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Centro de Estudios Filosóficos

ALÉTHEIA

Clase 8: Atracción y repulsión:

dos fuerzas para explicarlo todo

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En este punto de nuestro curso llegamos al segundo momento cumbre aportado por la física de Empédocles.

Hasta ahora le hemos visto introducir en el pensamiento occidental la idea de elemento con las cualidades básicas que este va a conservar durante siglos en la física occidental.

Sin embargo, su física necesitaba algo más para explicar la naturaleza ya que los cuatro elementos de Empédocles eran inertes. Es decir, por sí mismos, los elementos de Empédocles no son capaces de hacer nada ni de interactuar unos con otros. Las propiedades intrínsecas de las que nuestro filósofo las había dotado no bastaban para explicar por

qué los átomos en unen entre ellos, por qué se separan o por qué forman estructuras moleculares.

Empédocles se dio rápidamente cuenta de que no basta simplemente con la materia inerte para explicar la naturaleza vibrante que hay a nuestro alrededor. Para explicar el cambio es necesario introducir algo más dentro del nuevo juego de la física.

Y aquí hicieron aparición, por primera vez en la historia:

las fuerzas.

Empédocles  introdujo en su teoría nada más y nada menos que un inédito conjunto de fuerzas dinámicas de atracción y repulsión, gracias a las cuales era posible explicar por qué los elementos inertes interactúan unos con otros, por qué se ligan y por qué se separan.

Estas fuerzas eran el amor y el odio.

Sin volver realmente al misticismo Empédocles siempre fue un poeta o un enamorado de la poesía y le resultaba absolutamente inevitable usar términos metafóricos para referirse, sin embargo, a algo

mucho más importante de lo que podría parecer a primera vista.

El amor de Empédocles es una fuerza de atracción que hace que los elementos inertes, físicos se peguen, que se unan entre sí y que formen las estructuras complejas que podemos ver a nuestro alrededor.

El odio, en cambio es una fuerza de repulsión que hace que los elementos se separen, se alejen unos de otros, rompiendo como consecuencia los cuerpos y los objetos que conforman.

Por tanto, toda la materia inerte que compone el cosmos está animada,  movilizadapor dos fuerzas antagónicas, siempre activas, que jamás descansan y que en su incansable acción ordenan

todo lo existente.

Dedicaremos la totalidad de esta sesión al estudio detallado de sus características y al papel que tendrá esta idea en el futuro de la ciencia occidental.