La revolución científica del Renacimiento

Estudio detallado de la revolución producida en toda las ramas de la ciencia durante el periodo renacentista


Toda la increíble fascinación de los renacentistas por el saber antiguo estuvo enmarcada y se desarrolló paralelamente al nacimiento de la ciencia moderna, a la revolución científica, al amor por el futuro y el progreso.

A continuación, estudiaremos el desarrollo de la revolución científica producida en el renacimiento atendiendo a las distintas ramas de la ciencia que en esos momentos comenzaban a brotar.




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LOS VIAJES OCEÁNICOS Y

LA HISTORIA NATURAL



Los viajes oceánicos que siguieron al descubrimiento de América produjeron una revolución económica, política, filosófica, filológica pero también una maravillosa renovación, una revolución sin precedentes en la historia natural.

La historia natural, es decir, el inventario, descripción y estudio de los minerales, vegetales y animales sufrió una inmensa renovación durante el renacimiento, una historia que hasta entonces se basaba en autoridades antiguas: en botánica los libros de Dioscórides y Teofrasto y en Zoología fundamentalmente Plinio y Aristóteles. Fuera de las especies descritas en estos libros no existía nada nuevo, pero, lo más importante, no podía admitirse nada nuevo.



Los herbarios del norte de Europa


La revolución en historia natural empezó en dos frentes simultáneos. En primer lugar, el desarrollo intelectual del norte de Europa vinculado a lo que hemos visto con la reforma hizo que el catálogo botánico se ampliara con especies de plantas que los autores clásicos no habían definido. Efectivamente los griegos describieron la flora Mediterránea, pero jamás vieron el Edelweiss de los Alpes. Estas pequeñas anomalías y ausencias eran extrañas y desconcertantes para los botánicos del norte pero asumibles en cierta medida.


El primero de los herbarios que se escribió en Europa en este período en el que, si bien se utilizaba como base la indiscutible autoridad científica de De materia medica de Dioscórides, se fueron añadiendo en forma progresiva descripciones de nuevas plantas de las regiones en las que los autores vivían, fue Herbarium vivae eicones de Otto Brunfels (1489-1535), publicado en Estrasburgo en 1530 con 135 ilustraciones del grabador del círculo de Durero. El segundo el importancia es De historia stipium(Sobre la descripción de las plantas) de Leonhart Fuchs publicada en 1542.





Los Herbarios del nuevo mundo


No obstante, todo se derrumbó cuando América se abrió sus secretos a los conqusitadores y expliradores. Decenas de miles de especies animales y vegetales, jamás imaginadas por Dioscórides o Aristóteles impresionaron a los naturalistas. No obstante, el peso de la autoridad era tan grande, tan fuerte, que tardaron bastante en asimilar que estaban ciertamente ante especies nuevas no conocidas por las autoridades antiguas. José de Acosta se resiste a tomar el maíz como algo no considerado por Plinio.



Se observa claramente una tensión constante en los naturalistas del siglo XVI que debieron nombrar y describir lo desconocido. Constantemente intentaban poner en un lenguaje familiar el extraño mundo natural. Descripciones detalladas haciendo uso de referentes domésticos y nombres clásicos contrastaban con la extrañeza y el exotismo de los animales y plantas dibujadas. Uno de los ejemplos más bellos es el de la piña.

Nunca antes vista o probada por un europeo, llegará por primera vez a Europa en palabras y dibujos. Gonzalo Fernández de Oviedo recurre a referentes familiares —como la forma de los frutos del pino, la apariencia de la alcachofa y el sabor del melocotón— para dar una idea de la misma, de hecho, este nombre quedó en el castellano para ver el intento de explicar lo nuevo por medio de lo antiguo.


La mitología antigua que se ve también en el nuevo mundo

Como ya hemos mencionado el referente más importante para los naturalistas del renacimiento y comienzos de la modernidad fue la Historia Natural de Plinio, pero a ella se unieron otras referencias clave como los textos Imago mundi, de Pedro de Ailly, Libro de las maravillas, de Marco Polo y Libro de las maravillas del mundo, de John Mandeville.


En dichos tratados antiguos encontramos descripciones no sólo de criaturas familiares para los europeos, sino de cíclopes, sirenas, amazonas y hombres con cabeza de perro, entre otras criaturas extrañas. Para la gran mayoría de sus contemporáneos, estos “seres fantásticos” eran tan reales como otros animales exóticos, tales como el rinoceronte o la jirafa, vemos como no sólo la piña sino también los seres mitológicos europeos deben ser hallados en América. Así, este tipo de referencias son comunes en uno de los diarios de Colón:

“El día pasado, cuando el almirante iba al río del oro dijo que vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, ya que de alguna manera tenían forma de hombre en la cara...”Cristóbal Colón, Diario9 de noviembre de 1493.



“Supo también que lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que se comían a los hombres y que en tomando a uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura.” Ib.



Esta descripción muestra hasta qué punto la tradición y las expectativas del observador determinan lo que éste puede “ver”. Colón encuentra un nuevo tipo de animal marino (probablemente un manatí) y, antes de considerar la posibilidad de estar enfrentándose a algo desconocido y extraño, “ve” una sirena, aunque no tan bella como había imaginado. Algunas de las obras más bellas de biología de la época se la debemos a Ulise Aldrovandi,en cuyos libros se mezclan sin fin animales mitológicos y reales.




Coleccionistas y gabinetes de maravillas


Los exóticos descubrimientos impulsaron el coleccionismo que, a su vez, fomentó las relaciones entre estudiosos que comenzaron a intercambiar especímenes y a establecer entre ellos una profusa correspondencia que fomentaría nuevas ideas.


El aumento de las colecciones obligó a hacer inventarios y los coleccionistas empezaron a publicar catálogos. La obra enciclopédica de Gessner basada en la observación de objetos catalogados, titulada Libro sobre los objetos fósiles, principalmente piedras y gemas, sus formas y apariencias es uno de los mejores ejemplos de investigación cooperativa. Es, además, el primer libro de fósiles que incluyó ilustraciones aunque, a pesar de las sospechas, ninguna de estas piedras fueron todavía vinculadas a animales.


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