamos a Ambrosio, obispo de Milán, nacido en 340. Fue maestro de Agustín de Hipona, y una de las personalidades que más influyó en su vida. No fue tanto un hombre de filosofía, sino más de acción, que trato de organizar la iglesia. Su obra más importante es De officiis ministrorum (Sobre los deberes de los sacerdotes), que imita al De officiis de Cicerón, donde habla de los deberes del ciudadano, que trata de vincular con los principios éticos. Ambrosio trata de extraer de él lecciones utilizables para clérigos y a veces para simples cristianos. Esto se puede relacionar muy fácilmente con la teoría de la justicia de Platón, que dice que esta solo se puede construir cuando todos cumplen con sus deberes. A pesar de que se observan en él doctrinas de carácter neoplatónico, no pensaba nada bueno de los filósofos. Identifica el sentido pleno del verbo “ser” con “ser siempre”. En su Hexaemeron realiza interpretaciones alegóricas en que se volatiliza a veces la letra de la Escritura. Por ejemplo, considera a la serpiente como una imagen de la delectación, a la mujer como una imagen de la sensualidad y al hombre mismo como una figura del entendimiento que se deja engañar por los sentidos. No cree que el paraíso terrenal pueda ser un lugar terreno, localizable en algún sitio. El fuego del infierno es la tristeza misma que engendra el pecado en el alma del culpable.


Jerónimo


El otro padre destacado dentro de esta corriente es Jerónimo (420-). Es uno de los iniciadores de la tendencia ascética dentro del Cristianismo, que probablemente importó de Oriente. Él se convierte en un asceta, rasgo que caracterizará la cultura Cristiana y su filosofía. Tradujo la Biblia del hebreo al latín, traducción que se conoce como la Vulgata. Esta tendencia al ascetismo dará origen a la cultura monástica. El sabio cristiano será un sabio retirado que vive en el monasterio.