Los bronces de Riace

Actualizado: 6 may 2019

Análisis detallado de las dos estatuas de bronce pertenecientes al estilo severo griego encontradas en Riace en los años 70 que constituyen uno de los ejemplos más excepcionales de la escultura griega


Los Bronces de Riace, conocidos también como los Guerreros de Riace, son una pareja de estatuas de bronce de extrema importancia ya que representan uno de los pocos ejemplos que se han conservado hasta nuestros días de la escultura griega en este material junto al Dios del cabo Artemis y el Auriga de Delfos.


Las razones son obvias, el bronce sufre una mayor degradación que el mármol con el paso del tiempo y es, además, susceptible de ser fundido para darle una nueva forma. Su alto precio hizo que la mayor parte de las estatuas de la Antigüedad acabaran siendo material de construcción perdiéndose para siempre su belleza.


No obstante en agosto de 1972 tuvimos suerte y un joven submarinista italiano que estaba buceando a unos 8 metros de profundidad en las cosas de Riace, en la región de Calabria casi muere de un infarto al ver emergiendo del fondo marino un brazo humano.


 

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Asustado y convencido de que se trataba de un cadáver avisó a sus dos compañeros de buceo que al acercarse más se dieron cuenta de que en verdad se trataba de una estatua.


Una vez que regresaron al puerto dieron aviso a las autoridades italianas que finalmente, con ayuda del cuerpo de especialistas de los carabineros de Mesina, sacaron dos estatuas del fondo del Mediterráneo mediante un complejo sistema de balones de aire.




El 20 de agosto del '72 el mar de Poseidón devolvió a la luz después de más de 2500 años el bronce B y al día siguiente abandonó las aguas saladas el llamado bronce A.

Aquí podemos ver algunas fotografías del proceso de recuperación que fue seguido con expectación por todo el planeta.


Aquí puede observarse cómo las estatuas apenas sobresalían del fondo marino, como fueron transportadas a la costa con los barcos de exploración y aquí una instantánea muy típica de la época con sus dos descubridores.

Lo más extraño del asunto es que junto a las estatuas, los buceadores no encontraron ningún otro resto o indicio de que hubiesen estado almacenadas en un barco hundido. Solamente los dos bellísimos bronces habían permanecido en la oscuridad del fondo marino, sin ningún indicio capaz de contextualizar cómo llegaron hasta ahí.


Un año más tarde varias misiones de exploración encontraron en el lugar unas cuantas argollas metálicas típicamente griegas que eran usadas para tensar las velas de la embarcación pero poco más.