Escopas y Lisipo: el ocaso de la escultura clásica griega

Estudio de los rasgos fundamentales de la técnica escultórica de Escopas y Lisipo, los últimos dos representantes de la escultura griega clásica



ESCOPAS


En los últimos años del siglo V. a.C. cambió rápidamente la situación de Atenas. La guerra del Peloponeso, la guerra contra Esparta, terminó con la derrota de los atenienses que tuvieron que aceptar las humillantes condiciones impuestas por sus vencedores.


De un periodo de optimismo, de seguridad, de áurea y satisfecha serenidad, se pasó abruptamente a la incertidumbre, el tormento espiritual y de drama íntimo. El arte reflejó estos sentimientos cambiados, siendo Escopas su principal representante en el ámbito de la escultura.

De este artista sólo nos han quedado unos pocos fragmentos corroídos de mármol que son, sin embargo, más que suficientes para entrever el carácter fundamental de su arte.



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Alejándose completamente de la mesurada compostura de las obras de todos los escultores precedentes, Escopas quiso plasmar en sus bustos de expresiones intensas, el tormento y la profunda pasión que forma aparte de la naturaleza humana.


En los primeros decenios del siglo IV a.C., el arte griego ya no exaltará más la grandeza de pueblo o de una ciudad, sino que comenzará a indagar en el interior del individuo, en su más íntima emocionalidad, para descubrir otros valores que serán la base de la sociedad helenística. Por esta fuerza sentimental, el estilo de Escopas es conocido como patético, adjetivo proveniente del término griego pathos que significa sentir emoción.


En sus estatuas destaca el movimiento, la expresión de la refriega, los músculos hinchados, bocas abiertas y ojos anhelantes y profundos. Cada figura de Escopas se vuelve hacia un lado y a otro, gira sobre sí misma, en contraste con la claras y limpias siluetas de sus predecesores, los brazos y las piernas se dirigen en todas direcciones y parecen todas ella inflamadas por la misma pasión que se ve en los rostros.





LISIPO

Lisipo, el más joven de todos los grandes escultores pertenecientes a este periodo afirmaba no reconocer como maestros y como fuentes de enseñanza más que al Doríforo de Policleto y a la propia naturaleza. En el reconocimiento de su deuda don el Doríforo va implícito su afán de sujetarse siempre a unos principios, a un canon, y por ello Lisipo es considerado como el último de los clásicos.


Este magnífico escultor inauguró, no obstante una nueva era que marcó el atardecer del mundo clásico dando lugar a las primeras formas del helenismo. Lisipo fue el primer gran retratista de la Antigüedad que no idealizó las figuras, sino que se centró en mostrar los verdaderos rostros de sus modelos de la forma más fiel posible. El más célebre de ellos fue, nada más y nada menos, que Alejandro Magno quien a lo largo de su vida sólo se dejó retratar por Lisipo.

Su actividad debió ser extraordinaria ya que se le atribuyeron al menos 1500 obras. Entre ellas, la más famosa es el Apoxiómeno que representa a un atleta que se está limpiando el cuerpo con el estrígilo un pequeño instrumento de metal usado para retirar el aceite y la arena del cuerpo después de competir.

Esta pieza representa los rasgos más importantes que distinguen la escultura de Lisipo y que destaca sobre todo por la búsqueda de una profundidad espacial que rompe el bloque conseguida mediante la proyección de los brazos hacia adelante y un acentuado realismo.


Las figuras de Lisipo son siempre altas y esbeltas, ya que sustituyó el canon de Policleto por uno nuevo, en el que la cabeza representa una octava parte de la altura del cuerpo. Con Lisipo, por tanto, la escultura se estiliza, pues alarga el canon de las esculturas.




No obstante, una magnífica excepción a su gusto por la esbeltez es el celebérrimo Hércules Farnesio. La interpretación que Lisipo del héroe que tuvo que luchar denodadamente para lograr su divinidd completa, refleja el aspecto mortal del semidiós y se transforó en el modelo canónico de su representación el resto de la antigüedad y fijó la imagen deHérculesen el imaginario europeo.

La estatua representa un hombre corpulento, exageradamente musculoso y fuerte, pero fatigado, que mira al suelo y descansa apoyándose en su legendaria maza. Sobre ella descansa la piel del León de Nemea y con la mano derecha, detrás de la espalda, sujeta una de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides que conceden, a quien se las tome, la vida eterna. Las manzanas en la historia de occidente han sido siempre muy poderosas…


Lisipo aplicó diferentes texturas a esta estarua que dan lugar a una superficie fina y pulida en el desnudo, mientras que el pelo y la barba, así como la melena del león presentan un trabajo a trépano que forman contrastes de luces y sombras.



Ares de Ludovisi

La máxima expresión de la búsqueda de Lisipo la multiplicidad de perspectivas y de la cercanía del helenismo en la escultura es el, sin embargo, el Ares de Ludovisi.

El poderoso dios de la guerra griego es representado es un joven imberbe desnudo sentado en un tronoy asiendo una espada por la vaina, mientras un pequeño Eros, que algunos relatos mitológicos señalan como su hijo fruto de su aventura con Afrodita juega con su pierna derecha. Winkelmann consideró esta piez como la representación más bella de Ares, el dios de la guerra que se había conservado de la antigüedad.

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