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Centro de Estudios Filosóficos

ALÉTHEIA

Clase 26: Cosmología pitagórica:

un fuego en el centro del universo

El último punto que nos queda por conocer del pensamiento pitagórico fue su interesantísima y muy original cosmología, es decir, el modelo astronómico que nuestros filósofos propusieron para explicar los movimientos de los astros por la bóveda celeste.

El primer elemento de su teoría cosmológica se refiere a la forma misma del universo que, según los pitagóricos se vendría a dividir en tres grandes regiones con diversos grados de perfección.

La zona menos noble era la tierra -donde nosotros vivimos- y su atmósfera hasta llegar a la luna. Esta era la región que los griegos llamaban habitualmente "región sublunar". Por encima de ella estaban los cielos y los astros móviles limitados por la esfera de las estrellas fijas y, finalmente, por encima de la esfera de las estrellas fijas se hallaba el Olimpo o la morada de los dioses situada en la zona superior de los cielos.

Esta visión implicaba una modificación radical de los principios de la mentalidad griega tradicional que consideraba que los dioses vivían, literalmente, en las cumbres del monte Olimpo.

Sin embargo, Pitágoras con su propuesta amplió el tamaño del universo y desplazó a los dioses al lugar más alejado posible del mundo humano.  

Los pitagóricos defendieron, en segundo lugar, la existencia de ocho cuerpos celestes: la Tierra, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno y el sol.

Estos cuerpos giran en órbitas circulares concéntricas en torno a un fuego conocido como "el trono de Zeus" situado en el centro del universo.

En esta teoría hallamos, por tanto, una negación del clásico geocentrismo griego arcaico ya que la Tierra no ocupa la posición central de este modelo planetario pitagórico, pero también una negación del heliocentrismo que vendría poco después  y que sería propuesto por Aristarco de Samos.

 

En el modelo pitagórico el sol no ocupa el centro del cosmos sino este fuego este fuego extrañaste el trono de Zeus alrededor del cual todos los planetas giran en órbitas circulares.

El tercer elemento original de su teoría cosmológica es la postulación de la llamada anti-tierra. Un décimo cuerpo celeste, opuesto a nuestro planeta, que orbitaría en una posición que nos impide su observación pero que resulta imprescindible para la armonía del sistema. 

Dedicaremos pausada atención a estos y otros interesantes detalles de la cosmología pitagórica a lo largo de esta sesión, acompañados por la lectura de los fragmentos originales. 

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