Wittgenstein: Investigaciones filosóficas

Análisis detallado de la filosofía del lenguaje expuesta por Ludwig Wittgenstein en las Investigaciones filosóficas


Las Investigaciones filosóficas parten de un supuesto fundamental: los fonemas y las grafías, por sí mismas e intrínsecamente, no son portadoras de significado. Es decir, tanto los sonidos emitidos como las grafías que emplea cada lengua concreta para poner por escrito tales sonidos, han de ser interpretadas para que adquiera sentido. Por tanto, hay algo externo que les da significado.


El candidato principal que la tradición filosófica ha señalado como fuente del significado de estos elementos ha sido el pensamiento. De forma simplificada, podemos decir que la intuición obvia dicta que nuestras palabras significan porque nosotros, con nuestro pensamiento, les damos significado. Sin embargo, Wittgenstein criticó un aspecto de esta interpretación al que denominó explicación mitológica.



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El error radica en considerar que el contenido del pensamiento es un tipo de representación pictórica, una imagen de la mente. Esta afirmación es, tanto psicológica como lógicamente, errónea e incoherente ya que toda imagen, como ya hemos señalado, es concreta mientras que el pensamiento es general. Por tanto, si el pensamiento no da contenido a nuestras palabras funcionando como una especie de imagen mental, es apremiante buscar otras alternativas explicativas.




La teoría del lenguaje de Agustín de Hipona




Witggenstein tomó en consideración, en primer lugar, la teoría del lenguaje defendida por San Agustín. Según el pensador medieval, los niños adquieren el lenguaje mediante la observación del empleo de los términos por parte de los mayores, deduciendo de los movimientos corporales y los gestos la intención en cada caso.

Para Wittgenstein ésta es una imagen simple de la explicación del fenómeno lingüístico ya que sostiene que los niños aprenden mediante un proceso por el cual establecen hipótesis sobre el significado de las palabras, eliminan alternativas en virtud de las experiencias reiteradas y se quedan finalmente con la posibilidad más razonable. Sin embargo, una actividad tan compleja no puede darse en una persona que no tiene lenguaje. Es decir, para que se produzca este proceso de discriminación – que sí sería válido, por ejemplo, para explicar el aprendizaje de una lengua extranjera por parte de alguien que domina su lengua matera– el sujeto ya debe dominar las reglas implícitas del lenguaje.




Teoría innatista del lenguaje



Del caso anterior se sigue uno de los principios fundamentales del pensamiento de Witggenstein: el lenguaje no puede ser descrito. Es decir, no es posible enseñar el lenguaje a alguien mediante el uso del lenguaje, porque para que pueda comprender lo enseñado ya debe saber, previamente, cómo funciona el lenguaje. Éste es uno de los motivos que han llevado a la formulación de las llamadas teorías innatistas. Según estas posiciones, la única forma de explicar el extraño proceso por el que un niño aprende a hablar y comunicarse es postulando que todos los seres humanos nacemos con una forma primitiva y simple de lenguaje de pensamiento básico. Esta cualidad, propia de nuestra especie, suele ser explicada en virtud de las exigencias derivadas de la evolución biológica. Sin embargo, Wittgenstein rechazó también esta posición, siguiendo adelante con su proyecto en la búsqueda de una alternativa filosóficamente más razonable.




Sección 28: La definición ostensiva


Una manera tradicional de explicar cómo los elementos básicos del lenguaje consiguen referirse a elementos del mundo es el recurso a la llamada “definición ostensiva”. Esta teoría consiste en sostener que el edificio del lenguaje descansa en explicaciones básicas que consisten en la mera ostensión, es decir, en el señalamiento. Si bien éste es un mecanismo que normalmente funciona, Wittgenstein niega que la definición ostensiva pueda cumplir, de forma exclusiva, el papel de dotar a nuestro lenguaje de contenido. Y ello porque el éxito de las definiciones ostensivas descansa en la posesión de ciertas capacidades lingüísticas y reactivas previas.

Un ejemplo de definición ostensiva es pronunciar el nombre “botella” y señalar una botella de plástico. Wittgenstein llama la atención sobre el hecho de que no hay nada en el mero gesto de señalar que ayude a discriminar si el hablante se está refiriendo a

“botella”, “líquido”, “cosa”, “plástico”, “transparente”….etc. Para que el aprendizaje ostensivo funcione, el oyente debe ser capaz de comprender el lugar de la palabra en la gramática, es decir, el tipo de cosa que se está definiendo. Sin un contexto lingüístico es imposible determinar qué significa ese “señalar la botella”.



Sección 85-86: El significado de los particulares


Wittgenstein analiza en estas secciones la capacidad que tienen los particulares concretos, las cosas, de significar. Según nuestro autor, las cosas particulares del mundo no pueden ser los portadores originales del significado. Pero no sólo los particulares físicos sino también los mentales. El problema no es el estatus del particular, sino el hecho de que las cosas concretas no poseen la generalidad propia del significado de nuestro lenguaje.

Tomemos como ejemplo una señal de carretera en forma de flecha.

Cabe preguntarse si, por sí misma, esta flecha indica la dirección en la que está Madrid. La cuestión no es si se trata de un signo eficaz – evidentemente casi la totalidad de los hablantes interpreta que esta señal indica que Madrid está a la derecha – sino que la cuestión estriba en que la flecha, en realidad, por sí misma no significa nada, de tal forma que su significado sólo aparece porque nosotros la interpretamos como “seguir hacia la derecha”. Llegamos aquí a la cuestión capital de la interpretación.


Las teorías clásicas, como ya hemos señalado, definen la interpretación como una especie de imagen mental. Sin embargo, Wittgenstein señala que si la flecha física, por sí misma, no significa nada, la imagen mental por sí misma tampoco resuelve la ambigüedad. ¿Qué es lo que hace que la flecha mental signifique?



Sección 454


Con el ejemplo de la flecha, Wittgenstein se refiere a cualquier tipo de entidad física o mental concreta que plantea el problema de la representación. Lo que ocurre es que algo concreto, como una señal con una flecha, nos lleva más allá de lo meramente representado, hacia cosas muy distintas que son las que dotan de significado al signo simple del cartel.


Otra de las explicaciones que se han aducido a este fenómeno ha consistido en señalar que a cada signo concreto le corresponde un proceso psíquico concreto. Sin embargo, para Wittgenstein esta afirmación es verdadera y falsa, según la entendamos. Solamente es verdadera en un sentido restringido: ciertamente la flecha sólo adquiere contenido y sentido en la aplicación que seres dotados de pensamiento, nosotros, hacemos de ella. Sin embargo, comprender no es un proceso que se corresponda a un acto psíquico determinado. Pero si esto es así ¿cómo adquiere significado la flecha?


Sección 143

En último lugar, Wittgenstin analiza la cuestión de la extrapolación de las reglas del lenguaje. Como es obvio para todo hablante, el lenguaje es un sistema reglado de instrucciones que permite comprender el significado de los términos. Es decir, comprender el significado del término “elefante” implica dominar un conjunto de reglas básicas que rigen el uso de este término.

Por otro lado, tradicionalmente, se ha considerado que los conceptos son a su vez reglas de clasificación del mundo. Es decir, si alguien posee el concepto general de “elefante” es capaz de clasificar el mundo en “elefantes” y “no-elefantes”. Por tanto, los conceptos permiten generar clases de semejanza de acuerdo con una regla.





No obstante, la enseñanza, el aprendizaje y la determinación de las reglas básicas del lenguaje presentan un conjunto de dificultades filosóficas extremas.

Tomemos como ejemplo el caso de un niño al que intentamos enseñarle la serie de los números naturales. El profesor enuncia una serie de instrucciones y, tras un proceso de entrenamiento, el niño reacciona aplicando correctamente dichas instrucciones.


- 2, 12, 22, 32, 42… etc. (El niño aplica correctamente las instrucciones)

Sin embargo, se da el caso de que llegado a un punto en el que se produce la ruptura de la comprensión y el niño aplica de una manera desviada las reglas.

- 92, 102, 120

¿Qué es lo que ha ocurrido? Este tipo de fenómenos, muy frecuentes en el habla, llevaron a Wittgenstein a reflexionar sobre las condiciones que se deben dar para que alguien entienda o no el lenguaje. ¿Qué es entender el lenguaje? ¿Cómo es posible diferenciar el caso en el que se ha roto la comprensión de los casos en los que esta permanece consistente? ¿Qué explica que haya comprensión y que ésta no se rompa? Si usar adecuadamente el lenguaje es aplicar de modo correcto un conjunto de reglas, cabe preguntarse cómo se determina el contenido de dichas reglas. ¿Cómo se establece que un término pueda ser empleado de una manera y no de otra?





La solución al problema de la Infradeterminación



El problema contextualizado por Wittgenstein, y que a lo largo de estas sesiones hemos tratado de resolver, es el del ajuste de los predicados al mundo. El realismo de sentido común defendía que nuestros enunciadosson verdaderos porque se ajustan al mundo, mientras que la tradición filosófica – en la que podríamos enmarcar corrientes ultra-realistas como la defendida en el Tractatus– sostenía que para que un enunciado sea verdadero nuestros predicadosson los que deben ajustarse al mundo, concordar con lo que de hecho se da en el mundo.


Existe aquí una diferencia radical entre el ajuste de los enunciados y el ajuste de nuestros predicados o conceptos. Los segundos son partes integrantes de los enunciados, pero en sí mismos no enuncian nada.


“Botella de agua” predicado

“Tengo en la mano una botella de agua” enunciado


Las teorías tradicionales realistas señalan la existencia de predicados mal construidos, como por ejemplo “bruja” o “unicornio”. Esta deficiente construcción se debe, según esta visión, a que no hay nada en el mundo que actúe como referente realde dichos conceptos.

No obstante, esta explicación fue rechazada por Witggenstein en su segunda etapa. Para nuestro autor, los predicados y conceptos que conforman el lenguaje son creaciones culturales y sociales, de tal forma que culturas diferentes pueden clasificar legítimamente el mundo de maneras distintas. Ante esta evidencia es necesario abandonar la ideadel supuesto posible ajuste entre nuestros predicados y el mundo. Sin embargo, una vez que los predicados están fijados, resulta que los enunciados son absolutamente verdaderos o absolutamente falsos. He aquí la paradoja: Si nuestros conceptos y predicados no se ajustan al mundo, no se refieren a nada del mundo ¿cómo es posible que nuestros enunciados sean verdaderos?





Planteamiento de la paradoja de Goodman



Una posible solución a este problema puede consistir en afirmar que el significado de nuestros predicados y conceptos está determinado por el uso de los hablantes del pasado. Es decir, el significado vendría a ser fijado por la práctica pasada, por el modo en el que todos los hablantes del castellano han empleado los conceptos en su práctica lingüística normal. (¿Qué significa “verde” pues aquello que durante toda la historia del castellano ha sido calificado con dicho término, por ejemplo, el color de la hierba.)


Sin embargo, esta solución plantea un nuevo y grave problema. Como ejemplo de la dificultad tomaremos la llamada paradoja de Goodman encaminada a mostrar que, una vez descartado el ajuste al mundo, el recurso a la práctica lingüística pasada tampoco resuelve el problema.


Tomemos un predicado de color empleado en nuestra comunidadAlingüística – “verde” – y consideremos que el significado de este predicado se explica por el uso pasado que los hablantes del español han hecho de él, es decir, por la relación causal de enseñanza y socialización heredada, así como por nuestro testimonio personal de su uso en el lenguaje. Todo hablante de la comunidadAestá convencido de que conoce el significado de “verde” y cuáles son los casos en los cuales su aplicación es correcta.

Ahora imaginemos una segunda comunidad para la cual el significado de “verde” es verdúl, término que se define cómo: “verde hasta el 1 de enero de 2020 y azul a partir del 1 de enero de 2020.”


El reto lanzado por Goodman consiste en preguntarnos cuáles serían los hechos de la práctica pasada que nos permitirían diferenciar entre ambos términos. Es decir, qué hay en la práctica lingüística de la comunidadBque se diferencie de la comunidadA que nos permita señalar que en un caso se usa el término “verde” como verdúly en el otro caso como “verde” en sentido genérico, si hasta ahora el modo de emplear los términos en ambas comunidades ha sido idéntico. Es más, cómo podríamos saber – fijándonos en la práctica pasada del lenguaje– si nosotros mismos estamos usando el término como verdeo verdúl.

Lo que revela la paradoja de Goodman es que, efectivamente, no hay nadaen el usodel término, en la práctica pasada, que permita distinguir entre ambos predicados, por tanto, no es la apelación al fenómeno del uso la solución posible a la cuestión del significado. Dado que no hay ningún hecho en la manera en la que se ha usado el lenguaje que determine lo que significamos al decir “verde”, no es posible apelar a ello para determinar el significado de nuestros predicados y conceptos. Es necesario hallar una explicación alternativa.





Comprensión e intención




Para resolver el problema de la determinación del sentido, Wittgenstein consideró capital tomar en cuenta los fenómenos de laintencióny la comprensión. Tomando el ejemplo del instructor que intenta enseñar a un niño distintas técnicas de suma, nuestro autor advierte que el “intentar” del profesor y el “comprender” del alumno no deben ser considerados nunca como imágenes en la mente, puesto que si ello fuera así aparecería el problema de los signos públicos y mentales, los cuales, en sí mismos, no significan nada.

La intención y la comprensión no son fenómenos mentales concretos. Cuando pretendemos enseñar a un niño a sumar no tenemos en la mente una representación toda la serie infinita de los números naturales pero sí tenemos la intención de que el niño aplique la regla aprendida a cualquier caso nuevo de una determinada manera.


Wittgenstein nos advierte de que existe un vacío entre una instrucción y su correcta ejecución que ha de ser rellenado por el acto de comprensiónya que ninguna orden, por sí misma y por muy compleja que sea, explica completamente cómo ha de ser entendida en cada caso concreto.

Sin embargo, tras explicar varios ejemplos, el niño es capaz de aplicar la regla correctamente a todos los nuevos casos que se le presenten. Este salto entre la ejemplificación concreta de la regla y su aplicación consecutiva a cualquier caso dado constituye el fenómeno de la comprensión mutua.


Esta comprensión no es más que el uso acorde, de tal modo que el único criterio para determinar si ésta se ha producido o no es la evidencia de que nuestras reacciones ante determinadas instrucciones acuerdan unas con otras. Es decir, para Wittgenstein la comprensión se efectúa debido a que los hablantes compartimos un equipamiento biológico instintivo común y unos procesos de socialización compartidos gracias a los cuales reaccionamos de manera acorde y empleemos el lenguaje de la misma forma.


Sin embargo, esta no es una solución definitiva puesto que no solventa el problema en profundidad. Afirmar, simplemente, que todos reaccionamos de la misma manera no dota de un fundamento rocoso y definitivo a la determinación del significado. Por ello, Wittgenstein desarrolló una segunda parte de la solución.





Los estados intencionales



Según el filósofo alemán Franz Brentano, existe un conjunto de estados mentales dotados de lo que él denomina “intencionalidad” tales como desear, comprender o intentar. La intencionalidad hace referencia al hecho de que todo este tipo de procesos tiene un objeto de referencia concreto y determinado. Es decir, si un sujeto desea, no puede desearsin desear algo. Lo que se deseaes el objeto intencionaldel deseo.

Lo que Wittgenstein subraya es que aquello que el sujeto desea ahora, el contenido de su deseo, está determinado en el momento mismo en el que surge dicho estado mental y es independiente de su satisfacción.

Tomemos como ejemplo el siguiente enunciado:

“Yo deseo que mañana llueva en Barcelona”


Este deseo puede verse o no satisfecho en el futuro – dependiendo de si efectivamente llueve o no mañana– y por tanto, su satisfacción no depende del sujeto sino del mundo. Pero el contenido del deseo,aquello que se desea, depende directa y exclusivamente del sujeto y está determinado en el mismo momento en el que se desea. Pero ¿de qué forma está determinado el contenido de este tipo de estados mentales intencionales?


Toda instrucción, según Wittgenstein, por muy compleja que sea, puede ser interpretada de innumerables maneras, hecho que se muestra en los ejemplos del alumno que hace un uso “desviado” de la regla. Por tanto, las instrucciones, las tablas de reglas y las imágenes mentales no constituyen una solución satisfactoria porque no despejan las dudas acerca de “qué queremos decir”. Siempre cabe la confusión o la mala interpretación.



Reacciones Instintivas a contenidos intencionales


Según nuestro autor, el aprendizaje de las reglas simples del lenguaje depende de nuestras reacciones a gestos básicos y animales, las cuales, no son racionales ni están exigidas por nada. Es decir, si otros seres humanos no fueran animales que reaccionaran naturalmente a gestos básicos, todo el sistema de reglas del lenguaje colapsaría. Es un hecho contingente del mundo que nosotros coincidamos en nuestras reacciones a gestos básicos, ciertamente, pero es este único y simple hecho el que explica que el proceso de comprensión mutua comience.

La solución propuesta por Wittgenstein muestra tres virtudes fundamentales frente a las teorías alternativas que hemos presentado.

a) En primer lugar, la referencia a la explicación evolutiva nos muestra que los animales perciben contenido intencional en otros animales sin razones, es decir, sin apelar a procesos cognitivos superiores. Nada nos obliga a reaccionar instintivamente del modo en el que lo hacemos, pero lo hacemos. (Una gacela carece de capacidades intelectuales elevadas, pero es capaz de interpretar el contenido intencional que expresa la conducta de un león que se acerca hacia ella a la carrera. La gacela no razona ni analiza, sino que simplemente reacciona al contenido exhibido por el comportamiento del león.)


b) En segundo lugar, esta explicación muestra que no hay maneras alternativas de reaccionar instintivamente. Es decir, no hay maneras distintas de percibir contenidos intencionales. Por ejemplo, nadie puede afirmar que hay deseo en un animal que presente un tipo de conducta que consista sistemáticamente en alejarse del objeto deseado. Si un animal huye o se aleja, todos reaccionamos pensando que lo que experimenta es miedo.


c) En tercer lugar, no hay, sin embargo, estructuras profundas del mundo que sostengan y que expliquen nuestras reacciones. Es decir, a nivel atómico el mundo no presenta ninguna estructura que se corresponda a estados intencionales como el deseo o la huida. Somos nosotros, como animales, ante determinadas conductas los que reaccionamos considerando que se está expresando un contenido intencional determinado y claro.


Mientras que una flecha, las grafías que constituyen el lenguaje escrito o las tablas de instrucciones tienen miles de interpretaciones posibles, todas igualmente legítimas, el gesto de terror de un animal no admite reacciones alternativas. O se capta que el animal tiene miedo o no se entiende lo que está ocurriendo. No hay nadie que, sistemáticamente, interprete gestos de terror de animales como gestos de alegría. Si esto ocurriera, dicha persona no sería capaz de percibir contenido intencional. No se trataría de un problema de comprensión o de determinación del sentido, sino de algo diferente y relativo, más bien, a la incapacidad de reaccionar adecuadamente ante la conducta de otros animales.

Por tanto, para que haya intencionalidad, ha de existir la conducta expresiva de los animales ante la cual nosotros reaccionamos comprendiéndola como expresión de contenidos sin interpretaciones alternativas.

Contenidos básicos y contenidos derivados

Esta es la diferencia entre los contenidos básicos del lenguaje y los contenidos derivados más complejos. Los segundos adquieren su significado mediante un proceso de socialización en el que se van sustituyendo las expresiones más simples por modos más sofisticados. Las paradojas de la infradeterminación constituyen ejemplos confusos precisamente porque proponen significados sofisticados, derivados de esta conducta reactiva prelinguística.

Atender a dichos casos hace imposible comprender la génesis del lenguaje, la cual no consiste sino en un proceso de sustitución progresiva de los casos básicos de intencionalidad por contenidos cada vez más complejos.




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